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Diario Constitucional

REFORMAS CONSTITUCIONALES FALLIDAS

Dos procesos, dos fracasos: Reflexiones pendientes a dos años del último intento de reforma constitucional chileno

Ambos procesos fracasaron porque los ganadores no supieron construir un juego común; si las reglas no se sienten justas, nadie quiere jugar. La Constitución debe ser ese terreno compartido donde todas las identidades se reconozcan.

Por Matías Vidaurre Vilo·12 de octubre de 2025·22 min de lectura
Matías Silva Alliende y Francisco Bartolucci Johnston — Dos procesos, dos fracasos: Reflexiones pendientes a dos años del último intento de reforma constitucional chileno

Por Matías Vidaurre Vilo, UCSH

A dos años del último intento por reemplazar la Constitución de 1980, los dos procesos constituyentes recientes —la Convención Constitucional y el Consejo Constitucional— quedaron marcados por el fracaso. Ambos contaron con mayorías políticas importantes, pero no lograron convencer a la ciudadanía. Hoy, el debate sigue abierto: ¿por qué se falló, qué quedó en el camino y qué debe pasar ahora?

En este contrapunto, el exdiputado Francisco Bartolucci Johnston y el abogado constitucionalista **Matías Silva Alliende,**analizan el doble fracaso desde perspectivas radicalmente opuestas. Mientras Bartolucci cuestiona la legitimidad de los procesos y reivindica la vigencia de la actual Constitución, Silva defiende la necesidad de un proyecto transformador que articule identidades y justicia social.

Matías Silva Alliende

Matías Silva Alliende

1. En ambos procesos se configuraron mayorías políticas amplias, pero con desenlaces fallidos. Eso obliga a pensar en la relación entre mayorías y legitimidad democrática. ¿Por qué cree que no logró imponerse esa mayoría en la decisión final?

En ambos casos hablamos de un fracaso constituyente. Para explicar estos fracasos, hay que utilizar la idea de la democracia como un “juego. Todo juego posee reglas que establecen que se puede hacer y que no se puede hacer. Estas reglas tienen que tener dos características esenciales: deben permitir que el juego pueda ser jugado y deben ser validadas por los participantes. Es decir, en la democracia todos como jugadores tenemos que considerar que las reglas les entregan, al menos, una posibilidad real de poder ganar. Ningún jugador va a aceptar a jugar una cancha inclinada hacia el campo contrario. Si alguien se ve obligado a participar de un juego con reglas así de injustas, termina sin participar, sin prestar atención al juego o termina enojado con el juego y los demás jugadores.

En la democracia cada jugador juega para ganar, lo que se traduce en obtener espacios de poder y avanzar en su propio proyecto, pero también hay jugadas que se realizan en democracia que impiden el juego o que lisa y llanamente son tramposas (les van a quitar su casa-con mi plata no- etc).

En resumen: en el juego de la democracia, no se puede pensar que una jugada ayuda a ganar o no, porque si no estamos atentos al espacio del juego y este termina por desarmarse, perdemos todos. En el caso de los dos procesos constituyentes, se nos quiere hacer creer que perdimos todos, porque nos dimos una vuelta tremenda para volver al mismo sitio. Si volvimos al mismo sitio, alguien ganó ¿o no?

2. En sintonía con la pregunta anterior ¿Qué revelan los votantes al rechazar propuestas que contaban con respaldo mayoritario en la Convención o Consejo?

Hay una desaprobación hacia a la clase política en general, y aquí, me parece que estamos frente a un dilema. Después del estallido social se visibilizaron demandas relacionadas con derechos sociales. También hubo un fuerte reproche a la clase política, a los partidos políticos, y al Congreso Nacional; las leyes urgentes para la ciudadanía demoraban su despacho o simplemente no lograban ser aprobadas.

