Entrevistas
La salud mental como base del reconocimiento del derecho al cuidado
Patricio Baquedano Gajardo: “Independiente de los avances significativos que han existido en los últimos años, creo que aún se desconoce el derecho al cuidado tanto por parte de las personas cuidadoras como por las que no cuidan»
Baquedanoprofundiza en la dimensión psicológica del cuidado, sus desafíos, su impacto en la salud mental, y la necesidad de integrarlo en las políticas públicas. Desde la experiencia en terreno, se abordan los cambios culturales, sociales y emocionales que implica cuidar y ser cuidado, así como las estrategias urgentes para visibilizar y dignificar esta labor.

Por Valentina Palma Fuentes, Universidad Católica Silva Henríquez
En el actual contexto, donde el derecho al cuidado ha adquirido un reconocimiento creciente como un derecho humano autónomo, esta entrevista busca explorar sus dimensiones psicológicas desde una mirada especializada. A través de una serie de preguntas, abordamos aspectos clave como su definición desde la psicología, los criterios para implementar apoyos a cuidadores y personas dependientes, su evolución conceptual, la percepción social en Chile, los desafíos en el sistema de salud mental, los cambios culturales necesarios para su plena validación, así como las estrategias que permitan integrar el cuidado en las políticas públicas.
Para ello, conversamos con Patricio Baquedano Gajardo, psicólogo de la Red Local de Apoyos y Cuidados de la Municipalidad de Independencia, quien ofrece una mirada profunda y multifacética sobre la relevancia del cuidado en nuestra sociedad contemporánea, analizando sus implicancias psicológicas tanto para quienes ejercen esta labor como para quienes la reciben.
1. Desde la perspectiva de la psicología, ¿cómo se define el derecho al cuidado?
El derecho al cuidado se puede comprender como el visibilizar, nombrar y acompañar las necesidades de salud tanto físicas como mentales de quienes ejercen la labor de cuidar, como de quienes requieren de ser cuidados. Es esencial que se comience por nombrarse esto para reafirmar la existencia de esta realidad y que se amplíe más allá del hogar a nivel colectivo y social lo que se debe atender en términos de cuidado.
Lo que no se nombra no existe, y si no existe no se atiende. La validación de esa identidad ya cimienta un avance en términos de la autopercepción y autorrealización que necesitan las personas cuidadoras que muchas veces se sienten aisladas e incomprendidas y eso genera un factor de riesgo a la salud mental.
2. ¿Qué factores se evalúan previamente para comenzar a trabajar y desarrollar un apoyo, tanto a personas cuidadoras, como personas dependientes de cuidado?
Se deben evaluar factores como las redes de apoyo disponibles como sus familiares, amistades, e incluso vecinos, que puedan compartir las labores de cuidado.
Para ello se debe concientizar a la persona cuidadora de que esa responsabilidad no es exclusivamente de ella y validar sus emociones que muchas veces fluctúan entre la culpa, el cariño, y a veces la hostilidad que puede sentir hacia la persona cuidada.
Promover que delegue las labores de cuidado con otras personas de su confianza y aterrizar las expectativas acerca de cómo debe comportarse una persona cuidadora, explicando que no debe dejar de atender sus propias necesidades, y las consecuencias perjudiciales que esto puede tener para ella.
Por otra parte, a la persona dependiente hay que mostrarle que no hay nada de malo con dejarse apoyar en sus actividades de la vida diaria, muchas veces planteándose como que es parte de un ciclo en el que todos estaremos en algún momento, tanto como cuidador, como siendo cuidados. También que el poder ayudar en ocasiones genera una satisfacción para quien está otorgando eso.
Para la persona dependiente también hay un proceso de duelo respecto a la pérdida de autonomía, sin embargo, se deben considerar los intereses y las facultades que aun pueda conservar para proveerle un sentido de participación y propósito en sus rutinas de la vida diaria.
