FORMACIÓN JURÍDICA Y TECNOLOGÍA
Inteligencia Artificial en Derecho: ¿Aliada del Aprendizaje o Riesgo para la Autonomía Jurídica?
Yo diría que el problema está en la ausencia de criterios claros para el uso formativo de la tecnología y a nivel país todavía estamos muy atrás en cuanto a regulación y orientación en esta área.

Por Joaquín Tomás Guerrero Reyes, Universidad Finis Terrae
La irrupción de la inteligencia artificial en las aulas de Derecho ha tensionado uno de los hitos más tradicionales de la formación jurídica: la preparación del examen de grado. Mientras algunos la celebran como una herramienta que optimiza el estudio y democratiza el acceso al conocimiento, otros advierten el riesgo de vaciar de contenido el razonamiento jurídico, sustituir el esfuerzo intelectual y consolidar prácticas formativas desconectadas del ejercicio profesional real. En un contexto donde el examen de grado es cuestionado por su vigencia, sentido y metodología, el uso de estas tecnologías abre una discusión de fondo sobre qué tipo de abogados está formando el sistema universitario chileno. Para indagar en este tema Dominique Alezthier y Christel Huber, abogadas tituladas de la Universidad Finis Terrae y tutoras especializadas en la preparación del examen de grado, responderán, entre otras, a las siguientes preguntas. ¿Es la inteligencia artificial un apoyo legítimo para aprender mejor o un atajo que amenaza la calidad de la formación jurídica? ¿Dónde termina la herramienta y comienza la dependencia?

Christel Huber
1. El examen de grado en derecho suele describirse como un rito de paso exigente y, para muchos, anacrónico. ¿Cómo evalúa hoy el proceso real de preparación: responde efectivamente a la formación de un buen abogado o reproduce prácticas poco alineadas con el ejercicio profesional actual?
Es verdad que cada vez se cuestiona el cómo deberíamos evaluar esta última etapa en la formación de pregrado en la carrera de Derecho, ya que no es simplemente una evaluación cualquiera, sino que yo la definiría, ante todo, una instancia que marca un verdadero “antes y un después” de cada alumno.
La raíz del cuestionamiento está precisamente en el choque que existe en la dinámica tradicional y aquella que pretendemos adecuar acorde a los cambios en las dinámicas de aprendizaje de la actualidad.
Si bien es cierto el examen de grado conserva hasta el día de hoy un valor simbólico y académico, donde aún la disciplina, la constancia y la profunda comprensión siguen jugando roles sumamente importantes, también hay que considerar que los tiempos son distintos y que ahora el acceso inmediato a la información que tienen los alumnos no es suficiente para reemplazar la comprensión profunda que exige el examen de grado, particularmente porque todavía se sigue prefiriendo la memorización por sobre otras cualidades aún más importantes, como lo son la argumentación oral y el desarrollo del pensamiento crítico.
2. En Ese contexto, la inteligencia artificial ha irrumpido como una herramienta disruptiva. ¿Aporta verdaderamente al estudio jurídico profundo o corre el riesgo de convertirse en un atajo que debilita el aprendizaje?
Siempre tenemos que ver la inteligencia artificial como algo neutro, su naturaleza no es ni mala ni buena para nosotros, sino que depende del uso que tanto estudiantes como abogados en el ejercicio de la profesión le dan continuamente.
Ahora, yo haría énfasis en lo siguiente: es impensable que la inteligencia artificial esté por sobre el razonamiento y pensamiento crítico que ya uno se forma respecto de un tema en específico en el mundo jurídico, pero su presencia en la actualidad ha transformado profundamente la forma en que ejercemos la profesión y desarrollamos el estudio jurídico.
Recordar que estamos en una de las profesiones más humanas que podemos encontrar, el ejercicio del derecho implica interpretación, ponderación, raciocinio, comprensión, humildad y dimensión ética y social en la resolución de conflictos. Precisamente estas competencias, por muy avanzada que esté la tecnología hoy en día, no pueden ser sustituidas plenamente por la inteligencia artificial, ya que esta última no goza de esta sensibilidad y humanidad, que es finalmente lo que nos caracteriza como abogados.
3. ¿Dónde traza usted la línea entre un uso legítimo de la inteligencia artificial como apoyo académico y un uso que derechamente distorsiona el proceso formativo o vulnera la honestidad intelectual del estudiante?
