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Entrevistas

Formación jurídica y enseñanza de la litigación

Joaquín Tomás Guerrero Reyes: “La solidez de un jurista no descansa solo en el estudio escrito”

El presidente y fundador de la Sociedad de Litigación de la Universidad Finis Terrae analiza las falencias de la formación jurídica tradicional, defiende la incorporación temprana de la litigación y la oralidad en la carrera de Derecho, y reflexiona sobre los riesgos de una enseñanza práctica deficiente, el valor formativo de los torneos y la necesidad de equilibrar teoría y práctica para formar abogados preparados para las exigencias reales del ejercicio profesional.

Por Carlos Bustamante Valdivia·16 de diciembre de 2025·9 min de lectura
Joaquín Tomás Guerrero Reyes: “La solidez de un jurista no descansa solo en el estudio escrito”
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Por Carlos Bustamante Valdivia, Universidad Finis Terrae

En esta entrevista, Joaquín Tomás Guerrero Reyes, presidente y fundador de la Sociedad de Litigación de la Universidad Finis Terrae y director académico de la Asociación Chilena de Litigación, reflexiona críticamente sobre los desafíos que enfrenta la formación jurídica tradicional en Chile y la persistente brecha entre teoría y práctica en la enseñanza del Derecho.

Desde su experiencia académica y formativa, Guerrero aborda la relevancia de la oralidad, la argumentación y la litigación práctica como herramientas esenciales para la formación de abogados capaces de desenvolverse eficazmente en el ejercicio profesional. Asimismo, analiza la conveniencia de incorporar la litigación desde etapas tempranas de la carrera, los riesgos de una enseñanza práctica deficiente y la necesidad de equilibrar adecuadamente la formación teórica con el entrenamiento práctico.

Finalmente, destaca el valor de los torneos de litigación y de las sociedades académicas como espacios de aprendizaje activo, retroalimentación experta y desarrollo profesional, subrayando su rol en la construcción de una formación jurídica más exigente, integral y conectada con las dinámicas reales del sistema de justicia.

1. Para dar contexto a nuestros lectores, ¿en qué consisten la Sociedad de Litigación y la Asociación Chilena de Litigación, en que usted es parte?

La Sociedad de Litigación de la Universidad Finis Terrae es un espacio académico orientado a fortalecer la formación práctica en litigación y argumentación jurídica de los estudiantes de pregrado de nuestra Facultad de Derecho. Bajo la dirección del profesor Eugenio Labarca Birke, académico de Derecho Procesal Civil, su objetivo es entregar técnicas de litigación, vincular el aprendizaje teórico con su aplicación práctica en el ámbito procesal y fomentar redes interuniversitarias que enriquezcan la formación profesional.

Por su parte, la Asociación Chilena de Litigación reúne a distintas Sociedades de Litigación de universidades de todo el país. Su finalidad es coordinar torneos nacionales, difundir las actividades desarrolladas por cada institución y promover el aprendizaje y el desarrollo profesional de sus integrantes. La Asociación cuenta, además, con el respaldo del Colegio de Abogados, de diversos estudios jurídicos y de reconocidos académicos, lo que asegura un estándar de excelencia en cada una de sus actividades

2. Actualmente, ¿qué desafíos ves en la formación jurídica tradicional? ¿consideras que la litigación es fundamental para superar estos desafíos?

El principal desafío que observo en la formación jurídica tradicional, especialmente a partir de mi experiencia como ayudante de Derecho Procesal Civil, es la brecha persistente entre el aprendizaje teórico y su aplicación práctica. Muchos estudiantes tienden a “memorizar sin comprender” con el único propósito de aprobar evaluaciones, lo que genera un conocimiento frágil y poco operable. Con el tiempo, esto se traduce en la incapacidad de transformar sus años de estudio en una verdadera herramienta de trabajo.

En este contexto, la litigación se vuelve esencial para enfrentar dicho desafío. La práctica mediante casos simulados permite que los estudiantes no solo comprendan con mayor profundidad las instituciones jurídicas, sino que también internalicen su funcionamiento real. De este modo, la litigación aporta un puente efectivo entre la teoría y la práctica, fortaleciendo la formación profesional y preparando a los futuros abogados para el ejercicio competente de la profesión.

3. ¿Cómo interpretas que muchas facultades de derecho estén apostando por sistemas de evaluación predominantemente escritos? ¿crees que se debilita cada vez mas la formación profesional que reciben los estudiantes?

