🌦 11°C · Llovizna·Santiago·Lunes, 03 de agosto de 2026

Cartas al Director

¿Responsabilidad automática o culpa exclusiva? Cuando el peatón irrumpe en la vía y tensiona el derecho de tránsito

El autor reflexiona sobre los alcances jurídicos que plantean los accidentes de tránsito cuando median conductas deliberadas o autolesivas de peatones, subrayando que la responsabilidad del conductor no puede presumirse de manera absoluta y que el análisis debe considerar la causalidad, la culpa concurrente y la dimensión preventiva de la seguridad vial.

Por Ignacio Araya Pinto·12 de febrero de 2026·1 min de lectura
Imagen: canal2tv.com
Imagen referencial

Sr. Director:

El reciente video difundido desde México, donde una mujer se lanza deliberadamente frente a un vehículo en movimiento, ha generado un fuerte impacto público y reabre un debate que también interpela a nuestro ordenamiento jurídico. Más allá del dramatismo de las imágenes, este tipo de hechos obliga a reflexionar sobre cómo el derecho aborda los accidentes de tránsito cuando concurren conductas humanas extremas, imprevisibles y, en ocasiones, autolesivas.

En Chile, situaciones de esta naturaleza tensionan los principios clásicos de la responsabilidad civil y penal. La Ley de Tránsito, el Código Civil y el Código Penal se estructuran sobre la culpa, la previsibilidad del daño y el nexo causal. Por ello, la presunción de responsabilidad del conductor no puede entenderse como absoluta, pues admite prueba en contrario cuando el daño se explica por una conducta ajena, imprevisible y exclusiva de la propia víctima. El peatón, lejos de ser un sujeto pasivo del sistema vial, es también un actor normativamente obligado a conducirse con prudencia y cuidado.

Reducir estos casos a una imputación automática o a un juicio meramente moral no solo empobrece el análisis jurídico, sino que debilita una correcta comprensión de conceptos esenciales como la culpa concurrente, la causalidad adecuada y la responsabilidad por hecho propio. Al mismo tiempo, este fenómeno pone de relieve una dimensión preventiva que excede lo estrictamente dogmático y que involucra a la seguridad vial como política pública, incluyendo infraestructura, educación y detección temprana de situaciones de riesgo.

El derecho de tránsito no es un derecho menor. En él confluyen bienes jurídicos fundamentales como la vida, la integridad física y la confianza social. Abordar estos hechos con seriedad jurídica es también una forma de contribuir a la prevención de tragedias que no siempre pueden calificarse simplemente como accidentes.

Ignacio Araya Pinto

Abogado

Te puede interesar

Newsletter

Lo esencial del derecho, cada mañana

Fallos, proyectos de ley y análisis seleccionados por la redacción. Gratis en su correo.