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Diario Constitucional

Cine y demandas colectivas

Seis películas que muestran el poder de las demandas colectivas

Las demandas colectivas han sido retratadas por el cine como una herramienta capaz de dar voz a los ciudadanos y equilibrar la posición de quienes deben enfrentarse a grandes corporaciones cuyo poder económico y capacidad de influencia pueden dificultar el acceso a la justicia. Producciones como…

Por Redacción·17 de agosto de 2026·7 min de lectura
Seis películas que muestran el poder de las demandas colectivas
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Las demandas colectivas han sido retratadas por el cine como una herramienta capaz de dar voz a los ciudadanos y equilibrar la posición de quienes deben enfrentarse a grandes corporaciones cuyo poder económico y capacidad de influencia pueden dificultar el acceso a la justicia. Producciones como The Rainmaker, Class Action, Dark Waters, Erin Brockovich, A Civil Action y North Country muestran cómo este tipo de acciones judiciales puede contribuir no solo a obtener una reparación para los afectados, sino también a cuestionar prácticas empresariales abusivas y promover cambios de alcance social.

Estas películas ponen asimismo el foco en el papel de los abogados que asumen litigios complejos frente a compañías dotadas de importantes recursos económicos y jurídicos. En ellas, los profesionales aparecen no solo como defensores de sus clientes, sino también como actores capaces de impulsar transformaciones en sistemas que, cuando no son cuestionados, pueden perpetuar situaciones de desigualdad.

En este contexto, las demandas colectivas son presentadas como un mecanismo de transformación social que permite desafiar determinadas prácticas corporativas y obligar a discutir sus efectos sobre los derechos de las personas. Su importancia radica precisamente en permitir que ciudadanos que individualmente se encuentran en una posición desventajosa puedan enfrentar de manera conjunta a empresas con una capacidad económica y de influencia significativamente mayor.

Una de las películas que aborda esta realidad es The Rainmaker, basada en la novela de John Grisham y dirigida por Francis Ford Coppola. La historia sigue a un joven abogado, interpretado por Matt Damon, que debe enfrentarse a una poderosa compañía aseguradora que se niega a financiar el tratamiento médico de un niño enfermo de leucemia.

La producción retrata la desigualdad existente entre los ciudadanos y las grandes compañías de seguros, especialmente cuando estas cuentan con suficientes recursos para prolongar los procesos mediante tácticas dilatorias. Entre ellas se muestran una gran cantidad de documentos legales, solicitudes continuas de nuevas pruebas y sucesivos aplazamientos judiciales, estrategias capaces de desorientar, desgastar y agotar económicamente a quienes litigan en su contra.

El compromiso personal y profesional de los abogados constituye también uno de los elementos centrales de A Civil Action, Dark Waters y Erin Brockovich. En estas historias, quienes representan a los afectados deben invertir tiempo y dinero, asumir importantes riesgos económicos e incluso comprometer su propia estabilidad personal para sostener procesos judiciales contra empresas mucho más poderosas.

En A Civil Action, el abogado Jan Schlichtmann, interpretado por John Travolta, debe buscar distintas alternativas para continuar el litigio después de verse obligado a negociar con las compañías demandadas. Presionado por sus socios y enfrentado a una grave situación financiera, termina aceptando una propuesta de acuerdo formulada por uno de los propietarios de las empresas involucradas.

La suma obtenida apenas permite cubrir parte de los gastos generados por el litigio y no evita la bancarrota de su pequeño estudio jurídico. Sin embargo, la historia continúa bajo la lógica de la lucha de David contra Goliat: cuando el protagonista ya tiene poco que ganar personalmente, consigue que la autoridad ambiental se interese por los antecedentes del caso y aplique sanciones más severas y acordes con la gravedad de los hechos que las contempladas inicialmente.

El litigio que inspira la película fue conocido como Anne Anderson, et al. v. Cryovac, Inc. et al. y es presentado como un ejemplo de cómo estas acciones pueden proyectarse más allá de la compensación económica obtenida por los demandantes.

Ese mismo fenómeno aparece en Dark Waters (Aguas Oscuras), película inspirada en el caso relacionado con DuPont y la contaminación de aguas en Virginia Occidental. La historia muestra cómo la presión ejercida por un grupo de personas afectadas permitió sacar a la luz prácticas que se habían mantenido ocultas y obligó a revisar la actuación de la compañía.

El protagonista es el abogado Rob Bilott, interpretado por Mark Ruffalo, quien después de ser promovido a socio de un prestigioso estudio jurídico dedicado a representar a grandes empresas químicas decide modificar radicalmente el rumbo de su carrera y enfrentarse a los mismos intereses corporativos que anteriormente había defendido.