Bajo mi criterio, la adopción de sistemas de evaluación predominantemente escritos incide, en alguna medida, en la calidad de la formación profesional que reciben los estudiantes de Derecho.

Lo anterior se explica porque hay que recordar que esta profesión cumple un rol social fundamental, pues el término “abogado” proviene del latín advocare/advocatus, asociado a la idea de ser “llamado para auxiliar” (ad auxilium vocatus). En virtud de ello, la función del abogado consiste en poner a disposición de las personas las herramientas que ofrece el ordenamiento jurídico, y considerando que la ciudadanía confía nuestros profesionales de Derecho para obtener alternativas de solución a sus conflictos, requiere no solo conocimientos teóricos, sino también la capacidad de comunicar de manera clara, accesible y comprensible.

En este punto, la formación oral es fundamental. Los exámenes orales permiten que los profesores evalúen de manera directa no solo el dominio conceptual de los estudiantes, sino también su capacidad de expresión, su claridad expositiva y su lenguaje no verbal. Además, favorecen una retroalimentación inmediata, aspecto que difícilmente pueden replicarse en una evaluación exclusivamente escrita.

Con todo, lo anterior no implica desechar la evaluación escrita, pues esta desarrolla habilidades igualmente indispensables, como el uso preciso del lenguaje jurídico, la argumentación técnica y la estructuración ordenada del pensamiento.

En definitiva, estimo que los exámenes orales siguen siendo indispensables para asegurar una formación jurídica integral. Sin embargo, la clave radica en el equilibrio adecuado entre evaluaciones orales y escritas, de manera que los futuros profesionales adquieran un conjunto completo y armónico de competencias. Con lo cual, se podría sostener que la solidez de un jurista no descansa solo en el estudio escrito, sino en la aptitud de someter sus argumentos a la exigencia de la oralidad, donde verdaderamente se revela la consistencia de su formación.

4. ¿Consideras positiva una formación en litigación en etapas tempranas de la carrera? ¿O crees que un estudiante podría beneficiarse más al litigar en etapas finales, cuando ya tiene mayores conocimientos jurídicos?

Considero altamente positiva la formación en litigación desde etapas tempranas de la carrera. Esto permite que los estudiantes adquieran de inmediato conocimientos prácticos relacionados con las materias abordadas en los casos simulados, y al mismo tiempo desarrollen fortalezas esenciales desde el inicio de su formación, como la capacidad de liderazgo en la toma de decisiones. Por ejemplo, al litigar un caso, el alumno debe seleccionar ciertos argumentos y descartar otros, lo que implica adoptar una visión crítica respecto de qué resulta más beneficioso para un eventual cliente.

Asimismo, la práctica temprana fortalece la oralidad, fomenta la autoconfianza y permite que los estudiantes se involucren de manera más profunda con la carrera. En consecuencia, cada contenido aprendido en las cátedras deja de ser meramente teórico y pasa a entenderse como una herramienta concreta que podrá aplicarse en futuras simulaciones o ejercicios prácticos.

5. ¿Es difícil enseñar litigación? ¿Es fácil enseñarla mal?

Desde mi experiencia, enseñar litigación no es sencillo. En mis labores como ayudante de Derecho Procesal Civil y en la dirección académica de espacios de formación práctica, he visto que transmitir teoría es muy distinto a enseñar a litigar. La litigación exige que el estudiante comprenda cómo aplicar las instituciones procesales, cómo estructurar un caso, cómo decidir una estrategia y cómo sostenerla con solvencia. Eso requiere tiempo, acompañamiento y un método claro.

Justamente por lo anterior, es muy fácil enseñarla mal. Cuando la litigación se reduce a “recitar” argumentos, a repetir formatos o a simular audiencias sin explicar el porqué de cada decisión, el aprendizaje pierde profundidad. He observado que, sin una guía rigurosa, los alumnos adoptan prácticas mecánicas y se piensa que litigar es únicamente hablar bien, cuando en realidad es pensar estratégicamente, fundamentar y decidir. Por eso, su enseñanza demanda compromiso, preparación y experiencia práctica, para que cada estudiante pueda transformar la teoría en una herramienta real de trabajo.

6. ¿Qué ejercicios son mas eficaces para entrenar la oralidad? Asimismo ¿Cómo se entrena la capacidad de argumentar bajo presión?

Si bien existen múltiples ejercicios eficaces para entrenar la oralidad (como improvisar discursos a partir de palabras escogidas al azar, practicar el denominado elevator pitch o realizar exposiciones breves sobre temas cotidianos), lo cierto es que la capacidad de hablar con claridad y la habilidad de argumentar bajo presión requieren algo más que técnicas aisladas.

