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Diario Constitucional

VIOLENCIA EN ESTADIOS DE FÚTBOL

La deuda de la autoridad con los hinchas: seguridad en los estadios de fútbol

Creo que la violencia no se resuelve con mano dura ni copiando modelos extranjeros, sino con diagnóstico serio, políticas públicas integrales y respeto por los derechos fundamentales. Las sanciones ejemplares no previenen y la confianza se gana con coherencia, no con represión.

Por Gabriel Carrasco Farías·15 de septiembre de 2025·19 min de lectura
Roberto Rabi González y Hugo Muñoz Basaez — La deuda de la autoridad con los hinchas: seguridad en los estadios de fútbol

Por Gabriel Carrasco Farías, Universidad Central de Chile

En la década de 1980 surgió en Chile el fenómeno de las barras bravas, conformadas por hinchas que siguen fielmente a su equipo de fútbol, cantan, se organizan y expresan con intensidad su amor por el escudo y los colores que los representan. La identificación con el club alcanza tal magnitud, que dentro del estadio se genera una auténtica catarsis colectiva, donde cada aparición del equipo en el campo de juego se vive como si se dejara la vida misma en la cancha.

Este fenómeno tiene una relevancia social indiscutible, especialmente en un contexto donde la adhesión a partidos políticos ha disminuido significativamente. La barra se convierte así en un espacio de pertenencia, identidad y expresión colectiva. Sin embargo, esta pasión desbordada ha venido acompañada, lamentablemente, de episodios de violencia, tanto entre hinchas como contra fuerzas policiales, con consecuencias en ocasiones fatales. Estos hechos no solo atemorizan a las familias que asisten a los estadios, sino que también manchan la actividad deportiva, afectando el folclore y la cultura que rodea al fútbol chileno.

Ante esta realidad, el derecho y el marco normativo no pueden permanecer indiferentes. Se requiere una legislación activa y comprometida, que no solo reaccione frente a los hechos de violencia, sino que también actúe preventivamente para evitar consecuencias trágicas.

En este contexto, los Contrapuntistas abordarán esta problemática desde su profundo conocimiento jurídico y su compromiso con el bienestar del deporte. Participarán en la discusión el abogado Hugo Muñoz Basaez, magíster en Derecho Procesal por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), académico de la Universidad Central de Chile y exdirector de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP); y el abogado Roberto Rabi González, director del gremio de abogados penalistas Gran Defensor, académico en las universidades Autónoma y Católica Silva Henríquez, y miembro de la Asociación de Investigadores del Fútbol Chileno (ASIFUCH).

Roberto Rabi González

Roberto Rabi González

1. ¿Los hechos violentos y sus resultados es de exclusiva responsabilidad de los barristas o es compartida con la autoridad, en los últimos 5 años?

En los últimos cinco años se han podido constatar bastantes novedades en la forma en que se ha expresado la violencia en nuestro país, en los espectáculos públicos en general y en los estadios en que se practica fútbol profesional en especial. La violencia en los estadios no puede atribuirse únicamente a un determinado estereotipo, por lo demás vago y difuso, como el de barrista. En principio, la responsabilidad penal que, tradicionalmente en nuestro Derecho era siempre y a todo evento personal y propia de personas naturales, se entiende que, tras la ley 20393 puede aplicarse incluso a personas jurídicas, que pueden tener participación en ciertos delitos que perfectamente pueden darse en contextos asociados a la violencia en los estadios. Por otra parte, también existe un deber institucional y organizativo: los clubes deben cumplir estrictos estándares de seguridad y el Estado, a través de sus autoridades, debe fiscalizar y coordinar medidas eficaces de prevención. En los casos que el diseño ha fallado, se han producido lamentables consecuencias.

2. ¿Estima usted que la autoridad política ha abordado de forma satisfactoria la seguridad para prevenir los delitos graves de los eventos de fútbol de alta convocatoria?