A lo anterior hay que agregar que después de seis años del estallido, todas esas personas que se manifestaron tienen legítimo derecho a preguntarse, ¿en qué hemos avanzado?, ¿qué respuesta me ha dado el sistema político? frente a demandas por mejores pensiones, educación de calidad, un sistema de salud que sea más justo. Entonces nos retrotraemos a lo que se visibilizó en el estallido social y nos preguntamos ¿qué ha ocurrido después de seis años? Por otra parte, es evidente que eso conlleva el segundo reproche, ¿qué ha hecho la clase política?

3. Ambos procesos estuvieron marcados por controversias, ya sea por el comportamiento de los convencionales o por las tensiones en la discusión pública. Así, ¿Qué rol jugaron las polémicas internas y externas en el fracaso de ambos procesos? ¿En qué medida influyeron en la percepción ciudadana?

Me parece que los hechos del convencional Vade, muy reprochables, por cierto, o que alguien vote desde una ducha son bastante marginales en el fracaso de los dos procesos constituyentes. Me parece que las razones del fracaso son otras. En el primer caso parece que quienes ganaron en la composición de la Convención Constitucional creyeron que el pueblo estaba dando un apoyo equivalente a un cheque en blanco a las ideas de izquierda o más progresistas. Lo que estaba señalando el pueblo en las urnas era que no quería saber más de los partidos políticos. Los que ganamos no miramos bien el resultado. Después dentro de la Convención, los que ganamos no fuimos capaces de convencer que la idea más importante a defender era la Estado Social y Democrático de Derecho. Nos metimos en trincheras, esas trincheras generaron un proceso de fragmentación en donde cada causa en vez de vincularla con el Estado Social y Democrático de Derecho, se lo desvinculaba. No se entendió que lo particular de las identidades sólo es posible de ser garantizado dentro de las reglas de un Estado Social y Democrático de Derecho, que implica un modelo de desarrollo que es feminista y ecologista. A ello hay que agregar toda la campaña fuera de la Convención con mentiras, fake news y ejércitos de trolls y de bots.

El segundo proceso a su vez falla, porque los vencedores tampoco saben leer su victoria. No logran hacer cuajar a través de un documento un nuevo juego al cual todos, vencedores y vencidos, estuvieran realmente dispuestos a jugar.

Mientras el primer proceso apostó a cambios profundos, el segundo buscó conservar el orden existente con ajustes menores. ¿Fue un error que un proceso apostara a transformaciones de gran alcance y el otro a una propuesta más conservadora? ¿Habría sido más viable un camino intermedio?

Uno podría decir como mero observador ligero que situarse en los polos como lo hicieron los dos procesos implica un error. A mí me parece que el proyecto constitucional de la Convención no tiene de extremo o extremista. La crítica es no haber sido capaces de conectar lo particular de las identidades representadas en la Convención con lo general de la idea del estado Social y Democrático de Derecho. Sostener que la Convención Constitucional es extremista implica desconocer que en la historia de nuestro país no ha existido nunca otra institución mas democrática. La aplicación de reglas de paridad, la posibilidad de que por primera vez los pueblos estuvieran representados, lo mismo respecto de los ambientalistas y las disidencias sexuales.

El segundo proceso es más extremista, demonizando todo lo sucedido en Chile desde 2019 en adelante. Viene con un espíritu restaurador. Hay que volver a los valores, instituciones y orden social que se perciben como tradicionales, en contra de cambios progresistas. Este proyecto implica una visión de revitalización de lo que consideran el estado ideal del pasado, que puede incluir el fortalecimiento de la familia, la religión, la autoridad y el orden nacional, buscando la «restauración» de un supuesto orden perdido. Para ello debemos llamar a trabajar en una nueva constitución a los que saben Derecho Constitucional y por eso tenemos que formar un Consejo de Expertos. La Constitución es complicada, tiene que ver con el poder y los derechos, por lo tanto, son los expertos los llamados a conducir.