La línea se traza precisamente en el momento en que la tecnología deja de tener un rol secundario en la potencia del aprendizaje y pasa a ser el “protagonista de la historia”, sustituyendo el proceso de reflexión personal del estudiante, que es lo fundamental en su crecimiento tanto académico como personal. Un uso legítimo de la tecnología se basa en facilitar el acceso a las fuentes jurídicas y organizar el estudio, pero sin reemplazar el esfuerzo intelectual propio; mientras que el uso dependiente lo evidenciamos al momento en que la inteligencia artificial pasa a ser lo esencial en la elaboración de argumentos, en la interpretación normativa y cuando finalmente le dejamos todas las tareas esenciales a la tecnología.
4. ¿Existe el riesgo de que la inteligencia artificial termine reemplazando – más que complementando- el desarrollo del razonamiento jurídico, la memoria argumentativa y la capacidad de construir soluciones propias?
En lo personal, lo dudo bastante. El razonamiento jurídico no consiste simplemente en procesar información y memorizar una cantidad incontable de artículos o leyes, sino que el ejercicio de nuestra profesión implica cuestionarnos, interpretar, analizar distintos puntos de vista y dimensiones de un mismo caso, asumir decisiones con consecuencias que pueden ser no solamente jurídicas, sino que también éticas; y juicio humano.
Ahora bien, la tecnología seguirá influyendo en el desarrollo de nuestras habilidades, pero nunca las va a reemplazar. Puede apoyar el entrenamiento del razonamiento jurídico y seguir en su rol de complemento para el estudio y la formación académica, pero no puede sustituir la experiencia cognitiva y reflexiva que supone la capacidad de construir soluciones.
5.- Frente a este escenario ¿Cree usted que el sistema universitario y las facultades de derecho han reaccionado con la rapidez y profundidad necesarias, o siguen preparando a los estudiantes bajo supuestos que ya quedaron obsoleto?
Si, de cierta forma. Si bien es cierto hasta el día de hoy se mantiene la ideología tradicional de lo que significa el examen de grado, los diversos sistemas universitarios y facultades de derecho de alguna u otra manera han tomado ciertas medidas que tienden a reformar dicha metodología. Por ejemplo, en ciertas universidades se ha optado por la evaluación escrita, también en ciertas instituciones encontramos cursos de preparación y acompañamiento académico para el examen de grado y cómo no, se ha concientizado y reflexionado sobre el sentido del examen. Todavía queda mucho camino por recorrer, puesto que lo anterior solamente han sido adaptaciones y transformaciones estructurales, pero aún falta un énfasis mucho más concreto y preparado para los estudiantes.
6.- A un estudiante que teme depender de la inteligencia artificial y “aprobar sin saber”, pero al mismo tiempo observa que otros la usan intensivamente ¿Qué le diría para no quedar en desventaja ni sacrificar su formación jurídica?
Desde mi experiencia como Tutora de Examen de Grado, he escuchado de muchos alumnos esa misma inquietud. Le diría ante todo que su inquietud es una buena señal y que debe continuar confiando en su proceso individual.
En mis 2 años desempeñando este rol y trabajando en colaboración con el resto de los tutores, he llegado a la conclusión de, que la tecnología puede significar un apoyo o una dependencia, donde la clave está en cómo la utilizamos, si la usamos para ordenar las ideas, para practicar la síntesis de las materias o para seguir desarrollando nuestro pensamiento crítico; pero al mismo tiempo en algunos casos puede llegar incluso a transformarse en un sustituto del estudio y si a eso le mezclamos la presión y la carga emocional de esta última etapa, claramente va a significar una desventaja.
Al estudiante que tiene esta inquietud le diría que no compita copiando el método de los demás, sino que debe ocuparse en seguir perfeccionando y fortaleciendo su propio método de estudio, ya que el examen de grado valora la capacidad de argumentar, relacionar y responder con criterio propio, no se centra en evalúa cuántas respuestas en 1 minuto puedes contestar en una aplicación de tecnología artificial.
7.- Finalmente ¿Estamos ante una herramienta que puede democratizar el acceso al conocimiento jurídico o frente a un fenómeno que, mal regulado, podría profundizar brechas y empobrecer la calidad de los futuros abogados?
La inteligencia artificial en sí misma tiene un enorme potencial democratizador, ya que el estudiante puede acceder a fallos, doctrina, clases y material que hace 10 o 15 años estaba reservada solo para ciertas universidades o bibliotecas, donde si uno quería buscar el conocimiento, tenía que darse el tiempo de indagar y comparar los diversos textos a mano; y precisamente desde esa perspectiva, en la actualidad el acceso al conocimiento jurídico es más amplio y justo que nunca.
