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Asuntos de Interés Público

Opinión.

Abuso de licencias médicas – ¿una enfermedad sin remedio?, por Eduardo Schindler

El escándalo de las 25.000 licencias falsas en Chile es solo el síntoma más reciente de una corrupción estructural que ha corroído la legitimidad del sistema político. Frente a una democracia representativa incapaz de frenar estos abusos, se plantea la necesidad urgente de avanzar hacia una democracia directa, con mecanismos de control ciudadano permanentes como los referendos populares, siguiendo modelos exitosos como el suizo.

Por Elke von Loebenstein·12 de julio de 2025·5 min de lectura
Imagen: T13
Imagen referencial

El escándalo de licencias falsas conmociona al país. Van 25.000 casos, 800 instituciones estafadas y sólo en dos años. Este episodio refleja una nociva decadencia moral que afecta a la sociedad chilena, y ha motivado al Cardenal Fernando Chomali a publicar el artículo “Mala conciencia, dura almohada”, en el cual resalta una lista de “cohecho, tráfico de influencias, estafas, despilfarro de bienes públicos” y otros males. Resulta irónico el que a pesar de esta larga y onerosa lista de trasgresiones para desfalcar al Estado, Chile sea todavía catalogado como la segunda nación menos corrupta del continente.

¿Cómo es posible que participe tanta gente y durante tanto tiempo sin ser denunciados? Es evidente que estamos en presencia de autoridades incapaces y/o cómplices de abusos graves y reiterados al destino de los recursos públicos. A diferencia del Cardenal, no creo que la cleptocracia esté reemplazando a la democracia. En vez, este fenómeno es sólo una manifestación/síntoma adicional de una “enfermedad” que es todavía más grave y profunda – a saber: el insistir, desde el 1990 a la fecha, en utilizar una forma de supuesta democracia que es obsoleta y retrógrada, y que está plagada de imperfecciones que no logra evitar ni corregir por sí misma. Ya van 8 gobiernos, cambian los nombres, se alternan los partidos, y la situación general no ha dejado de empeorar.

El origen del flagelo que representa la cleptocracia está en quienes eligen como autoridades a gente impreparada, que promueve un Estado aún más grande, que asuma todavía más cosas a pesar de hacer mal las que ya hace, que cobra mayores impuestos, y que le quita espacios a la iniciativa privada. Los resultados están a la vista: más grande es el balde y mayor su contenido, tanto más atractivo y fácil para la cleptocracia el hacerle hoyos y robar agua. Por ello, el padecer de los efectos nocivos de una almohada dura es el precio que Chile paga por continuar a auto-inflingirse la misma “enfermedad” una y otra vez – cada 4 años, y desde hace ya 35 años.

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