Entrevistas
Nuevo liderazgo en derechos humanos en Chile
Ricardo Bravo Cornejo: “Chile debe recuperar el liderazgo en derechos humanos en América Latina”
El abogado penalista y académico Ricardo Bravo Cornejo destaca la necesidad de despolitizar la agenda de derechos humanos, fortalecer la institucionalidad, incidir en políticas públicas y proyectar a Chile como actor protagónico en foros internacionales de la región.

Por Elke von Loebenstein, Subdirectora Diario Constitucional
El abogado penalista y académico Ricardo Bravo Cornejo, reconocido por su destacada trayectoria en causas de alta connotación pública, asume la Dirección Internacional de la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos (CLDHU) en Chile con una visión clara: posicionar al país como un referente regional en la defensa y promoción de los derechos fundamentales.
Con experiencia activa en escenarios internacionales —incluyendo la Asamblea Nacional de Ecuador, proyectos conjuntos con Fuerzas Armadas y el Comando Conjunto de dicho país, y la participación en programas sociales de alto impacto— Bravo busca instalar a Chile como un actor protagónico en la agenda global de derechos humanos.
Ricardo, ¿cuál es la misión de la CLDHU y qué significa para usted liderarla en Chile?
La CLDHU es una organización internacional que tiene como propósito proteger y promover los derechos humanos en América Latina, articulando esfuerzos institucionales, sociales y estratégicos. Asumir su dirección en Chile representa una enorme responsabilidad, no solo jurídica sino también política y social.
En mi experiencia reciente, hemos avanzado en proyectos en Ecuador junto a las Fuerzas Armadas y el Comando Conjunto, enfocados en la protección de comunidades vulnerables y la cooperación regional en seguridad y derechos humanos. También hemos impulsado iniciativas sociales de gran alcance, que demuestran que la defensa de los derechos fundamentales no se limita a los tribunales: también se construye desde el territorio y la cooperación internacional.
Y quiero ser muy claro en esto: en Chile, lamentablemente, hablar de derechos humanos se ha transformado en hablar de ideología política, y eso es un error profundo. Los derechos humanos no pertenecen a un sector político, son principios universales que protegen a todas las personas, sin distinción. Que en nuestro país se asocie esta agenda a trincheras ideológicas demuestra lo sesgado y equivocado que es el concepto que tenemos a nivel nacional. Precisamente, una de nuestras tareas será despolitizar el discurso y devolverle a los derechos humanos su sentido más esencial: la defensa de la dignidad humana.
¿Cuáles son los principales objetivos estratégicos de su gestión al frente de la CLDHU en Chile?
Nuestra agenda se estructura en tres ejes fundamentales:
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Fortalecimiento institucional: queremos construir alianzas con universidades, colegios profesionales, organizaciones sociales y organismos públicos para que los derechos humanos no dependan solo de voluntades políticas, sino que se conviertan en una política de Estado sólida y transversal.
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Incidencia real en políticas públicas: no basta con declaraciones. Buscamos incidir directamente en procesos judiciales y legislativos, promoviendo estándares internacionales ante tribunales nacionales y organismos multilaterales
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Proyección internacional: Chile debe estar en la mesa donde se discuten los grandes temas regionales. Vamos a participar activamente en foros internacionales, misiones de observación y redes de articulación en América Latina y Europa.
Usted ha tenido presencia activa en espacios internacionales. ¿Cómo influye esa experiencia en su nueva función?
He tenido el honor de representar a Chile y a distintas causas en espacios como la Asamblea Nacional de Ecuador y otras instancias multilaterales donde se discuten políticas de derechos humanos y seguridad. Esa experiencia me permitió constatar que Chile tiene un capital moral y jurídico que no está aprovechando al máximo.
Desde esta dirección queremos reinstalar la voz de Chile en escenarios internacionales, no como espectador, sino como actor protagónico que impulsa soluciones, principios y políticas basadas en la dignidad y la justicia.
¿Cómo evalúa actualmente la situación de los derechos humanos en Chile?
Chile atraviesa un momento crucial. Existen avances importantes, pero también brechas profundas en acceso a la justicia, condiciones carcelarias, respeto a los pueblos originarios y protección de grupos vulnerables.
En mi experiencia como abogado penalista, he visto cómo las garantías procesales no siempre se respetan de manera uniforme, especialmente en casos de alta connotación pública. El Estado debe asumir un rol activo y garantista: los derechos humanos no se defienden con discursos, sino con acciones concretas y sostenidas.
Usted es reconocido por su trabajo en defensa penal de causas emblemáticas. ¿Cómo se conecta esa experiencia con esta nueva responsabilidad?
La defensa penal es, en esencia, defensa de derechos humanos. He representado casos complejos —algunos de ellos con fuerte impacto mediático— y eso me ha permitido conocer de cerca las fallas estructurales del sistema: desde la investigación hasta el cumplimiento de condenas.
La CLDHU tiene la capacidad de transformar esas experiencias individuales en agendas colectivas que impulsen cambios reales. Queremos visibilizar, incidir y elevar el estándar de protección de derechos en Chile y América Latina.
¿Qué proyección internacional visualiza para esta etapa?
Nuestra proyección es clara: posicionar a Chile como un referente regional en la defensa de los derechos humanos.
Queremos estrechar lazos con organismos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la ONU, la OEA y redes de la sociedad civil de América Latina y Europa.
Mi experiencia en instancias extranjeras nos da una plataforma concreta para proyectar la agenda chilena al mundo, generar cooperación y abrir caminos para que las denuncias, propuestas y buenas prácticas tengan eco internacional.
¿Qué mensaje le gustaría entregar a la comunidad jurídica y a la ciudadanía?
La defensa de los derechos humanos no es tarea exclusiva de los juristas: es una responsabilidad colectiva.
Necesitamos una ciudadanía activa, instituciones sólidas y una comunidad jurídica comprometida. Chile tiene todo para recuperar un rol histórico en esta materia, y desde la CLDHU vamos a trabajar para que eso ocurra.
Mi invitación es clara: sumémonos a este desafío común, para que la dignidad y la justicia no sean solo conceptos, sino realidades palpables.
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