Cartas al Director
Suicidio laboral: cuando el trabajo deja de ser vida
En Chile, seis personas se suicidan cada día y más de 2.100 muertes por esta causa se registraron en 2022. Aunque el trabajo ocupa un rol central en muchas de estas vidas, el suicidio laboral sigue siendo una categoría ausente en la legislación. Esta omisión impide dimensionar su impacto, diseñar políticas públicas efectivas y asumir la responsabilidad institucional por un fenómeno que, lejos de ser individual, refleja un fracaso colectivo en el cuidado ético del entorno laboral.

En Chile, cada día seis personas se quitan la vida. Según el Ministerio de Salud, en 2022 se registraron más de 2.100 suicidios, con una tasa nacional de 10,6 por cada 100.000 habitantes, superando el promedio mundial. Las estadísticas revelan un patrón claro: el suicidio afecta principalmente a hombres entre los 30 y 59 años, edad en la que el trabajo suele ocupar el centro de la vida cotidiana. Sin embargo, no existe una categoría oficial para el suicidio laboral, lo que impide dimensionar su impacto y diseñar políticas públicas efectivas. Esta omisión responde a una estructura legal, institucional y cultural que ha preferido mirar hacia otro lado.
Desde la psicología organizacional, sabemos que el suicidio no es un acto impulsivo, sino el desenlace de un proceso de sufrimiento psíquico profundo. La suicidalidad —que incluye ideación, planificación e intento— puede surgir incluso sin diagnósticos clínicos previos, especialmente cuando hay exposición prolongada a acoso, sobrecarga, aislamiento o violencia institucional. El trabajo, cuando deja de ser un espacio de dignidad y se convierte en una fuente sostenida de desesperanza, puede transformarse en el escenario final de una vida que no encuentra salida. Como señalan Valdés Gutiérrez y Henríquez (2024), “el suicidio laboral no es una patología individual, sino un fracaso colectivo de la ética organizacional”.
Desde el enfoque filosófico, esta problemática exige una lectura más radical. ¿Qué significa que el trabajo, vinculado históricamente con la realización personal y el reconocimiento social, se transforme en causa de muerte? Para Kant, tratar a otro como medio y no como fin es la esencia de la injusticia. El suicidio provocado por dinámicas laborales tóxicas no es solo una tragedia individual, sino el síntoma de instituciones que han dejado de tratar a las personas como sujetos dignos. Rousseau, por su parte, nos recuerda que la desigualdad no nace de la naturaleza, sino de estructuras que hacen del sometimiento una regla. Cuando las empresas, instituciones o jefaturas erosionan la voluntad racional de sus trabajadores, mediante el acoso, la indiferencia o la presión extrema, se rompe el contrato social y se pierde el derecho a la protección.
En Chile, la Ley 16.744, que regula los accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, excluye el suicidio como evento laboral por considerarlo un acto intencional. Esta premisa simplista,“si fue voluntario, no es atribuible al trabajo”, ignora décadas de evidencia científica que demuestran la influencia del entorno laboral en el deterioro de la salud mental. Japón reconoce el karojisatsu (suicidio por exceso de trabajo). Francia ha creado comités de investigación específicos. Chile, en cambio, mantiene una interpretación normativa rígida que exime de responsabilidad a las instituciones y abandona a las víctimas en el terreno del juicio moral.
El instrumento CEAL-SM, vigente desde 2023, evalúa riesgos psicosociales a nivel grupal, pero no detecta crisis individuales ni ideación suicida. Si bien incorpora dimensiones sobre violencia y acoso, no incluye preguntas directas sobre pensamientos suicidas, ni obliga a investigar si una persona que se quitó la vida había estado en condiciones críticas de hostigamiento o presión. Esta ausencia refleja una concepción limitada de la prevención: más cerca del cumplimiento legal que del cuidado real.
Desde la Fundación Fuera Acosadores, estamos desarrollando un proyecto audiovisual documental que investiga tres pérdidas irreparables ocurridas en contextos previos de acoso laboral. Aunque los nombres y lugares cambian, los relatos se repiten: aislamiento institucional, hostigamiento encubierto, ausencia de canales de ayuda y una cultura organizacional que normaliza el desgaste extremo. Estos casos no son anécdotas, son historias reales que reflejan una falla sistémica. El documental busca visibilizar no solo el dolor, sino el aprendizaje que puede surgir de la memoria y la importancia de la prevención. Porque hablar del suicidio laboral no es revictimizar: es reparar desde la palabra lo que el silencio institucional dejó sin respuesta.
La filosofía política nos enseña que el Estado tiene el deber de proteger, no solo de regular. Como ha señalado Nancy Fraser (1997), la justicia exige redistribución y reconocimiento. Redistribuir las cargas del trabajo para evitar la sobreexigencia, y reconocer que el sufrimiento psíquico no puede seguir siendo individualizado. Sin ese reconocimiento, los protocolos seguirán siendo técnicos sin alma, y la prevención será un trámite sin convicción.
Chile necesita avanzar hacia una política pública robusta que reconozca el suicidio laboral como fenómeno prevenible. Esto implica al menos cuatro medidas concretas:
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Reformar la Ley 16.744, permitiendo una evaluación técnica de causalidad laboral en casos de suicidio.
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Incorporar la categoría “suicidio laboral” en los registros oficiales, como hacen Australia, Estados Unidos y Canadá.
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Crear protocolos de investigación interdisciplinaria, involucrando a especialistas en salud mental, derecho laboral y sociología del trabajo.
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Capacitar a inspectores, jefaturas y comités paritarios en la detección de señales de alerta suicida y gestión de riesgos psicosociales severos.
Estas medidas no resolverán todo de inmediato, pero pueden abrir el camino hacia un modelo que entienda que cuidar es prevenir, y prevenir es dignificar. El trabajo no puede ser el lugar donde se extingue la esperanza. No podemos seguir normalizando que quienes más sufren sean empujados al borde sin que nadie los escuche.
“¿De qué sirve un sistema de prevención que mide riesgos, pero no protege contra el desenlace más devastador?”
La respuesta no está en más diagnósticos. Está en el compromiso real de proteger la vida, de anteponerse, por consecuencia en la prevención.
Scarlett Watson M.
Fundadora Fundación Fuera Acosadores
Referencias
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Fraser, N. (1997). Justice Interruptus: Critical Reflections on the “Postsocialist” Condition . Routledge.
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Ministerio de Salud. (2023). Informe Nacional de Suicidio .
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Reyes-Arellano, F. (2021). Perspectivas filosóficas a partir del problema del suicidio . SciELO.
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Valdés Gutiérrez, I. Henríquez, C. (2024). Suicidio en el contexto laboral: cifras y reflexiones . RH Management.
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Fundación Fuera Acosadores. (2025). Proyecto documental sobre suicidio laboral .
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Diario Constitucional. (2025). El suicidio como expresión del daño psicosocial en el trabajo .
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