Entrevistas
Elección de Decano
María Inés Horvitz: «La Facultad debe recuperar su liderazgo frente a la corrupción y la crisis del sistema de justicia”
La candidata al Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile propone modernizar la enseñanza jurídica, fortalecer la formación ética y enfrentar los desafíos que plantean la inteligencia artificial, la pérdida de confianza ciudadana y los hechos de corrupción que afectan a las instituciones del sistema de justicia.

Por Bárbara Araya
María Inés Horvitz, profesora de Derecho Penal y Procesal Penal de la Universidad de Chile y exconsejera del Consejo de Defensa del Estado, postula a ser Decano de la Facultad de Derecho con una propuesta centrada en recuperar el liderazgo público de la institución, fortalecer la formación ética de los futuros abogados y adaptar la enseñanza jurídica a los profundos cambios tecnológicos y sociales que enfrenta el país.
En esta entrevista, la académica aborda la crisis de confianza que afecta al sistema de justicia, cuestiona la escasa participación de la Facultad en el debate sobre corrupción y probidad, y plantea la necesidad de impulsar reformas al sistema de nombramientos judiciales, al gobierno de la Corte Suprema y al control ético de la profesión jurídica.
También advierte que la actual formación universitaria no está respondiendo adecuadamente a desafíos como la inteligencia artificial, la automatización del trabajo y las nuevas formas de litigación. Por ello, propone revisar las metodologías docentes, fortalecer la interdisciplinariedad, incorporar cursos de ética profesional y tecnológica, y promover una comunidad universitaria basada en el pluralismo, el diálogo y la participación.
1. Profesora, después de más de tres décadas como académica y una destacada trayectoria en el servicio público, ¿qué la motivó a dar el paso y postular al Decanato de la Facultad de Derecho?
Mi motivación principal fue la impotencia ante la crisis generalizada y el desprestigio de la profesión jurídica por los graves hechos de corrupción de jueces y abogados ampliamente conocidos, que han generado una profunda desconfianza de la ciudadanía en nuestro sistema de justicia. La Facultad, como institución, ha estado por completo ausente e, incluso indiferente, en la necesaria deliberación acerca de este fenómeno que afecta insidiosamente los cimientos de las instituciones democráticas. He dedicado buena parte de mi vida a combatir la corrupción dentro del Estado y me parece indispensable que nuestra Facultad, en ejercicio de su rol público, tenga un importante liderazgo en esta materia.
2. En distintos espacios usted ha señalado que la Facultad debe recuperar un rol de liderazgo en el debate jurídico nacional. ¿Cómo imagina ese liderazgo y qué medidas concretas impulsaría para alcanzarlo?
Hay muchas formas de ejercerlo, desde generar y promover un debate público permanente sobre el significado de esta lacra cuando se enquista en instituciones públicas cruciales en cualquier democracia como el poder judicial, el ministerio público, las policías, entre otras, y cuando los propios abogados actúan como agentes criminógenos para ganar ilegítimamente los pleitos ante tribunales hasta impulsar reformas legales urgentes participando activamente en las instancias correspondientes. Las reformas al sistema de nombramientos judiciales, la separación de las funciones de gobierno de las jurisdiccionales en la Corte Suprema, el sometimiento de los abogados y las abogadas a un riguroso control ético universal son algunas de ellas. El Colegio de Abogados ha sido un actor pasivo de esta enfermedad y es hora de hacer efectiva su responsabilidad en este estado de cosas.
3. El Derecho atraviesa una etapa de profundas transformaciones: inteligencia artificial, nuevas formas de litigación, desafíos regulatorios y una creciente demanda por respuestas interdisciplinarias. ¿Está formando hoy la Facultad a los abogados que necesitará Chile en los próximos veinte años?
Mi respuesta categórica es negativa, vamos atrasados en adaptarnos a las enormes transformaciones culturales y tecnológicas que experimenta la sociedad de hoy. Los jóvenes que ingresan hoy a la Universidad están acostumbrados a un tipo de conocimiento superficial debido a la forma en que utilizan las redes sociales, que privilegia el impacto en el usuario por sobre la profundidad de lo que comunica. A ello se suma que emplean la inteligencia artificial para obtener resúmenes de libros y artículos, pues ya no leen nada que tenga muchas páginas o sea complejo. Las metodologías de enseñanza basadas en clases magistrales y mnemotecnia de normas están obsoletas y el desafío docente es incorporar activamente estrategias de resolución de casos, role playing en audiencias orales, la lectura a través de controles que privilegien la comprensión del contenido por sobre la repetición de partes de los textos y todos aquellos métodos que estimulen el pensamiento creativo y crítico en los estudiantes. La interdisciplinariedad es fundamental hoy en día; de allí que mi candidatura promueva fortalecer vínculos con otras facultades y entre profesores de distintos departamentos para la impartición de cursos de educación continua, de modo que no se pierda el horizonte humanista del aprendizaje.
