La fuerza de la música va más allá de las melodías, por Laura Hernández Bethermyt.
Si bien los artistas dan un sentido a la música, no es solo en esa área donde explotan los distintos intereses. Las marcas comerciales juegan un gran papel en el desarrollo de los negocios asociados a los artistas, ya que estos productos y servicios están vinculados de forma directa a su fama y reconocimiento.

La música es el arte de combinar sonidos y silencios para crear belleza, armonía y expresar emociones. ¿Qué hacemos con todo esto tan etéreo para capitalizarlo? Justamente ahí es donde la propiedad intelectual (PI) cobra vida y hace presencia de una manera extraordinaria para los distintos actores que intervienen en el entorno musical.
Si bien los artistas dan un sentido a la música, no es solo en esa área donde explotan los distintos intereses. Las marcas comerciales juegan un gran papel en el desarrollo de los negocios asociados a los artistas, ya que estos productos y servicios están vinculados de forma directa a su fama y reconocimiento.
Prince es de esas grandes estrellas que dio todo y más con su arte, tan grande que llegó a tener un nombre difícil de pronunciar que se ve reflejado, marcariamente hablando, con el registro de una etiqueta que, según su descripción, es la mezcla de los símbolos de los géneros masculino y femenino. Adicional a la marca comercial, una peculiar asociación con el color púrpura característico, que llevó al sistema Pantone a otorgar un tono exclusivo en su honor, llamado Love Symbol #2 – Pantone PQ-7448C. Si bien los colores no se registran fácilmente como marcas comerciales según la legislación aplicable en cada caso, la fuerza visual y simbólica de su identidad permitió consolidar su imagen de forma única.
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