Cartas al Director
Prohibir no es educar. La paradoja de desconectar a una generación que nació conectada.
La reciente aprobación del Senado a la ley que prohíbe el uso de celulares en colegios reabre un debate de fondo: cómo educar en una era digital sin excluir las herramientas que hoy configuran la identidad, el aprendizaje y la vida social de niñas, niños y adolescentes. Mientras organismos internacionales recomiendan regular y acompañar —no prohibir—, especialistas advierten que una política sin equidad tecnológica ni participación estudiantil profundiza la desconexión entre escuela y realidad, ampliando brechas y debilitando la formación ciudadana y digital que el propio currículum exige.

El Senado aprobó recientemente el proyecto que prohíbe el uso de celulares en los establecimientos educacionales, desde educación parvularia hasta cuarto medio.
Apagar la tecnología para que una generación digital aprenda, es como silenciar la voz de quien intenta comunicarse. Nacieron conectados; acompañarlos no es prohibir, es guiar hacia un uso consciente y significativo. La prohibición puede ordenarnos por un momento, pero si evitamos educar en el uso consciente y acompañado de la tecnología, negamos a nuestros estudiantes la posibilidad de adaptarse al mundo que ya habitan. Educar no es apagar lo incómodo, es aprender a mirarlo y transformarlo.
Para niñas, niños y adolescentes desde 7° básico a 4° medio, el celular no es solo un dispositivo: es parte de su identidad social, su manera de aprender, vincularse, investigar y expresar emociones. Imponer la prohibición mediante una lógica análoga y sin participación estudiantil provoca desconexión.
**Como plantea Humberto Maturana: “Debido al carácter conservador de todo sistema social, la innovación social es resistida… Todo cambio social es cultural.”**Los sistemas sociales la escuela, la política, la familia preservan lo conocido. En educación, cuando proponemos introducir IA o transformar paradigmas inclusivos, la respuesta suele ser normativa. Innovar no es imponer, es invitar.
Los y las estudiantes nativos digitales ya viven desde esa innovación; la escuela se resiste. En adolescencia, etapa de autonomía e identidad, una prohibición rígida sin sentido pedagógico genera oposición y desafección. El mensaje que reciben: “la escuela no entiende cómo aprendemos”.
La UNESCO dice***“Regular sí, excluir no”.*** En 2024, el 40 % de los sistemas educativos regulaba el uso de celulares (30 % en 2023), con equidad digital, apoyo pedagógico y estrategias de regulación emocional, 1.800 millones de personas en zonas rurales no tienen conectividad adecuada, y entre el 50 % y 60 % de las escuelas del mundo no cuentan con internet estable. En áreas rurales o vulnerables, el celular es a veces el único recurso digital. Prohibirlo sin alternativas los expulsa del aprendizaje contemporáneo. Mientras tanto, colegios privados lo reemplazan con tecnología e IA: aumenta la desigualdad.
Expertos en salud mental advierten que los efectos psicológicos asociados al uso excesivo de tecnología son responsabilidad de los adultos del hogar. Excluir el celular en la escuela no resolverá el problema si madres, padres o cuidadores no establecen límites saludables. La escuela educa y orienta, pero no puede asumir roles exclusivos de la familia. Entonces, ¿realmente creemos que desconectándolos estamos educando… o solo controlando?
El currículum nacional exige desarrollar pensamiento crítico, ciudadanía digital, resolución de problemas, trabajo colaborativo y comprensión de IA. ¿Cómo hacerlo sin acceso a tecnología?
Prohibir da una sensación momentánea de control, pero educar es acompañar, orientar y enseñar a autorregularse. Para mejorar convivencia o disminuir violencia escolar, el camino es vínculo, diálogo y uso consciente de herramientas que forman parte de su identidad.
La OCDE advierte: en 10 años, el 65 % de los empleos requerirá competencias digitales. Esta ley, sin política integral de equidad, formará estudiantes desconectados de su futuro. Mientras el mundo avanza hacia la IA y la neuroeducación, Chile discute cómo prohibir el celular.
Prohibir no es educar. Si queremos preparar a esta generación para el mundo que viene, debemos acompañarla, no desconectarla. La escuela debe enseñar a usar tecnología con responsabilidad, no sancionar por pertenecer a su tiempo.
La verdadera política pública no expulsa el celular: garantiza acceso, orientación y herramientas para aprender con él.
“Cuando innovamos sin escuchar, controlamos. Cuando innovamos desde el respeto y la confianza, evolucionamos juntos. La educación ocurre cuando permitimos que el otro exista plenamente en la experiencia de aprender. Humanicemos la educación desde el convivir, el amor y respeto.”
Angélica Beltrán Rojas
Educadora Diferencial
Magíster en Educación
Asesora en Innovación y Transformación Educativa
Bibliografía
UNESCO (2025). Recomendaciones sobre uso de tecnologías digitales en educación.
OCDE (2025). Perspectivas sobre habilidades digitales y empleo.
Maturana, H. (1995). El sentido de lo humano.
Maturana, H. (2025). Transformación en la convivencia.
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