La Constitución es un documento que nos involucra a todos. No ha existido en Chile un momento en que se haya hablado más de Constitución que en los días posteriores a octubre de 2019. Le sigue en segundo lugar el proceso constituyente de la Presidenta Michelle Bachelet Jeria, con sus encuentros locales auto convocados, encuentros provinciales y regionales que terminaron en un documento que el segundo gobierno del Presidente Piñera se negó a tramitar dentro del Congreso.

5. Más allá de los rechazos, cada proyecto dejó elementos discutibles que pueden servir en futuros intentos. ¿Cuáles fueron las principales virtudes y defectos de cada propuesta constitucional? ¿Hay aspectos rescatables para el futuro?

Me parece que la principal virtud en ambos es la idea del Estado Social y Democrático de Derecho. Esta idea aparece fuerte en el primer proceso y de manera más deslavada en el segundo. La crítica es que, en el primer caso, quienes defendieron el concepto no lograron convencer a las identidades que sus particularidades tenían estrecha relación con lo general o universal del concepto de Estado Social y Democrático de Derecho. Me explico, soy crítico con cualquier concepto de identidad que no sea transformador, que no nos permita ver si las formas de explotación o abuso a las que nos someten son diferentes o si las experimentamos en común. Tenemos que abordar de distinta manera las identidades sociales que se originan en formas particulares de explotación. Rastrear la trayectoria de las identidades a lo largo de una historia de explotación nos permite encontrar un territorio común e imaginar un espacio más equitativo, que también debe ser común. Ese espacio más equitativo es el Estado Social y Democrático de Derecho. Bajo esta idea reconocemos lo particular de las identidades, pero reconocemos también que están todas interconectadas.

En el segundo proceso también aparece este concepto, más deslavado ya que se pretende hace desde una lógica de subsidiariedad. Incluso en la aplicación de la Constitución vigente pareciera que “el reformismo” instalado después de los dos procesos constituyentes va a permitir una transición de la subsidiariedad hacia la solidaridad bajo el mismo texto constitucional. Las reformas en materia de salud y pensiones tienen hoy esa orientación. El problema que veo es que los derechos y la parte ideológica de una constitución no está separado de la sala de máquinas, de lo orgánico, por lo tanto, mientras sigamos bajo las reglas de un sistema político desgastado, difícilmente la transición antes mencionada va a poder ser completada.

6. Los procesos no solo se jugaron en la sala, también en el espacio público y en la interacción con la ciudadanía. ¿Qué rol tuvieron los medios de comunicación en moldear la percepción de los textos constitucionales?

Los medios jugaron un rol fundamental en ambos procesos. Se notó más en el primero que en el segundo. En su gran mayoría lo que existe es una intención de deslegitimación de la Convención Constitucional y en particular, a la deslegitimación de los convencionales, unos por ser personas no idóneas para trabajar en este tipo de documento y otros por su posición ideológica extrema.

Lo que operó en su gran mayoría es lo que Bourdieu llamó “debates falsamente verdaderos”, y lo que los medios tenían como hipótesis instalaban era el enfrentamiento entre los constituyentes de la Convención.

Abundaron opiniones vertidas a título personal y que muchas veces a través de los medios se transforman en argumentos a favor de un asunto (con mi plata no-te van a quitar tu casa). Muchos medios de comunicación utilizaban palabras como “inestabilidad, caos, señales preocupantes, tormenta”. Las líneas editoriales de los medios escritos y de la televisión responden a una determinada idea de sociedad vinculada a los propietarios de los mismos. Los que a su vez también son dueños o tienen participación en áreas como minería, salud educación, previsión social, y por lo tanto, los medios funcionaron como parlantes de protección de esos intereses económicos.

7. La desconfianza hacia partidos, Congreso y élites estuvo muy presente en ambos procesos. ¿Fue ese un factor decisivo en el rechazo ciudadano?

