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Cartas al Director

A 1700 años de un hito fundacional

A 1700 años del Concilio de Nicea, es necesario recordar su legado intelectual y cultural, especialmente la noción de persona, que cimenta buena parte del pensamiento jurídico y ético occidental. Comprender su valor es esencial para sostener la dignidad humana y los derechos fundamentales en el presente y el futuro.

Por Redacción·08 de agosto de 2025·2 min de lectura
Imagen: omnesmag.com
Imagen referencial

En el año 325, en la ciudad de Nicea, actual Turquía, tuvo lugar un encuentro que reunió durante un mes a las mentes más cultas y brillantes de la época, y del cual surgieron reflexiones, vocablos y conceptos cuyo influjo tuvo un carácter fundacional para nuestra cultura y que se prolonga hasta el día de hoy.

En efecto, el Concilio de Nicea fue un espacio único, en el que se dio sede a un pensamiento de gran hondura, finura y estatura, que permitió la forja, por ejemplo, de la noción de persona. Ya sólo con ello se ha granjeado un sitial en la historia del pensamiento. Bien vale tener presente que ni las palabras ni las ideas tienen un camino único y prefijado. Los antropólogos y lingüistas ya han brindado suficientes luces a ese respecto. Y, asimismo, es importante valorar lo que ha significado para Occidente, en general, y para la disciplina jurídica, en particular, contar con este específico acervo. ¿Cómo entender dignidad, libertad, igualdad, sin la categoría conceptual de persona? ¿Cómo fundar los derechos fundamentales sin ella?

A la base del constitucionalismo contemporáneo, del derecho internacional de los derechos humanos, del derecho civil y penal actual, del bioderecho, y dondequiera se mira en el quehacer de los juristas, está la persona. Es esta una de las aportaciones principales del mundo occidental a la humanidad en su conjunto. Hay que saber apreciarla, para custodiarla debidamente. A ratos, con ligereza, en razón de los excesos de un burdo antropocentrismo, se controvierte la matriz. Sería como si un jardinero, en vez de podar los sarmientos que sobran, cortase siempre la raíz.

La persona es lo más valioso del cosmos. Tenemos un vocablo, tenemos un concepto, que expresan una realidad insondable, paradójicamente inefable. Hace 1700 años nos fue donado por los genios de Nicea este tesoro. Pulirlo y custodiarlo, posiblemente sea una de las tareas relevantes del presente.

Ian Henríquez Herrera

Instituto de Investigación en Derecho

Universidad Autónoma de Chile

Comunidad Olga Wojtyla

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