4. ¿Cuáles considera que son las principales fortalezas de la Facultad y cuáles son aquellas áreas donde estima que existe una necesidad urgente de cambio?
Las principales fortalezas de la Facultad han sido y siguen la diversidad de cosmovisiones, el pluralismo y la vocación pública de sus estudiantes y profesores. Es una facultad de excelencia académica y docente, pero los peligros que acechan a la sociedad contemporánea plantean enormes desafíos. El debilitamiento de la juridicidad y de la moral a nivel global, base de la convivencia pacífica de cualquier comunidad humana, junto con el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial que amenaza la empleabilidad humana y la automatización del trabajo son retos que la facultad debe enfrentar de manera urgente. Es indispensable introducir cursos de ética no solo en el nivel del comportamiento profesional sino también en el empleo de la inteligencia artificial. Asimismo, debe evaluarse el impacto de estos fenómenos en la empleabilidad de nuestros futuros abogados/as a fin de desarrollar políticas de corto y mediano plazo para revisar la malla curricular y las destrezas requeridas en este nuevo escenario no solo nacional, sino mundial.
5. Uno de los temas que más preocupa a los estudiantes es la experiencia cotidiana dentro de la Facultad. ¿Cómo espera fortalecer la relación entre autoridades, académicos y estudiantado para construir una comunidad universitaria más participativa?
He defendido la libertad de expresión de los estudiantes siempre que sea con respeto y sin violencia. La Facultad debe ser un espacio de deliberación tolerante, en el que lo primordial es tener la posibilidad de criticar y disentir argumentativamente, pues la violencia, la funa y la cancelación es la negación del derecho y el diálogo. Si soy elegida decana, el camino será siempre buscar y promover el entendimiento pacífico. Los estudiantes tienen cada vez más espacio para emitir opiniones e, incluso, derecho a voto en ciertas instancias colegiadas. Esa es la manera en que yo entiendo una comunidad universitaria en un estado democrático de derecho.
6. Usted ha desarrollado una reconocida carrera en el ámbito del Derecho Penal y Procesal Penal. ¿De qué manera esa experiencia influye en su forma de entender la gestión universitaria y la conducción de una institución académica?
Me ha tocado hacer docencia, investigar y litigar en esas dos disciplinas durante más de 30 años. Al mismo tiempo, como consejera del Consejo de Defensa del Estado (CDE) tuve a mi cargo causas penales de relevante complejidad, y debí gestionar causas de abogados/as de la institución que estaban bajo mi conducción. La experiencia con mis colegas y los funcionarios del CDE me permitió entender la sinergia virtuosa del trabajo colectivo. La misma experiencia tuve como directora durante 17 años del Centro de Estudios de la Justicia, en que compartí las tareas diarias con mis colegas y mi secretaria como un solo equipo en un ambiente colaborativo, respetuoso y solidario. Todo ello me ha demostrado que la mejor forma de gestionar y conducir cualquier institución es entendiéndose parte de un todo que tiene un mismo propósito, que nadie es más ni menos que otros/as y que los logros y fracasos son colectivos. Creo que ese desafío lo puedo lograr como eventual decana.
7. La Universidad de Chile tiene un mandato público que trasciende la formación profesional. ¿Qué papel debería desempeñar la Facultad de Derecho frente a los principales desafíos institucionales y constitucionales que enfrenta el país?
Como ya señalé, debe ser de absoluto liderazgo. La Facultad debe ser la voz pública propositiva de los problemas institucionales que enfrenta el país, ha de tener incidencia en ellos y desarrollar una política comunicacional que la posicione en el primer lugar de cualquier debate sobre cuestiones referidas al derecho y sistema de justicia. Mi plan es promover la deliberación de esos temas en los departamentos y centros y sacar un boletín al menos semanal con presencia en medios sobre nuestras propuestas. La constitución de un Observatorio de seguimiento de estos procesos será parte del diseño de esta política con un informe anual de evaluación de impacto. A partir de allí será compromiso de mi decanato instar por los cambios y reformas coherentes con dicho diagnóstico.
8. El prestigio histórico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile constituye una de sus principales fortalezas. ¿Cómo se preserva esa tradición sin que se transforme en una barrera para innovar?
Debemos mantener el prestigio en un escenario desafiante. La Facultad tiende a ser resistente a los cambios, pero una política de acompañamiento en el proceso de transición puede ser muy efectivo. Tengo confianza de que un programa de pasos escalonados, con asistencia de las unidades respectivas, puede generar un clima propicio para la adaptación del claustro a los cambios que de manera indispensable deben hacerse. Mi decanato estará comprometido al máximo en esta tarea y estoy segura de que, con buena disposición, tendrá éxito. Es lo que espero de una facultad de derecho que sabe y tiene conciencia que no puede seguir funcionando como en el siglo XX.
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