La desconfianza en la política aparece en ambos procesos. Pero no sólo la desconfianza hacia los partidos políticos sino también asociada a esta idea influyen en el fracaso de ambos procesos otras ideas como: la crítica contra la “cocina constitucional”, la necesidad de publicidad y transparencia; la crítica contra la influencia de intereses particulares, la crítica contra el lobby del poder económico. Si una analiza lo sucedido en procesos constitucionales que llegaron a buen puerto, se destaca la idea de la construcción de confianzas. Cada país que enfrenta un proceso constituyente enfrenta también divisiones profundas. En algunos casos violencia armada (Colombia), en otros, dolorosas historias de discriminación racial (Sudáfrica). Para salvar estas dificultades lo que falló en ambos casos fue también la desconfianza entre quienes integraban la Convención y el Consejo. Volviendo al concepto del juego democrático, el problema de fondo fue que los ganadores no salían de sus relatos, por lo que no se podía lograr construir un juego al cual todos, vencedores y vencidos, estuvieran realmente dispuestos a jugar. Y allí estuvo parte del gran fracaso institucional, tanto en el primer proceso como en el segundo.

8. Más allá del voto obligatorio, ¿cree que los chilenos estaban siendo realmente escuchados en estos procesos? ¿Qué faltó para generar mayor conexión?

La tendencia histórica del mundo conservador amparada en la Constitución de 1980, ha obstaculizado sistemáticamente las reformas que profundizan la democracia. Los partidos políticos, no pueden sino estar conscientes de que esta actitud está a la base del estallido social; y explica tanto la baja credibilidad que tienen en la población, como su precario nivel de representatividad. Ello se manifiesta no solo en la brusca caída de participación ciudadana en los procesos electorales, sino también en todas las encuestas de opinión, en donde los partidos aparecen como la institución de más baja evaluación ciudadana, por debajo de los Tribunales de Justicia, el Presidente de la República y los parlamentarios.

Tampoco puede ignorarse la tendencia hoy dominante en las democracias modernas, cual es la apertura de espacios de representación de sectores que por distintas razones–económicas, sociales, culturales– han estado hasta ahora marginados de participar en los órganos electivos de los Estados. Tal tendencia encuentra su fundamento en el derecho de todo ciudadano a participar en la dirección de los asuntos públicos reconocida en convenios internacionales suscritos por Chile –entre otros el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas y la Convención Americana sobre Derechos Humanos–. La misma tiene como fundamento último el derecho a la igualdad que, para ser efectivo, requiere de mecanismos de discriminación positiva en favor de ciertos sectores que se encuentran en posición de desventaja objetiva para poder ejercer sus derechos humanos, como lo es la participación política.

¿Fue escuchado suficientemente el pueblo? Me parece que la respuesta está más vinculada con la señalada cuando hablamos de medios de comunicación. Su influencia como parlante de las ideas de los dueños de los mismos fue efectivamente más exitosa en la tarea de convencer de aquellos estaban por el apruebo. En el caso del segundo proceso, parece que el agotamiento frente al sistema político llevó a la gran mayoría a votar en contra. Pero personalmente, creo que todavía no descubrimos que la verdadera razón estaba en rechazar el falso “Estado Social” o el “interés superior” del niño que no era tal, o los cambios políticos que favorecía a un solo sector, o las medidas tributarias regresivas, entre otras razones.

9. ¿Cree que habrá un tercer intento constituyente en el corto o mediano plazo? ¿Bajo qué condiciones podría prosperar?

En la práctica lo veo imposible. El reformismo instalado después de los dos procesos constituyentes busca reforzar y/o modificar ciertas políticas públicas, en materia previsional y de salud educación y medio ambiente. Pero o hace a partir de los principios constitucionales de la Constitución vigente y de sus definiciones, para sí, a través de ellos y aplicando estos principios, podemos dictar legislaciones más modernas y más efectivas.

Además, este reformismo piensa que se pueda seguir avanzando en un análisis como sociedad en conjunto de cuáles son las principales modificaciones constitucionales que tenemos, sin olvidar también, la permanencia de la Constitución del 80’. A este reformismo en el fondo le agrada la permanencia de esta Constitución, ya que esta implica la existencia de un modelo de convivencia que ya después de los dos procesos, se ha ratificado. Entonces, este reformismo está tomando este modelo de convivencia como columna vertebral que ha sido ratificada, y cree que lo que corresponde es construir a partir de allí una legislación que sea más realista y apropiada al Chile actual.