3. El derecho al cuidado ha alcanzado un reconocimiento progresivo y actualmente se encuentra consagrado como un derecho humano autónomo, tanto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), como por la legislación de distintos Estados. En el área de la psicología, ¿qué cambios ha experimentado el derecho al cuidado con el paso del tiempo?
Se ha visto una evolución considerable en la comprensión del derecho al cuidado y la salud mental, considerando que durante décadas ha sido un tema invisibilizado y al mismo tiempo una labor que se ha desarrollado al interior de cuatro paredes, cuando algo no se nombra es como si no existiera, y el hecho de que diferentes organismos tanto nacionales como internacionales estén trabajando en estudios y políticas para mejorar la calidad de vida de las personas dependientes y sus cuidadoras garantiza un buen pronóstico en la salud mental de ellas.
Muchas veces el ejecutar labores de cuidado podía ser una tarea que las mismas personas involucradas preferían reservar, hoy en día con el reconocimiento y la mención de esta realidad es algo que las personas pueden admirar, aprender e incluso mencionar con orgullo y eso es un avance importantísimo en términos salud mental.
4. En la actualidad, según su experiencia, ¿cómo la sociedad chilena percibe el derecho al cuidado?
Independiente de los avances significativos que han existido en los últimos años, creo que aún se desconoce el derecho al cuidado tanto por parte de las personas cuidadoras como por las que no cuidan.
Desde la mirada de quienes no se han involucrado en esta labor creo que hay opiniones divididas, por una parte, hay gente que admira mucho la dedicación que las personas cuidadoras destinan a sus familiares dependientes, y por otro lado, se ve mucho el rechazo a esa labor con frases como “yo no podría” o “no sé cómo lo haría” a veces desde la lástima.
Además, cuando se está desde la otra vereda se ve esa admiración o reconocimiento a la persona que cuida, pero cuando se necesita el apoyo no se ofrece la ayuda o el acompañamiento que requieren por parte de ellos. Si bien también a las personas cuidadoras hay que incitarlas a que acudan a otras personas dándoles a entender que no hay nada de malo en pedir ayuda, tampoco se ve la iniciativa de los cercanos a poder contribuir al bienestar de ellas. Aún existen personas muy individualistas y como sociedad estamos al debe en esto.
5. ¿Qué desafíos observa en el sistema de salud mental respecto al reconocimiento del derecho al cuidado?
Creo que debería existir un acompañamiento más constante y por lo mismo existir más profesionales de la salud mental disponibles para quienes necesitan ayuda. El sistema de salud pública la mayor parte del tiempo cuenta con demasiada población afectada, y es por lo mismo que las atenciones son muy distantes entre sí, lo que significa un apoyo en ocasiones insuficiente.
También se deben generar espacios colectivos con personas cuidadoras porque si bien los psicólogos y psiquiatras podemos brindar herramientas y acompañamiento, cuando las personas cuidadoras conocen otras realidades semejantes a las suyas se sienten menos solas y pueden generar una red de apoyo con otras personas cuidadoras que llevan más tiempo cuidando, enseñándose mutuamente y validándose, entendiendo que eso que les ocurre, no solo les pasa a ellas y que está bien no estar siempre bien.
6. ¿Qué cambios culturales considera necesarios para reconocerlo como un derecho humano?
Es necesario partir de la premisa de que el rol de los cuidados está muy feminizado y eso está atravesando por una cultura patriarcal, en ocasiones he escuchado que muchas personas cuidadoras dicen que las mujeres hacen mejor esa labor que los hombres o que si ellas llegaran a ser dependiente hubieran preferido tener hijas que hijos para que las cuiden mejor, desconfiando del desempeño de cómo pueden ser cuidadas por sus hijos en comparación a sus hijas, y actualmente en Chile las personas cuidadoras son alrededor del 90% mujeres y el 10% restante hombres.