Definitivamente no. Como país somos presa, en prácticamente todos los ámbitos de convivencia social, del denominado “populismo penal”, la ingenuidad de afirmar que “endurecer” la respuesta penal será la solución a todos nuestros problemas. Han existido, eso sí, ideas interesantes y propuestas atractivas, pero ha faltado lo medular: un diagnóstico serio, multidisciplinario y completo. Los ingleses, después de la tragedia de Hillsborough, en 1989, recurrieron a los expertos para comprender primero, de manera cabal, cuál era el escenario de violencia en los estadios que enfrentaban. Así surgió el Informe Taylor, que recomendó medidas revolucionarias que resultaron efectivas. ¿Por qué Chile no ha hecho lo mismo? Pues porque en Chile las cosas no se hacen de manera científica.

**3.**Según usted, ¿el criterio utilizado por el departamento de estadio seguro para clasificar la peligrosidad de un partido de fútbol y su coordinación con el OS13 de Carabineros ha sido suficiente para abordar la violencia en los estadios?

Ni suficiente ni bien implementado. El criterio de clasificación de riesgo de partidos, diseñado por Estadio Seguro y coordinado con el OS13 de Carabineros, considera factores como rivalidad entre hinchadas, aforo, horarios y antecedentes de violencia, de manera bastante artesanal y sin bases sólidas en la mayoría de los casos. La evidencia de los últimos años muestra que estas herramientas no han sido suficientes para contener la violencia en los estadios, pues los incidentes graves han aumentado en frecuencia e intensidad, incluso en partidos declarados de alto riesgo y con despliegues policiales reforzados.

La seguridad no puede descansar sólo en Carabineros y un plan estatal, que por cierto ya pasó a mejor vida. Los clubes, como organizadores, deben asumir un rol central en la prevención, con planes de seguridad robustos, identificación tecnológica de personas y cumplimiento estricto de sus obligaciones contractuales y legales. Sin responsabilidad compartida y sin gestión inteligente de la seguridad, el sistema de clasificación seguirá siendo un marco formal incapaz de prevenir hechos que dañan tanto al fútbol como a las libertades de los ciudadanos.

4. ¿Es posible aplicar estrategias de seguridad preventiva y sanciones ejemplares sin dañar la libertad de expresión y de asociación y con ello la cultura que hay en el fútbol chileno? (entiéndase por cultura los elementos de animación como bombos, trompetas, bengalas, lienzos, cánticos, caravanas, etc).

La lógica de las “sanciones ejemplares” no es más que una ilusión. La teoría de la prevención general negativa que la sustenta, esto es, el razonamiento de que la amenaza o aplicación de la pena no solo afecta al infractor, sino también a la comunidad en general, enviando un “mensaje de advertencia”, que se traduciría en disminuir la cantidad de delitos, no tiene respaldo empírico. Las ciencias penales actualmente entienden que la pena debe estar al servicio de otras ideas. En tal sentido tiene mucho más sustento la denominada teoría de la prevención general positiva, que afirma que lo fundamental es respaldar el comportamiento de quienes sí cumplen con la norma y cumplirían con ella con o sin sanción. Dicho eso, es evidente que siempre las sanciones, de todo orden, afectan ciertos derechos y alteran la expresión espontánea de muchas conductas y formas de

socializar legítimas e ilegítimas. Teniendo a la vista eso, lo fundamental es ponderar el nivel de afectación de libertades, derechos y formas de socializar que políticas de prevención y punitivas importan: dicho en otros términos más simples: a qué estamos dispuestos a renunciar como sociedad para el cumplimiento de objetivos sociales. Fuegos de artificio, banderines, bombos, trompetas, lienzos, cánticos, caravanas, etc. como elementos propios del espectáculo del fútbol han evolucionado también: Por ejemplo, los banderines tuvieron su apogeo en los setenta y ochenta y decayeron después. Los lienzos comenzaron a aparecer con posterioridad. Entonces, lo primero que cabe preguntarse es ¿valoramos, como sociedad todas las expresiones de la fiesta del fútbol? ¿Algunas más que otras? ¿Algunas son más riesgosas que otras? (el caso más emblemático los fuegos de artificio) Entonces corresponde al Estado, a través de sus órganos ponderar, se trata de decisiones con un profundo sentido político en el marco de un Estado de Derecho, por lo que lo indispensable es que dicha ponderación se haga de manera seria y científica y no populista.