Yo creo que los países como el nuestro van a seguir viviendo tensiones constitucionales. Me gusta la idea de olas constitucionales de Elster. Cuando los países no atienden estas tensiones constitucionales, las olas constitucionales tienden a volver.

10. ¿Qué impresión dejó en el extranjero el doble fracaso constitucional? ¿Afecta la imagen de Chile como país estable y democrático?

El fracaso consagra la ruptura entre política y sociedad. Podemos hablar de una sociedad sin proyectos colectivos. Somos un país sin proyecto de transformación. Existió una vez un país ligado a un proyecto colectivo. Chile era de los países con mayor estructuración de la sociedad por conducto de los partidos políticos. Hoy es de las naciones con más alto nivel de rechazo a los partidos políticos.

11. Ya finalizando, y considerando estos dos intentos fallidos, ¿Cree que como país debemos seguir discutiendo estos procesos o conviene dar vuelta la página?

Creo que debemos seguir discutiendo estos procesos. El problema es: cómo construyes un proyecto con las distintas fuerzas políticas que hoy se encuentran dentro del progresismo. Teniendo al frente un mundo conservador que no va a abandonar su proyecto, no va a ceder nada básicamente, salvo en momentos en los que se ve acorralada por circunstancias específicas, como era el estallido, y ahí empieza a sacar a los militares y a declarar la guerra. Este mundo no va a ceder nada porque hacerlo es reconocer que la dictadura instaló un proyecto que ya no es válido.

Francisco Bartolucci Johnston

Francisco Bartolucci Johnston

1. En ambos procesos se configuraron mayorías políticas amplias, pero con desenlaces fallidos. Eso obliga a pensar en la relación entre mayorías y legitimidad democrática. ¿Por qué cree que no logró imponerse esa mayoría en la decisión final?

Ninguno de los textos resultó convincente para la ciudadanía, que los consideró extremados para uno u otro lado. No parecieron textos de consenso. Probablemente, tampoco resultaron, para la gente, proposiciones que resolvían problemas que en verdad les importaban y aquejaban. El ambiente que rodeó ambos procesos tampoco ayudó para entusiasmar a la ciudadanía; más bien provocó una desilusión general.

2. En sintonía con la pregunta anterior ¿Qué revelan los votantes al rechazar propuestas que contaban con respaldo mayoritario en la convención o consejo?

Un gran sentido común, es decir sensatez. Los votantes comprendieron que se trataba de textos que más bien desunían y no lograban un consenso generalizado que permitiera “cerrar” el tema constitucional.

Desde otra perspectiva, muchas de las disposiciones que en concreto se propusieron no convencieron en su mérito a los electores quienes prefirieron rechazar el texto completo.

3. Ambos procesos estuvieron marcados por controversias, ya sea por el comportamiento de los convencionales o por las tensiones en la discusión pública. Así, ¿Qué rol jugaron las polémicas internas y externas en el fracaso de ambos procesos? ¿En qué medida influyeron en la percepción ciudadana?

Estas polémicas mostraron a la opinión pública enormes desavenencias que indicaban que no era, ninguno de los dos, un texto que aunara y cerrara definitivamente el tema constitucional. Poco a poco la gente se desilusionó y entendió que eran procesos impulsados por “la política” y estimó que nada aportarían. Siendo así, más valía rechazar. En el primer proceso constitucional el comportamiento personal de varios convencionales fue deplorable y factor determinante en el rechazo. En el caso del segundo proceso las posiciones encontradas y permanentes disputas entre los miembros de la entidad constituyente sobre el contenido del texto, avisaron que este mantendría abierta la controversia permanentemente y por tanto no cumplía con uno de los objetivos del proceso, cual era dar al país una Carta Fundamental de unidad y que entregara estabilidad política hacia el futuro.

