Cartas al Director
La carga invisible: mujeres, maternidad y violencia en procesos legales
Enfrentar procesos legales familiares en contextos de violencia implica para muchas mujeres una sobrecarga emocional, económica y física. Entre el temor por la seguridad de sus hijos, la presión laboral y la falta de apoyo estatal, miles de madres viven en una situación de extrema vulnerabilidad que el sistema aún no reconoce ni aborda con eficacia.

Como sociedad, aún no tenemos conciencia real de lo que significa para muchas mujeres enfrentar procesos legales relacionados con violencia intrafamiliar o situaciones familiares complejas. Gran cantidad de mujeres desconocen lo que implica vivir estas experiencias, que solemos ver a diario en noticieros o matinales, pero que son totalmente diferentes cuando se experimentan en la vida real.
La maternidad, especialmente de niños pequeños, implica una gran dedicación, preocupación y esfuerzo constante. Cuando además la mujer enfrenta conflictos legales familiares, la situación se vuelve aún más compleja: muchas veces estas circunstancias reflejan intentos de revancha por rupturas de relación, utilizando a los hijos como instrumento. Cuidar de los niños, rendir en el trabajo o en los estudios, mantener la casa y, al mismo tiempo, lidiar con procesos legales y administrativos, es una carga enorme y extremadamente difícil de sostener, tanto emocional como físicamente.
A esto se suma el desgaste económico: muchas madres deben mantener los gastos diarios de sus hijos mientras reciben apoyos insuficientes o con retrasos, lo que implica cubrir de su propio bolsillo estos faltantes. Además, muchas deben pagar por su defensa jurídica para que sea más efectiva, o porque no cumplen con los requisitos para acogerse a organismos estatales que brindan apoyo gratuito. Esto incrementa aún más la presión y vulnerabilidad de la mujer.
La presión es también mental y constante: rendir en las actividades diarias en el trabajo, los estudios y el cuidado de los hijos mientras se vive con la incertidumbre y el temor de que los niños puedan ser quitados o que deban entregárselos por régimen de visitas a hombres que enfrentan causas por violencia intrafamiliar, genera un estrés límite que afecta la capacidad de la madre para sostener su vida y la de sus hijos.
Si bien en procesos penales el agresor y la víctima están separados, en muchos otros procesos legales familiares o administrativos esta separación no siempre ocurre. Los testigos o acompañantes de los agresores, por ejemplo, pueden estar en los mismos espacios que la víctima, exponiéndola a situaciones de riesgo físico o verbal. Además, compartir espacios con las personas denunciadas genera miedo e inseguridad, dificultando que la víctima pueda actuar o relatar los hechos con tranquilidad y preservar su integridad y estabilidad emocional. En muchos casos, estas personas y sus acompañantes recurren a tácticas de intimidación, reforzando el temor y el silencio de las mujeres.
Estas condiciones ponen a las mujeres en una situación de vulnerabilidad extrema. Es urgente reconocer la necesidad de medidas concretas que garanticen la seguridad, integridad y bienestar de las mujeres y sus familias, así como también un sistema que asegure el cumplimiento efectivo de apoyos económicos y el acceso a una defensa jurídica efectiva, para aliviar la carga económica, mental y emocional que recae sobre ellas.
Claudia Serrano
Nutricionista Materno-Infantil
Con formación en Derecho de la Infancia
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