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Cartas al Director

Jueces con agenda: El día que el Poder Judicial abandonó la imparcialidad

El texto cuestiona la participación de magistrados en una actividad realizada en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, advirtiendo que este tipo de intervenciones públicas podría afectar la percepción de imparcialidad judicial y profundizar la desconfianza ciudadana hacia el Poder Judicial.

Por Jorge Ravanales Arriagada·25 de mayo de 2026·2 min de lectura
Imagen: ChatGPT/Elke
Imagen referencial

El Poder Judicial chileno no solo ha perdido la vergüenza: ahora también la exhibe con orgullo.

Magistrados de la República participaron activamente en un acto político e ideológico organizado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, un espacio que no pretende ser neutral, sino que promueve un relato histórico unilateral y militante. Lejos de tratarse de una simple ceremonia protocolar, fue un homenaje explícito a jueces “comprometidos”, rodeados de organizaciones de víctimas y actores jurídicos alineados con una sola visión política del pasado chileno.

Ahí no hubo distancia institucional. Hubo poses, aplausos y complicidad. Jueces actuando como militantes de una causa, en un templo de la memoria selectiva que ignora sistemáticamente otras violencias políticas del siglo XX. Esa imagen resulta devastadora para la credibilidad de la justicia.

Un juez no tiene por qué ser un ser sin opiniones. Pero sí tiene la obligación sagrada de no exhibirlas públicamente de manera que comprometan su imparcialidad. Al posar como “héroes de la memoria” en un espacio ideológicamente cargado, estos magistrados enviaron un mensaje clarísimo: tienen agenda. Y esa agenda no es neutral.

La situación es especialmente grave porque muchos de ellos intervienen, o han intervenido, en causas de derechos humanos aún abiertas o políticamente sensibles. ¿Cómo puede un ciudadano común, especialmente quien no comparte esa visión histórica, creer que será tratado con ecuanimidad? La apariencia de imparcialidad no es un detalle secundario: es el fundamento mismo del Estado de Derecho. Y ese fundamento acaba de ser pisoteado.

El Poder Judicial ya no solo es percibido como lento o ineficiente. Ahora también es visto como parcial, capturado y militante. Una deriva peligrosa que transforma a los jueces en actores políticos con toga y fuero vitalicio.

Si la situación fuera inversa, jueces participando en actos de memoria sobre víctimas del terrorismo de izquierda, del MIR, del FPMR o de la violencia política previa y posterior a 1973, el escándalo sería inmediato y feroz. Se hablaría de complicidad, de negacionismo y se exigirían renuncias.

Pero como el activismo avanza en la dirección “correcta” para ciertos sectores, entonces se justifica bajo el concepto de “compromiso con los derechos humanos”. Esa hipocresía descarada es la que termina pudriendo las instituciones. La justicia no puede tener color político. Quien no lo entienda, simplemente no debería estar sentado en un tribunal.

Este episodio no es un error aislado. Es la expresión visible de una captura ideológica que viene avanzando desde hace años dentro del Poder Judicial. Mientras no existan límites claros, sanciones efectivas y una cultura institucional que priorice la neutralidad por sobre el activismo, la confianza pública seguirá derrumbándose.

Los chilenos no necesitamos jueces héroes ni jueces militantes. Necesitamos jueces. Nada más y nada menos. Mientras eso no vuelva a quedar claro, el Poder Judicial seguirá perdiendo legitimidad día tras día. Y Chile, como Estado de Derecho, terminará pagando las consecuencias.

Jorge Ravanales Arriagada

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