Cartas al Director
Veinte años del AUGE-GES: la memoria de un acuerdo por la salud de Chile
A veinte años del inicio del Plan AUGE-GES, su historia ofrece una valiosa lección sobre liderazgo político, acuerdos transversales y políticas públicas sostenibles. Más allá de garantizar derechos en salud, esta reforma demostró que es posible unir voluntades diversas para transformar estructuras con impacto duradero y apoyo ciudadano.

Conmemorar los veinte años del inicio de la implementación del Régimen de Garantías Explícitas en Salud (GES, más conocido como Plan AUGE), es mucho más que un ejercicio de memoria. Es reconocer en esa reforma lecciones que siguen vigentes.
El Presidente Ricardo Lagos ejerció un liderazgo decidido, capaz de superar resistencias políticas y gremiales que habían paralizado durante años la reforma sanitaria. Los ministros de Salud de la época dieron un sentido de propósito casi épico a los equipos técnico-políticos del ministerio, lo que resultó esencial para sortear un período turbulento de cambios, donde la solidez técnica, la perseverancia y la resiliencia fueron determinantes. Quienes lideraron el proceso compartieron la convicción de que el diálogo y la negociación eran más que tácticas, eran: la esencia de una política pública sostenible.
Esa conducción política permitió que, en menos de un año, la Cámara de Diputados aprobara los proyectos casi por unanimidad, pese al escepticismo de sectores oficialistas. En el Senado, se tendieron puentes con la centroderecha, alcanzando un amplio consenso que posibilitó la promulgación de la reforma en 2004 y su implementación en julio de 2005.
La consistencia de las propuestas y su capacidad de mantenerse más allá de gobiernos y orientaciones políticas permitieron que el AUGE-GES instalara la salud como un derecho exigible, mejorando la oportunidad de atención, la equidad y la protección financiera en condiciones prioritarias. Aunque al inicio hubo dificultades para comunicar plenamente el alcance de la reforma, el respaldo ciudadano fue constante: por primera vez, ciertos problemas de salud tendrían plazos garantizados y costos acotados, sin importar lugar de residencia o nivel de ingresos.
No menos relevante fue la dimensión humana del proceso. La reforma se sostuvo en redes de afecto, lealtad y compromiso mutuo, que incluyeron a legisladores de diversas orientaciones políticas. Todos supieron superar legítimas diferencias para concentrarse en lo esencial: garantizar el derecho a la salud.
En un contexto actual de polarización y desconfianza hacia las instituciones, la experiencia del AUGE-GES recuerda que las grandes reformas requieren liderazgo, soporte técnico sólido, escucha activa y voluntad de construir acuerdos amplios. Veinte años después, su legado es la certeza de que Chile puede, cuando quiere, unir voluntades distintas en torno a un propósito común y construir políticas públicas que perduren y cuenten con el afecto de su gente.
Osvaldo Artaza
Decano Facultad de Salud y Ciencias Sociales
Universidad de Las Américas
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