El regreso de Yerko o sobre la “teledenigración” consentida.
Después cinco años de ausencia de la televisión, en una nueva edición del programa Vértigo, el actor Daniel Alcaíno volvió a personificar a “Yerko Puchento”, el amanerado comentarista de afilada lengua que se encarga de “descuerar” a los invitados al programa. Éstos, con forzada paciencia, deben no sólo tolerar sino aplaudir y celebrar los humorísticos…

Hernán Corral
Abogado, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Después cinco años de ausencia de la televisión, en una nueva edición del programa Vértigo, el actor Daniel Alcaíno volvió a personificar a “Yerko Puchento”, el amanerado comentarista de afilada lengua que se encarga de “descuerar” a los invitados al programa. Éstos, con forzada paciencia, deben no sólo tolerar sino aplaudir y celebrar los humorísticos improperios que les son proferidos, ante la actitud falsamente escandalizada de los conductores y una audiencia televisiva cautivada por lo morboso de la situación.
En esta reaparición Yerko hizo de las suyas e insultó burda y groseramente a los que estaban allí como principales víctimas para divertir al público. Una de ellas fue calificada de tonta e ignorante; otra de licenciosa y promiscua; un tercero fue tachado de vago, perezoso y aprovechador de su familia.
Todo esto, por cierto, con la excusa de que se trataría de bromas y exabruptos de un personaje de ficción. Pero eso no es más que el conveniente disfraz con el que se oculta lo que realmente ocurre: la denigración de la dignidad de personas que, previo pago, aceptan ser sacrificadas en el oprobioso espectáculo.
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