En ambos casos, el elemento más determinante es la exposición frecuente a situaciones reales de comunicación oral. Hablar en público de manera habitual y enfrentarse a audiencias, incluso pequeñas, permite reducir progresivamente la sensibilidad al error y el temor a la evaluación externa. Muchas personas poseen, de forma innata o adquirida, habilidades de oralidad y argumentación; sin embargo, aquello que suele limitar su desempeño no es la falta de capacidad, sino la presencia de inseguridades, tales como el miedo a equivocarse, trabarse o ser juzgado por terceros.

Es importante destacar que no se necesita un escenario formal para practicar estas competencias. La vida cotidiana ofrece numerosas oportunidades para entrenarlas: intervenciones en grupos de estudio, conversaciones en familia, discusiones con amigos o incluso la toma de la palabra en contextos informales. Todas estas instancias contribuyen a fortalecer la expresión verbal, la claridad expositiva y la solidez argumentativa, especialmente cuando se desarrollan en situaciones que generan un grado razonable de presión o incertidumbre.

7. ¿Qué desafíos presenta entrenar a estudiantes con distintos niveles de la carrera?

En mi experiencia, entrenar a estudiantes que se encuentran en distintos niveles de la carrera presenta desafíos relevantes tanto a nivel pedagógico como metodológico. Cada etapa formativa implica niveles de madurez académica distintos, por lo que no todos los estudiantes poseen las mismas herramientas conceptuales, procesales o argumentativas para enfrentar ejercicios prácticos.

Uno de los principales desafíos consiste en equilibrar las expectativas y objetivos del entrenamiento. Mientras los estudiantes de cursos superiores tienen un dominio más sólido del lenguaje jurídico y de las instituciones fundamentales, quienes recién inician la carrera están en pleno proceso de comprender los conceptos básicos y de familiarizarse con la forma de razonar jurídicamente. Esto obliga a diseñar actividades que, sin perder rigurosidad, sean accesibles para unos y suficientemente desafiantes para otros.

Asimismo, se debe de promover un ambiente donde los estudiantes más experimentados no opaquen a los que están en etapas iniciales, y en donde estos últimos no se sientan inhibidos o desmotivados. La clave está en fomentar una dinámica colaborativa, donde cada uno pueda aportar desde su nivel y al mismo tiempo aprender de la experiencia del resto.

En definitiva, el desafío está en adaptar la metodología para que todos puedan avanzar, manteniendo siempre estándares de calidad y un enfoque formativo que permita que cada estudiante, independiente del nivel en el que se encuentre, desarrolle habilidades jurídicas, comunicacionales y profesionales de manera progresiva y coherente con su etapa académica.

8. ¿Qué consejos le darías a un estudiante que siente que no cuenta con habilidades de litigación, pero que desea participar en un torneo de litigación?

Mi consejo es que, si existe un interés genuino en participar en los Torneos Nacionales de Litigación organizados por la Asociación Chilena de Litigación, o en integrarse a una Sociedad de Litigación dentro de su facultad, lo recomendable es hacerlo sin dudar, incluso si el estudiante siente que no cuenta con habilidades previas de litigación.

Esto se debe a que los torneos constituyen un espacio seguro y formativo, donde los participantes reciben retroalimentación directa de académicos, litigantes y jueces con amplia experiencia. En ese entorno, el error no solo está permitido, sino que se transforma en una herramienta pedagógica para mejorar. Muchas de las habilidades que hoy se consideran propias del litigante (como la oralidad, la argumentación jurídica, la capacidad de reaccionar bajo presión o el manejo del lenguaje no verbal) no son innatas, sino que se desarrollan precisamente a través de la práctica constante.

Además, participar en estos espacios permite que el estudiante descubra fortalezas que muchas veces desconoce, y supere miedos o inseguridades que suelen ser el principal obstáculo para avanzar. La litigación se aprende ejercitándola, y ningún estudiante llega “listo” o completamente preparado a su primer torneo; todos parten desde niveles distintos y progresan gracias al trabajo guiado y al apoyo del equipo.

Por lo mismo, si existe la motivación, lo más importante es dar el primer paso. La experiencia de un torneo no solo mejora las competencias jurídicas, sino que también fortalece la confianza, la comunicación efectiva y el pensamiento crítico, elementos esenciales para cualquier futuro profesional del derecho.

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