4. Mientras el primer proceso apostó a cambios profundos, el segundo buscó conservar el orden existente con ajustes menores. ¿Fue un error que un proceso apostara a transformaciones de gran alcance y el otro a una propuesta más conservadora? ¿Habría sido más viable un camino intermedio?

El primer texto “destruía” Chile y pretendía fundar uno muy ajeno a nuestra historia y tradiciones, así lo entendió la ciudadanía y lo rechazó mayoritariamente; bien la sabiduría popular lo bautizó como “el mamarracho”. El segundo fue engorroso y extremado, y no logró aceptación debido a varias de sus disposiciones. En ambos procesos la ciudadanía estimó que un cambio no aportaba nada para el mejor desempeño futuro del país. Entonces, ¿para qué cambiar lo existente?; y rechazó.

Desde luego, que la primera experiencia debió iluminar la segunda para llegar a un texto de consenso, que, sí estoy seguro, hubiera tenido una aceptación y votación aprobatoria muy mayoritaria.

Se perdió la oportunidad de resolver definitivamente el asunto de una “nueva constitución”.

5. Más allá de los rechazos, cada proyecto dejó elementos discutibles que pueden servir en futuros intentos. ¿Cuáles fueron las principales virtudes y defectos de cada propuesta constitucional? ¿Hay aspectos rescatables para el futuro?

Lo que debe aprender la dirigencia política es que “no hay que dejarse atemorizar por la violencia callejera” y no llevar al país a procesos político-institucionales innecesarios, sobre todo cuando no existen condiciones que lo funden y las iniciativas que lo impulsan se sustentan en visiones identitarias, partidistas e ideológicas. Ambos procesos eran absolutamente innecesarios. La Constitución podía perfectamente reformarse según sus propias reglas; todo fue, primero, una paranoia política y después un desastroso caminar. De eso, al fin, la gente se dio cuenta y rechazó todo.

Lo anterior, debe entenderse en cuanto al origen de todo este proceso, el punto es que ya “embarcados en él” había que tener la sabiduría y visión de país para convertirlo en una oportunidad para dar a Chile una “nueva y moderna constitución” que nos uniera e impulsara al Chile del futuro. Desgraciadamente, esa visión de país estuvo ausente y cada sector, en su oportunidad, intentó hacer un Chile “a su pinta”: entonces todo fracasó.

Lo anterior no niega la validez de algunas proposiciones contenidas en los textos propuestos - sobre todo en el segundo proyecto – que ahora sería largo enumerar -. En todo caso, esas propuestas pueden recogerse vía dictación de leyes y/o reformas constitucionales acotadas.

6. Los procesos no solo se jugaron en la sala, también en el espacio público y en la interacción con la ciudadanía. ¿Qué rol tuvieron los medios de comunicación en moldear la percepción de los textos constitucionales?

Como corresponde en un país de plena democracia, los medios de comunicación jugaron un rol fundamental en “moldear la percepción de la gente”. Los ciudadanos pudimos conocer a cabalidad el contenido y fundamento de las proposiciones, como sus proponentes en cada caso. Pudimos, además, conocer la participación y actitudes de los convencionales, algunas de las cuales fueron, como he dicho, deplorables, por ejemplo, en el trabajo de la Convención Constituyente. Desde luego, la información que recibimos de los medios y nuestra propia reflexión formaron nuestra decisión final, dirigida mayoritariamente a rechazar.

7. La desconfianza hacia partidos, Congreso y élites estuvo muy presente en ambos procesos. ¿Fue ese un factor decisivo en el rechazo ciudadano?