Yo diría que el problema está en la ausencia de criterios claros para el uso formativo de la tecnología y a nivel país todavía estamos muy atrás en cuanto a regulación y orientación en esta área, ya que aún nos hace falta una base sólida para potenciar el aprendizaje y para perfeccionar a los futuros abogados. De hecho, este problema se evidencia con mucha claridad en la preparación del examen de grado e inclusive en los inicios del ejercicio de la profesión, porque varios se han concentrado en manejar el acceso a múltiples plataformas digitales y en la búsqueda de normativa, pero se han quedado atrás en él razonar un caso práctico de forma sencilla y sin apoyo.
Entonces, si usamos la inteligencia artificial sin regulación ni reflexión pedagógica, con mayor razón la tecnología va a empobrecer la formación jurídica al debilitar las cualidades importantes en El Mundo del derecho como lo son el manejo simplificado de la información, la interpretación, el criterio y el razonamiento integral del campo jurídico.

Dominique Alezthier
1. El examen de grado en Derecho suele describirse como un rito de paso exigente y, para muchos, anacrónico. ¿Cómo evalúa hoy el proceso real de preparación: responde efectivamente a la formación de un buen abogado o reproduce prácticas poco alineadas con el ejercicio profesional actual?
El examen de grado sigue teniendo valor porque obliga a integrar conocimientos, estructurar pensamiento jurídico y desarrollar argumentación oral, habilidades relevantes para el ejercicio profesional. Sin embargo, en el contexto actual, marcado por la digitalización del sistema judicial, la automatización de procesos y el creciente uso de inteligencia artificial en estudios jurídicos, su preparación muchas veces sigue centrada en esquemas memorísticos que no reflejan las competencias que hoy demanda el ejercicio profesional.
Más que eliminar esta instancia, el desafío está en actualizar la formación jurídica para culminar el proceso con un examen de grado más integral, que trascienda la sola reproducción de contenidos y permita al estudiante demostrar herramientas esenciales como resolución de casos, argumentación jurídica y capacidad de análisis crítico.
2. En este contexto, la inteligencia artificial ha irrumpido como una herramienta disruptiva. ¿Aporta verdaderamente al estudio jurídico profundo o corre el riesgo de convertirse en un atajo que debilita el aprendizaje?
Puede aportar significativamente como herramienta pedagógica, por ejemplo, en la organización de contenidos, revisión conceptual y simulación de preguntas, y su uso ya es parte de la formación y la práctica jurídica en Chile. El punto no es evitarla, sino comprender cómo integrarla al aprendizaje.
El riesgo aparece cuando sustituye el proceso de elaboración personal del razonamiento jurídico. El aprendizaje profundo en Derecho no se basa solo en acceder a respuestas correctas, sino en la capacidad de interpretar normas, resolver tensiones entre principios, justificar decisiones y sostener argumentos propios. Cuando ese proceso se delega excesivamente en herramientas tecnológicas, puede debilitar la construcción de criterio jurídico, que es el núcleo del ejercicio profesional. Por eso, más que prohibir, el desafío es enseñar un uso crítico y metodológicamente responsable de estas tecnologías.
3. ¿Dónde traza usted la línea entre un uso legítimo de la inteligencia artificial como apoyo académico y un uso que derechamente distorsiona el proceso formativo o vulnera la honestidad intelectual del estudiante?
La línea no está en usar o no inteligencia artificial, sino en qué parte del proceso formativo se delega. Puede ser un apoyo valioso para organizar contenidos, contrastar ideas o explorar enfoques, pero cuando sustituye la elaboración personal del razonamiento jurídico, el aprendizaje pierde profundidad.
Un criterio relevante es la autonomía intelectual: el estudiante debe poder sostener sus respuestas oralmente, justificar sus fundamentos normativos y verificar críticamente las fuentes que utiliza. Si esa autonomía se debilita, la herramienta deja de ser apoyo pedagógico y comienza a afectar la formación jurídica.
4. ¿Existe el riesgo de que la inteligencia artificial termine reemplazando —más que complementando— el desarrollo del razonamiento jurídico, la memoria argumentativa y la capacidad de construir soluciones propias?
Ese riesgo existe, especialmente cuando la inteligencia artificial se utiliza sin una formación crítica ni criterios claros sobre sus alcances y limitaciones. Ya se han observado situaciones en que la redacción de escritos jurídicos asistida por estas herramientas ha derivado en citas doctrinales o jurisprudenciales inexistentes, con eventuales consecuencias procesales. Más que un problema tecnológico, esto pone de relieve una debilidad formativa: la insuficiente verificación de fuentes y la falta de consolidación de un criterio jurídico autónomo, cuestión en la que las universidades cumplen un rol esencial en la formación de futuros profesionales.
