MECANISMOS INTERNACIONALES DE PAZ
¿En busca de la paz mundial?
A partir de las experiencias de la Primera y Segunda Guerra Mundial y de la posterior creación de las Naciones Unidas, el autor reflexiona sobre la eficacia de los mecanismos internacionales destinados a preservar la paz. Sostiene que la persistencia de conflictos armados durante las últimas décadas evidencia las limitaciones de la actual institucionalidad y plantea la necesidad de revisar su funcionamiento para evitar que las decisiones de unos pocos líderes puedan comprometer nuevamente la seguridad mundial.

A raíz de la tragedia universal que ocasionó la Primera Guerra Mundial, con la pérdida de más de 10 millones de vida de militares y una cifra similar de civiles, con un lastre de 21 millones de heridos -lo que Kershaw en “Descenso a los Infiernos” ha denominado la Era de la autodestrucción de Europa- los mismo líderes partícipes del flagelo anterior suscribieron diversos tratados, como el de Versalles (1919), que impuso a Alemania una serie de sanciones como culpable de la guerra; documento que dio origen a la creación de la Sociedad de las Naciones o Liga de la Naciones (1919) que pretendía resolver los conflictos por medio de negociaciones, promover el desarme, fomentar la cooperación internacional y proteger la seguridad colectiva de las naciones miembro. Años más tarde, 1928, el Pacto Brian – Kellog, suscrito inicialmente por 15 países fue una señal de esperanza a la anhelada paz mundial, por cuanto las naciones renunciaban a la guerra como instrumento de política internacional y todas las controversias debían solucionarse por medios pacíficos.
Sin embargo, a poco andar los buenos propósitos quedaron en el papel. Alemania logró sortear con éxito las sanciones, de hecho, las económicas fueron condonadas, se rearmó con una velocidad extraordinaria, no respetó el Tratado de Locarno e invadió Polonia en 1939; por su parte Japón Invadió Manchuria (1931) e inicio una guerra con China (1939) e Italia invadió Abisinia (Etiopia) en 1935. Todo lo anterior mientras el mundo daba señales de estar saliendo de la Depresión iniciada en 1929 por el desplome de la Bolsa de Comercio de Nueva York que se extendió por toda Europa y toda la tierra -incluso Chile- remodelando la política y la sociedad europea, que vivió una paz turbulenta producto de los “ajustes” de las soberanías provocadas por la Gran Guerra.
El punto de inflexión fue la toma del poder de Hitler en Alemania (1933) afectada no solo por una crisis económica sino de estado, dando lugar a poco tiempo a la dictadura nazi acompañada de una revitalización de la economía volcada fundamentalmente a la reconstrucción de su poderío militar violando todas las normas de Versalles. Contando con la pasividad de Gran Bretaña y Francia remilitarizó Renania; anexó Austria, mutiló Checoslovaquia; suscribió un pacto de no agresión con Rusia que luego no respetó, declaró la guerra a Gran Bretaña y Francia e invadió Polonia, desencadenando así la II Guerra Mundial con el resultado que todos conocemos, en 1945: La caída de Berlín, suicidio de Hitler, rendición de Alemania y de Japón, su aliado, que sufrió el ataque de EE.UU. con bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. El costo de esta locura durante los seis años de guerra significó -según algunas estimaciones- la pérdida de 85 millones de vidas entre civiles y militares.
En junio de 1945, un mes después de la rendición de Alemania, las naciones del mundo suscribieron la Carta de las Naciones Unidas, cuyos propósitos son: “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, suprimir toda agresión u otros quebrantamientos de la paz, y lograr, por medios pacíficos y de conformidad con los principios de justicia y el Derecho Internacional, el ajuste o arreglo de controversias o actuaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de paz.”
Las anteriores son frases solo para el bronce, porque esta organización ha demostrado en estos largos años, ser absolutamente incapaz de cumplir con sus propósitos. Decenas de conflictos han sacudido la paz mundial con cientos de miles de pérdidas de vidas humanas, además de los profundos daños económicos y sociales para las naciones involucradas. Las guerras árabe-israelí, Corea, Vietnam, soviética-afgana, Irán-Irak, del Golfo, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Rusia-Ucrania, Israel en Gaza, y las actuales operaciones entre EE.UU. e Irán, entre otros conflictos han demostrado la nula posibilidad de cumplir los objetivos de esta organización y velar por la paz mundial. El actual Secretario General deja su cargo a fines del presente año y su reemplazo será designado de acuerdo al artículo 97 por la Asamblea General por recomendación del Consejo de Seguridad.
Han pasado 81 años desde que se creó esta organización. ¿No será hora de ir pensando en hacer los ajustes necesarios y no dejar en manos de unos pocos “iluminados o enajenados” líderes que nos arrastren a una eventual tercera guerra poniendo en peligro a toda la humanidad?
Fernando Hormazábal Díaz
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