5. ¿Cómo sería una ley ideal para erradicar la violencia en los estadios y cómo se ejecutaría?

Es difícil hablar de ideales, pero un supuesto esencial es un estudio diagnóstico que corrobore ciertos postulados que podría plantear sólo a título de hipótesis. Luego, de tener dicho respaldo, propondría un texto basado en el principio de responsabilidad compartida entre Estado, clubes, organizadores y fuerzas de seguridad, entendiendo que la violencia no se limita al interior del recinto, sino que también incluye traslados, inmediaciones y contextos asociados al espectáculo deportivo. El texto debería definir con precisión qué se entiende por violencia (desde agresiones físicas hasta el uso de pirotecnia peligrosa o la extorsión de grupos organizados), evitar estereotipos como ”barrista”, “barrabrava”, “hincha” u otros; incorporando sanciones diferenciadas: penales para conductas graves, administrativas para incumplimientos de seguridad y disciplinarias para los clubes. Todo ello debe aplicarse respetando derechos fundamentales, con garantías de debido proceso, proporcionalidad en las sanciones y salvaguardias de protección de datos en los sistemas de control de accesos y registros.

Para su implementación apostaría al mediano y largo plazo y a la gradualidad. Primero, certificación de estadios en materia de seguridad, instalación de sistemas de ticketing nominativo y cámaras de vigilancia; luego, capacitación masiva de stewards y policías especializados; y en paralelo, la creación de una base de datos nacional de exclusión que

permita aplicar órdenes de prohibición de ingreso de forma efectiva y revisable. A nivel de clubes, que la aplicación de las eventuales sanciones pueda escalonarse según el tipo y reiteración de incumplimientos (multas, reducción de aforo, partidos sin público y, en casos graves, pérdida de puntos), con estricto apego a estándares: es decir donde exista el mismo escenario fáctico se debería aplicar la misma solución. Porque la arbitrariedad y el descriterio desprestigian la norma: si hoy sancionas a la persona, equipo o dirigente “A” y después por algo similar tienes un tratamiento distinto para a la persona, equipo o dirigente “B”, todo el sistema se desacredita y pierde sustento. En el plano social me parece razonable implementar programas de rehabilitación y mediación de quienes lo requieran para reducir reincidencia. Todo el sistema debe evaluarse anualmente mediante indicadores objetivos (incidentes por número de asistentes, reincidencia, percepción de seguridad), con ajustes progresivos que aseguren eficacia sin caer en criminalizaciones injustificadas.

6. Según usted, ¿en qué aspecto de la problemática se debería enfocar el legislador para restablecer la confianza de la ciudadanía en los eventos futbolísticos de alta convocatoria?

Es muy difícil que instituciones tan dañadas en su prestigio como las chilenas, en particular las políticas como el Congreso Nacional, consigan generar productos que gocen automáticamente de la confianza y el respaldo de la ciudadanía, por lo que el problema de la crisis de la imagen de las instituciones públicas es central y previo. Además, si consiguiéramos dotar de plena credibilidad a nuestras instituciones, la confianza pública solo se ganaría con resultados. Ningún discurso o promesa, por atractivo que sea, logrará recuperar la confianza en general pérdida -no solo en el ámbito de la violencia en los estadios- en aquello que el poder público o económico nos puede entregar. Lo mismo aplica a los clubes. Nadie hoy puede afirmar seriamente que confía en sus discursos, en buena medida porque es manifiesto que la estructura organizativa hoy está asociada a ciertos modelos de negocios, esto es, al éxito económico de los dueños de los clubes. Por ello, si no engordan sus bolsillos ¿por qué tendrían que preocuparse de fenómenos sociales? Ahí es donde la lógica de incentivos debe ser inteligente.

7. ¿La experiencia en este tipo de leyes y estrategias de otros países sirve de referencia u ofrece lecciones aplicables al contexto chileno o debe buscarse otro enfoque?

Poco, evidentemente todo lo que resulte efectivo debe atenderse y deberíamos prestarle atención. Pero, por ejemplo, los ingleses lograron buenas soluciones mirando su realidad y no hacia afuera. Sus buenos resultados se deben no a la genialidad u originalidad de las soluciones aplicadas, si no a la seriedad del diagnóstico. Y cada diagnóstico es propio de cada realidad.