La inteligencia artificial puede constituir un asistente valioso y una herramienta eficaz para optimizar tareas, sistematizar información y apoyar el estudio. Sin embargo, el ejercicio del Derecho no se agota en la eficiencia operativa. Cuando su uso se vuelve indiscriminado o acrítico, existe el riesgo de debilitar habilidades esenciales como la argumentación, la memoria conceptual y la capacidad de construir soluciones jurídicas propias.
En ese sentido, la tecnología debe entenderse como un complemento que potencia el razonamiento del abogado, no como un sustituto. De lo contrario, el desafío deja de ser solo pedagógico y pasa a tener implicancias profesionales e institucionales para la calidad del ejercicio jurídico, lo que exige a las universidades asumir activamente esta labor formativa.
5. Frente a este escenario, ¿cree usted que el sistema universitario y las facultades de Derecho han reaccionado con la rapidez y profundidad necesarias, o siguen preparando a los estudiantes bajo supuestos que ya quedaron obsoletos?
La reacción ha sido más lenta que la transformación del ejercicio profesional. Hoy el trabajo jurídico incorpora herramientas tecnológicas avanzadas, mientras muchas mallas aún no contemplan formación sistemática en estas materias. Ajustar las mallas curriculares incorporando ramos de IA y Derecho, ética digital y habilidades tecnológicas no es solo innovación académica, sino una necesidad formativa.
Junto con ello, también resulta indispensable revisar los métodos de evaluación. Si la inteligencia artificial ya forma parte del ejercicio jurídico, las evaluaciones deben adaptarse para medir competencias como análisis crítico, argumentación y resolución de problemas, más allá de la mera reproducción de contenidos.
6. A un estudiante que teme depender de la inteligencia artificial y “aprobar sin saber”, pero que al mismo tiempo observa que otros la usan intensivamente, ¿qué le diría para no quedar en desventaja ni sacrificar su formación jurídica?
Le diría que la verdadera ventaja profesional no radica en usar más tecnología, sino en comprender mejor el Derecho. La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy valiosa para apoyar el aprendizaje, pero solo cuando se integra con criterio jurídico, verificación rigurosa de fuentes y, sobre todo, autonomía argumentativa.
El examen de grado suele ser uno de los primeros filtros donde se evidencia la calidad del proceso formativo del pregrado: cuando ha existido comprensión profunda y método de estudio, la preparación avanza con mayor solidez; cuando ello no ocurre, suelen aparecer inseguridad al responder, dificultades para articular argumentos propios y menor capacidad para enfrentar preguntas imprevistas.
Por eso, en Tutorías Alezthier hemos incorporado sistemáticamente la resolución de casos prácticos y distintos filtros de evaluación antes de avanzar en las materias, de modo que el estudiante contraste su aprendizaje con situaciones cercanas al ejercicio profesional real.
Aprobar “sin saber” puede producir un resultado inmediato, pero el ejercicio del Derecho exige sostener argumentos propios, interpretar normas con responsabilidad y enfrentar problemas jurídicos concretos. En ese equilibrio entre el uso estratégico de la tecnología y una formación jurídica sólida se juega, finalmente, la calidad del futuro ejercicio profesional.
7. Finalmente, ¿estamos ante una herramienta que puede democratizar el acceso al conocimiento jurídico o frente a un fenómeno que, mal regulado, podría profundizar brechas y empobrecer la calidad de los futuros abogados?
Ambas posibilidades coexisten. La inteligencia artificial puede democratizar el acceso al conocimiento jurídico al facilitar información, apoyar el estudio autónomo y reducir ciertas barreras de entrada. Sin embargo, su uso sin formación crítica ni criterios metodológicos claros también puede profundizar brechas, especialmente si se reemplaza el aprendizaje profundo por soluciones inmediatas.
En este escenario, el rol de las universidades es decisivo. No basta con regular o restringir estas herramientas; existe un deber formativo de incorporarlas críticamente en la enseñanza del Derecho, ajustando mallas curriculares, métodos de evaluación y formación ética. La inteligencia artificial no redefine por sí sola la calidad de la formación jurídica; lo determinante seguirá siendo cómo las instituciones educativas preparan a los futuros abogados para usarla con criterio, responsabilidad y solidez profesional.
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