Para eso es necesario un cambio sustancial, partiendo porque los hombres ocupemos más espacios domésticos y de cuidados, reconociendo que si hay hombres que pueden sostener una casa y una familia económicamente es justamente porque tienen al lado a una mujer que está dedicándose a todo lo que ellos no hacen, hay un complemento y los roles deberían alternarse si queremos que ambos podamos generar ingresos, entonces ambos tenemos que dedicarnos a las labores domésticas y a nuestros familiares dependientes. Se repite el discurso “bueno, pero si tu estas en la casa todo el día” desconociendo lo sacrificado y desgastante de esta labor sin descanso y eso es urgente que cambie.
7. Según su experiencia, ¿qué estrategias podrían implementarse para integrar el cuidado en las políticas públicas desde una mirada psicológica?
Una estrategia importante sería poder brindar capacitaciones a las personas cuidadoras respecto a cómo cuidar a sus familiares y a sí mismos, el facilitar la formación técnica o profesional de manera remota a las personas cuidadoras y para eso es necesario interiorizarlas en la alfabetización digital, que puedan acceder en línea a material educativo y cursos tanto para cuidar como para poder iniciar emprendimientos, creo que durante la pandemia se estuvo fortaleciendo mucho el trabajo remoto y se demostró internacionalmente que eso puede funcionar pero una vez que eso se detuvo no se mantuvo esa dinámica.
Creo que algunas de las necesidades más desatendidas de las personas cuidadoras es el poder generar ingresos económicos desde su casa y el poder acudir a cursos en línea para su desarrollo personal y profesional y si bien existen algunas de estas estrategias, la mayoría son de manera hibrida lo que implica que aun así deben participar presencialmente o de manera sincrónica lo que significa que deben estar en el momento justo y a la hora justa para acceder a estas capacitaciones. Las personas cuidadoras no piden que les regalen las cosas, quieren que les brinden acompañamiento y oportunidades.
También es necesario fortalecer el sistema de salud y que se facilite el que los profesionales puedan acercarse a los domicilios y no al revés para que sus necesidades sean atendidas de manera integral.
8. Finalmente, ¿por qué es importante hablar del cuidado como un derecho y no solo como una responsabilidad familiar?
Es importante debido a que nadie está exento de atravesar una situación de cuidados, tanto del lado de quien cuida como de quien es cuidado.
También es necesario, que como sociedad nos interioricemos cada vez más a una realidad que va en aumento. Hoy en día son menos las personas que están teniendo hijos y las expectativas de vida son mayores al punto tal de que se pronostica que en Chile para el año 2050 un tercio de la población va a corresponder a personas mayores, pero el hecho de que haya más expectativa de vida no garantiza que sea con un mejor pasar, es por ese motivo que es relevante considerar que tarde o temprano vamos a cuidar a alguien o ser cuidados por alguien, y esta labor debe ampliarse más allá del espacio doméstico. Debe generarse conciencia social para que la comunidad se involucre en el cuidado de quienes son dependientes y de quienes están cuidando, somos seres sociales e interdependientes y este es un tema que debe hablarse desde la niñez en adelante para adentrarnos en cómo va a funcionar la sociedad más adelante, para que nadie más se sienta sola en esta sacrificada tarea.
Temas
Te puede interesar

Entrevistas
Juan Andrés Orrego: «Soy un firme partidario de la recodificación y de la modernización, aunque mesurada, del Código de Bello»

Entrevistas
Sergio Gamonal: “El desempeño económico está desconectado de la protección laboral. No existe ni hay un impacto directo y medible»

Entrevistas
Nelson Gallardo Benavides: «La buena fe, por sí sola, no basta para reconocer la teoría de la imprevisión»

Entrevistas
Gabriel Hernández Paulsen: “Nuestro proyecto simboliza una nueva etapa para la Escuela de Derecho”
Newsletter
Lo esencial del derecho, cada mañana
Fallos, proyectos de ley y análisis seleccionados por la redacción. Gratis en su correo.