El proceso comenzó en 1998 y se prolongó durante numerosos años. Los juicios no comenzaron sino hasta 2015 y, tras sucesivas derrotas judiciales, DuPont finalmente alcanzó un acuerdo por 670,7 millones de dólares.

Según se expone en torno al caso, el trabajo desarrollado por Bilott contribuyó posteriormente a la aparición de movimientos en distintos países destinados a prohibir los PFOA y a investigar alrededor de 600 productos químicos denominados “eternos”, muchos de los cuales continúan sin regulación. También se sostiene que actualmente existirían rastros de PFOA en la sangre de prácticamente todos los seres vivos del planeta, incluyendo al 99% de los seres humanos.

La magnitud de los recursos necesarios para enfrentar este tipo de controversias constituye igualmente uno de los ejes de Erin Brockovich. La película muestra cómo una persona sin formación jurídica formal, interpretada por Julia Roberts, debe convencer a toda una comunidad de organizarse para demandar a la empresa PG&E por la contaminación del suministro local de agua.

El esfuerzo no requiere solamente conocimientos jurídicos, sino también capacidad para generar confianza entre los afectados y un fuerte compromiso humano y ético con quienes soportan las consecuencias de la contaminación.

La actuación de Erin Brockovich logró reunir a 650 personas afectadas en una demanda contra PG&E. El caso fue resuelto en 1996 mediante una indemnización de 333 millones de dólares, presentada como la más alta pagada hasta entonces en Estados Unidos. Posteriormente, en 2006, la compañía debió pagar otros 295 millones de dólares a nuevas víctimas y, en 2008, otros 20 millones de dólares que se estimaban como los últimos pagos asociados al caso.

La experiencia es presentada como un ejemplo de la relevancia de las acciones colectivas para combatir prácticas empresariales que pueden afectar de manera simultánea a grandes grupos de personas y que, de no existir herramientas procesales capaces de agrupar sus reclamaciones, podrían mantenerse sin una respuesta suficientemente eficaz.

Otra dimensión de este tipo de litigios aparece en North Country (Tierra hostil), protagonizada por Charlize Theron. En la película, su personaje, Josey Aimes, intenta convencer a otras trabajadoras de una mina para que se unan y presenten una demanda colectiva por discriminación y acoso sexual en un entorno laboral particularmente hostil.

Inspirada en hechos reales, la producción relata la historia de una mujer que, junto con sus compañeras, promovió una acción judicial contra una empresa minera de Minnesota. El caso es presentado como una de las primeras demandas colectivas por acoso sexual en Estados Unidos y permite mostrar las dificultades existentes para romper la denominada conspiración del silencio en ambientes laborales donde determinadas prácticas se encuentran normalizadas.

La historia destaca que enfrentar ese tipo de situaciones requiere un alto grado de coraje individual y colectivo, pero también que la oposición a conductas abiertamente injustas puede provocar modificaciones estructurales en las políticas de una industria y fortalecer la protección de los derechos de los trabajadores.

Las demandas colectivas también pueden producir efectos en la regulación y seguridad de determinados productos. Esa dimensión es abordada en Class Action, protagonizada por Gene Hackman y Mary Elizabeth Mastrantonio.

La película relata la historia de un experimentado abogado dedicado a la defensa de los derechos civiles que encabeza una demanda colectiva contra una compañía automotriz acusada de fabricar vehículos con defectos de seguridad. La controversia adquiere además una dimensión familiar y profesional cuando la hija del abogado es designada para representar judicialmente a la empresa demandada.

El conflicto permite mostrar cómo las acciones colectivas pueden obligar a las compañías a responder por los daños provocados y a revisar los estándares de seguridad de sus productos, generando además un eventual efecto preventivo o disuasorio frente a futuras prácticas similares.

Las seis películas reflejan así que los efectos de las demandas colectivas pueden exceder ampliamente a las partes directamente involucradas. Además de perseguir compensaciones económicas, estos litigios pueden influir en políticas empresariales, estándares de seguridad, regulaciones ambientales y condiciones laborales, generando consecuencias sociales e incluso políticas.

The Rainmaker, Class Action, Dark Waters, Erin Brockovich, A Civil Action y North Country comparten, en definitiva, una misma estructura narrativa: personas comunes que deben enfrentarse a organizaciones considerablemente más poderosas y que encuentran en el litigio colectivo una posibilidad de equilibrar esa relación.

La tradicional imagen de David frente a Goliat sirve así para representar procesos en los que ciudadanos, trabajadores o comunidades buscan obtener justicia frente a corporaciones con enormes recursos. A través de distintas historias y ámbitos —seguros de salud, contaminación ambiental, seguridad de productos, discriminación y acoso laboral—, estas producciones muestran el valor de las demandas colectivas como instrumento jurídico para enfrentar prácticas abusivas, exigir responsabilidad y promover cambios que pueden extenderse mucho más allá de la indemnización obtenida en un caso concreto.

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