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Catorce años de la Ley de Identidad de Género: avances y retrocesos en el reconocimiento de derechos trans

Argentina sancionó en 2012 una norma pionera en Latinoamérica que permitió a personas trans ser reconocidas según su género autopercibido. Sin embargo, discursos de odio y medidas del actual gobierno amenazan los logros alcanzados.

Por Redacción·03 de junio de 2026
Crop anonymous African American male in casual clothes standing on street sidewalk with colorful rainbow ribbon in hand
Imagen referencial

La Ley de Identidad de Género (26.743), aprobada el 9 de mayo de 2012 en Argentina, marcó un hito en la región al garantizar que las personas trans fueran reconocidas por el Estado conforme a su identidad autopercibida, independientemente de su sexo biológico o legal.

Antes de su sanción, las personas travestis y trans se veían obligadas a identificarse en instituciones públicas y privadas —escuelas, centros de salud, lugares de trabajo— conforme a un nombre y género que no correspondía con su identidad. La normativa eliminó esa obligación, permitiendo cambios de identidad mediante un trámite ágil ante registros civiles.

Durante más de una década, la ley operó como referente internacional en materia de derechos de género. Sin embargo, el panorama jurídico y social ha comenzado a deteriorarse en los últimos años. El aumento de discursos de odio hacia la población LGBTIQ+, sumado a medidas administrativas del gobierno libertario de Javier Milei, genera un escenario de retroceso significativo.

Los analistas jurídicos advierten que decretos específicos del actual ejecutivo apuntan a restringir alcances de la norma, mientras que en espacios públicos y mediáticos proliferan narrativas discriminatorias contra personas trans. Este contexto representa una amenaza concreta a garantías consolidadas durante más de una década.

El balance de estos catorce años refleja tanto logros institucionalizados como vulnerabilidades permanentes. Mientras la ley permanece vigente en su texto, su aplicación efectiva enfrenta presiones políticas y sociales que cuestionan sus fundamentos. Expertos advierten que sin protecciones adicionales y voluntad política clara, los derechos alcanzados podrían erosionarse considerablemente.

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