8. ¿Hasta qué punto la implementación de medidas de seguridad basadas en datos biométricos en los estadios de fútbol es una herramienta legítima de prevención y erradicación de la violencia garantizando a su vez la protección de datos personales?

La legitimidad o ilegitimidad de una medida dependerá más que de la medida en sí, de dos factores fundamentales: un irrestricto respeto de las garantías fundamentales, por una parte y un origen en mecanismos democráticos ojalá deliberativos de adopción de decisiones públicas. Si lo que tenemos como posibilidad es una medida que puede afectar la confidencialidad de ciertos datos que se estima legítimo proteger, pues debemos ponderar la intensidad del riesgo vs. el valor del objetivo perseguido por la medida. Esa lógica de ponderación está detrás de las grandes decisiones públicas a todo nivel: derecho a la honra vs. libertad de expresión; derecho de propiedad vs. función social de la propiedad, etc.

Hugo Muñoz Basaez

Hugo Muñoz Basaez

1. ¿Los hechos violentos y sus resultados es de exclusiva responsabilidad de los barristas o es compartida con la autoridad, en los últimos 5 años?

La violencia en los estadios es un “fenómeno” indeseado en la sociedad que tiene muchos responsables pues su origen es múltiple y no es posible atribuir a un solo estamento o grupo social su origen, la proliferación del mismo o la falta de solución.

La violencia es una conducta que debe ser evitada, controlada y eventualmente reprimida por el estado de derecho, para así validar el uso monopólico de la fuerza por parte del estado.

Es evidente que los hechos violentos de los últimos 5 años en los estadios de nuestro país han sido desarrollados mayormente por grupos organizados de las llamadas “barras bravas”, enquistados en las barras tradicionales y cuando estos actos a veces de puro vandalismo ocurren por desgracia, han tenido una respuesta a veces violenta o con excesos de la autoridad encargada del control del orden público.

2. ¿Estima usted que la autoridad política ha abordado de forma satisfactoria la seguridad para prevenir los delitos graves de los eventos de fútbol de alta convocatoria?

Los delitos que se producen en los eventos de alta convocatoria, no solo en el fútbol, sino que también por ejemplo en los conciertos, son la consecuencia de una situación país. La seguridad en tales eventos no es solo obligación de la autoridad política.

Los organizadores de esos eventos tienen una responsabilidad establecida además por ley.

Es evidente que “la seguridad” no ha sido suficiente para prevenir los delitos que se producen, pues se han producido y en algunos casos con carácter de gravísimos, por ejemplo los desmanes que terminaron con la muerte de 2 hinchas al ingreso del estadio monumental para el juego contra Fortaleza de Brasil, los desmanes en las cercanías de los estadios y dentro de los estadios, como por ejemplo lo que ocurrió en el clásico de Curicó-Rangers hace menos de un mes.

Si la obligación de la autoridad es de resultados, están al debe por supuesto. Pero no importa ahora de quién es “la responsabilidad”. La cuestión es qué hacemos para mejorar la seguridad en nuestros territorios. Esa debe ser la preocupación de todas y todos.

**3.**Según usted, ¿el criterio utilizado por el departamento de estadio seguro para clasificar la peligrosidad de un partido de fútbol y su coordinación con el OS13 de Carabineros ha sido suficiente para abordar la violencia en los estadios?

El criterio utilizado es un criterio técnico, que analiza muchas variables. Por los “incidentes” que se han producido, por una cuestión de efectos o consecuencias, resulta evidente que no han servido para evitar los actos violentos y que estos no se repitan. El que se declare por la autoridad que un partido es de “alto riesgo” significa que la planificación que se debe abordar por todos quienes participan de la organización del evento están definidos previamente.

Cosa distinta es que las medidas que se deben adoptar se cumplan eficazmente o que estás sean las idóneas o suficientes para evitar los actos violentos.

El tema es más profundo que solamente definir la correcta definición del criterio.

