Opinión.
Hacia un lenguaje claro en la Justicia, por Vicente Magro
El uso de un lenguaje claro, accesible y comprensible no solo es una exigencia básica en la escritura de cualquier texto —sea literario, científico, o jurídico—, sino una responsabilidad con el lector. En especial, en la Administración de Justicia, donde las resoluciones deben ser entendibles para los ciudadanos sin necesidad de intermediarios, el lenguaje claro no es una opción: es una herramienta de acercamiento, transparencia y eficacia.

Una de las exigencias más importantes que se requiere, hoy en día y siempre, cuando se escribe un libro, una novela, un discurso, un artículo científico o de opinión, o, en definitiva, cuando se transmiten ideas o pensamientos por una persona al público que le va a leer es que se emplee un lenguaje claro, sencillo y perfectamente entendible que no requiera del lector tener que estar acudiendo al diccionario para poder entender lo que quiere decir el escritor.
Y esto ocurre, o debe hacerse en la Administración de Justicia donde debe existir en las resoluciones judiciales un lenguaje claro, entendible, con una respuesta clara al caso suscitado y con fijación de unos criterios claros, uniformes y que sirvan para conocer la doctrina que se aplica a este caso y a otros similares que vayan a ocurrir.
Por regla general hay que tener en cuenta que cuando alguien escribe un pensamiento, técnico o no, siempre debe ser divulgativo para su expansión al mayor número de personas, porque el escritor no escribe para sí mismo, sino “para los demás”.
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