La ciudadanía aceptó las reglas que se propusieron para el desarrollo y desenlace del proceso, el cual se ajustó plenamente a esas reglas. La participación de los partidos y dirigencia política estuvo también acotada a esas reglas. Estimo que ambos rechazos tienen que ver, más bien, con el contenido de ambos textos y la desilusión de la ciudadanía con el proceso mismo al comprender que no resolvería la “cuestión constitucional” y no significaría ningún avance sustancial a la solución de sus propias aspiraciones y problemas. En el primer proceso debe sumarse, además, la triste participación de muchos de los miembros de la Convención Constitucional que lo transformaron en un “verdadero circo” que hastió al país, amén de la declarada intencionalidad de “refundar Chile”, lo que, desde luego, la ya señalada sensatez de nuestra gente no aceptó.

8. Más allá del voto obligatorio, ¿cree que los chilenos (que) estaban siendo realmente escuchados en estos procesos? ¿Qué faltó para generar mayor conexión?

Para responder esta pregunta se debe tener en cuenta los orígenes y causas de ambos procesos: el primero nace como resultado del miedo y la violencia a que se sometió al país para obligarlo a pensar que todo se solucionaba con una nueva constitución, para luego aceptar el camino que se le ofreció: fue todo un engaño. Es preciso no olvidar que nunca los chilenos estimaron que se requería una nueva constitución y su voluntad fue doblegada por la demencial violencia a la que se les sometió.

El segundo proceso tampoco fue requerido, ni esperado por la ciudadanía; fue fruto de un acuerdo político de la dirigencia que “metió” al país nuevamente en lo mismo.

Entonces, ambos procesos no estaban, de verdad, arraigados en el sentir popular -he señalado que nacieron desde el temor y la violencia - y dado su ominoso caminar, pronto perdieron apoyo y provocaron una nueva desilusión con la actividad política y sus protagonistas, ergo, fueron rechazados. La gente terminó fastidiada y recuperó la idea de que no era necesario reemplazar la constitución vigente. Por lo demás, como ya he señalado, ninguno de los dos procesos y la constitución que cada uno de ellos propuso aseguraba la estabilidad política que se esperaba y necesitaba.

9. ¿Cree que habrá un tercer intento constituyente en el corto o mediano plazo? ¿Bajo qué condiciones podría prosperar?

La extrema izquierda querrá siempre hacer de Chile un país estatista y estatizado, por sobre los derechos y libertades ciudadanas; su consigna es: el mayor poder para el Estado y el menor para la gente (y si es posible ninguno). Así las cosas, siempre mantendrá la idea de una constitución de corte totalitario, como lo intentó en el primer proceso constituyente. El punto es que la actual constitución no se los permite, intentarán, entonces, reemplazarla según sus propósitos.

Desde otra perspectiva, el fracaso, ya comentado arriba, ha sido de tal magnitud que será difícil puedan prontamente volver a engañar al país para iniciar en una nueva aventura constitucional. Claro que “en política todo es posible”.

10. ¿Qué impresión dejó en el extranjero el doble fracaso constitucional? ¿Afecta la imagen de Chile como país estable y democrático?

Como lo vimos durante los procesos constitucionales, el resto del mundo se sorprendió que Chile – país estable y ordenado como había sido – quisiera botar por la borda una Constitución que le había permitido una transición ordenada a la democracia y le había dado treinta años de tranquilidad, estabilidad política y progreso, para dar un salto al vacío. Espero que luego del resultado se reconozca la convicción democrática y republicana de nuestro país y el juicio y prudencia de su gente al rechazar la peligrosa aventura que se le proponía. Al final, estimo, hemos salido fortalecidos ante el mundo como ejemplo de civismo y sensatez.

11. Ya finalizando, y considerando estos dos intentos fallidos, ¿Cree que como país debemos seguir discutiendo estos procesos o conviene dar vuelta la página?

Hay que reforzar la actual Constitución en cuanto asegura democracia y libertades, pero deben modificarse aspectos sustanciales de su sistema político para dar mayor gobernabilidad, terminando con la fragmentación y otros defectos que presenta. Debe, también, modificarse la actual Ley Electoral. Todo lo anterior, dentro de la legalidad vigente Para nada un nuevo “proceso constituyente”.

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