4. ¿Es posible aplicar estrategias de seguridad preventiva y sanciones ejemplares sin dañar la libertad de expresión y de asociación y con ello la cultura que hay en el fútbol chileno? (entiéndase por cultura los elementos de animación como bombos, trompetas, bengalas, lienzos, cánticos, caravanas, etc).

Diseñar estrategias de prevención, y aplicar sanciones por inconductas en los estadios, son cuestiones que van a provocar tensiones en la “cultura de la fiesta y del bombo” sin lugar a dudas. Solo un ejemplo. No es aceptable permitir que sean realmente “secuestrados” conductores del transporte público y que las máquinas de transporte a su cargo sean utilizadas por grupos organizados de las llamadas “barras bravas” para trasladarse a los estadios, desde distintos barrios de las ciudades donde se juega fútbol profesional en nuestro país. Es evidente que ello no es tolerable. Sin embargo, ocurre.

Hay evidencias y registros que dentro de los elementos conocidos como “de animación” se han ocultado a veces objetos que luego de lanzan al campo de juego a los jugadores, a la barra rival. Entonces, lo relevante es mejorar los controles de acceso a los recintos, mejorar la “revisión de vestimentas” (sin que ello implique vulneración de derechos fundamentales) . Debemos desterrar el concepto de enemigos, los equipos y sus hinchadas sólo son adversarios deportivos, solo rivales, no enemigos.

Hay barras organizadas de antigua historia, con bandas instrumentales de toda la vida, donde los instrumentos son traspasadas de generación en generación y son una nota pintoresca del auténtico hincha que va al estadio a alentar sus colores, como la “bandita de Magallanes”, los bronces de Deportes Iquique, algo parecido ocurre en Calama y Cobreloa.

5. ¿Cómo sería una ley ideal para erradicar la violencia en los estadios y cómo se ejecutaría?

En primer lugar, tengo la convicción de que Carabineros debe estar presente en el campo de juego. Me dirán que Carabineros “nunca se fue de los estadios”, pero los que acudimos a los estadios, los que trabajamos en el ambiente del fútbol no solo nacional, sabemos que la autoridad debidamente reglamentada en su actuar, debidamente apoyada en sus funciones, debe ser el que controle los desmanes, los actos vandálicos y a los violentos que ni siquiera van a ver los juegos. Me dirán que el fútbol profesional y todo el dinero que genera es un espectáculo privado, y que por lo tanto la seguridad dentro del recinto del estadio de la Arena, debe ser una responsabilidad y un costo del privado organizador. Esto debe ser compatible con que la autoridad policial, junto a la autoridad política puedan coordinarse con el privado de forma tal que la “experiencia estadio” sea segura, sea grata, no sea una verdadera odisea y todos esperamos casi en un acto decoración común que “ojalá no pase nada”. Desde el cuidado del transporte público, el respeto a los vecinos de los estadios, la atención del público en su llegada y evacuación de los estadios, la infraestructura, todos estos elementos y muchas otros deben estar coordinados pensando en que el espectáculo sea limpio, seguro, inclusivo.

En segundo lugar, las sanciones deben ser efectivamente implementadas, luego del debido proceso por supuesto; debe además existir un real seguimiento de las mismas y su quebrantamiento debe traer aparejadas de forma automática su extensión.

6. Según usted, ¿en qué aspecto de la problemática se debería enfocar el legislador para restablecer la confianza de la ciudadanía en los eventos futbolísticos de alta convocatoria?

El tema de la confianza o más bien de restablecerla, no es la consecuencia de una ley o de una estrategia comunicacional. La confianza se ha perdido en nuestra sociedad porque las instituciones establecidas, no hacen lo que la comunidad espera. Hoy existe la tecnología para que todo el que asista a un estadio a un partido de fútbol o a un recital esté identificado. Pero la confianza se ha perdido porque ya no estamos seguros ni siquiera en nuestras casas, en nuestros trabajos, no estamos seguros en la vía pública, ¿Por qué podríamos pensar entonces que estaremos seguros en un estadio? Esto es muy triste realmente. Pero es una realidad.

