Cartas al Director
El costo ideológico de las campañas
El análisis advierte cómo el consumo de contenido electoral se transforma en un fenómeno emocional y persistente, donde los discursos, la propaganda digital y el uso de inteligencia artificial moldean percepciones y generan efectos ideológicos duraderos. Plantea la necesidad de revisar los límites éticos de las campañas y cuestionar si los votantes siguen actuando como ciudadanos o si han sido convertidos en clientes dentro de un mercado político cada vez más tecnificado.

Resulta bastante interesante contemplar el fenómeno de las elecciones, sobre todo el consumo de contenido propagandístico.
Hace poco tiempo hubo ocho candidatos disputándose La Moneda, hoy hay solo dos candidaturas, pero ¿Qué ocurrió con el contenido de las campañas? Parece ser que, al igual que un producto con vida útil, las campañas de los demás candidatos cumplieron su ciclo y ya su consumo no es necesario para una buena parte de la sociedad chilena. Sin embargo, algo permanece dentro del consumo electoral: los discursos que se instalaron en la mente de las personas. Esto es algo que al parecer quienes intentan resguardar la democracia no ven o no le dan la suficiente atención o preocupación.
En este contexto, preocupa el mensaje que queda en la mente de las personas, aquella propaganda que se instaló en su cabeza, la cual da una visión de mundo que condiciona para bien o para mal su existencia. Por ejemplo, difusión de información falsa, videos e imágenes creados con inteligencia artificial, muchas veces denigrando a alguien.
¿Quién se hace responsable de las secuelas ideológicas que esto pueda traer? ¿Estamos preparados para pensar y cuestionar los límites éticos de las campañas políticas? Quizás sea positivo revisar si tiene sentido mantener las mismas dinámicas electorales, reflexionando sobre su impacto.
A esto se suma la creciente apropiación del contenido por internet de líderes políticos y grupos para la difusión de ideologías en redes sociales bajo mensajes cuyo objetivo es “convencer al electorado para obtener su voto”, con la convicción, bastante carismática, de “construir un mundo mejor”, pero ¿cuál es ese mundo mejor? ¿Qué entiende por mundo mejor? ¿Su paraíso o utopía es el mismo que tengo en mi mente?
Por supuesto, es la estrategia de comunicación emocional que usan las candidaturas en campaña para promover el voto militante, lo que estimula el consumo de “un cliente fidelizado”. Frente a esto cabe preguntarse si en Chile seguimos teniendo votantes, o, más bien, nos hemos convertido en clientes que ven en un candidato la posibilidad de satisfacer una necesidad, igual que cualquier empresa.
Jesús Astudillo
Magister (c) Filosofía
Ingeniero Comercial
Contador Auditor
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