Pero esta desconfianza es un mega tema, no es una realidad única y privada del fútbol, es una realidad de nuestro querido país. La delincuencia, el narcotráfico y el crimen organizado han copado los territorios y los estadios y sus inmediaciones son territorios que también se usan para la delincuencia, para el abuso, para el microtráfico, para la violencia.

En una frase podría resumir; “La confianza volverá, si la gente se siente segura”. Debemos todos trabajar para que esa percepción cambie, con tecnología, con identificación de los que hacen desmanes, con sanciones reales y que se cumplan para aquellos, con determinación de funciones y tareas para los que organizan y si éstos no cumplen, también deben ser responsables de las consecuencias de aquellos incumplimientos.

7. ¿La experiencia en este tipo de leyes y estrategias de otros países sirve de referencia u ofrece lecciones aplicables al contexto chileno o debe buscarse otro enfoque?

POR SUPUESTO QUE SE PUEDEN COPIAR IDEAS. Lo expreso en mayúsculas. Si esto ya sucedió en otros países y casos como Inglaterra, Alemania, Escocia, incluso España, ordenaron su legislación, diseñaron protocolos de planificación y seguridad, identificaron situaciones y territorios y definieron conductas permitidas y conductas indeseables en los estadios y a partir de ello, implementaron programas de apoyo y luego, el que no se comportaba, no podía asistir más a un estadio. Y el mal llamado “hincha”, que ingresó a un campo de juego a agredir a un jugador y se le decretó prohibición de ingreso a los estadios por 2 o 3 años, no entro, no se consiguió una cédula de otro para entrar, debió presentarse en una estación de policía, 2 horas antes del partido y salió 2 horas después. Porque además, se implementó un registro facial, se crearon credenciales personales e intransferibles, está la llamada “FUN ID”. Ello implica inversión, por supuesto, costos asociados, por supuesto, pero son una real inversión que se rentabiliza con el regreso de los reales hinchas y el aumento del público en los espectáculos. He tenido la oportunidad de trabajar y de conocer estadios en Brasil en distintos estados, con legislaciones particulares y especiales, con la policía dentro del perímetro del campo de juego, sin rejas, sin fosos y con un Tribunal dentro de cada estadio, con un promotor fiscal, con un defensor público, con peritos, funcionarios de logística, etcétera y participe además en un procedimiento oral en un tribunal en un estadio, por injurias graves. Solo hay que tener la voluntad política de dictar las normas y de luego implementarlas y aplicar las sanciones.

Resultaría absurdo no aplicar soluciones usadas en otros países, y que han tenido muy buenos resultados, con las adecuaciones evidentes a nuestra idiosincrasia.

8. ¿Hasta qué punto la implementación de medidas de seguridad basadas en datos biométricos en los estadios de fútbol es una herramienta legítima de prevención y erradicación de la violencia garantizando a su vez la protección de datos personales?

La “Protección de datos personales” es una realidad ya en nuestro país. Tenemos una legislación muy moderna en Chile y la institucionalidad esta avanzando en ello.

La tecnología, el uso de los datos, su proyección y los sistemas de detección de conductas indeseadas pareciera que debe ser la forma avanzar en dar a la comunidad seguridades y certezas de que los espectáculos a los que quieren asistir serán seguros, pues de lo que se trata es de dar certezas. Los que tienen otra finalidad en el evento deportivo, si van a delinquir, si van a obtener beneficios económicos, no deben poder asistir.

Pero la inmensa mayoría que quiere convivir pacíficamente, que quiere salir de sus casas tranquilo, que quiere poder usar el transporte público sin temor a ser asaltada, a aquel que quiere poder ir en su automóvil a un estadio no quiere tener que sufrir y padecer el chantaje del “cuidador de autos” que sabemos que nada cuida, etcétera, todas aquellas personas que quieren disfrutar del espectáculo del “deporte más maravilloso del mundo” lo deben poder hacer.

La ley debe reglar que el uso de esos datos con esta finalidad no vulnere los derechos fundamentales de todas las personas involucradas. Soy un convencido que la comunidad organizada tiene el derecho de defenderse en contra de los indeseables que desprecian los derechos fundamentales de las víctimas de los delitos que aquellos cometen, por supuesto en un marco de total respeto del estado de derecho.

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