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Cartas al Director

Soberanía no es impunidad: las contradicciones del discurso antiimperialista frente a Venezuela

La reacción de parte de la izquierda latinoamericana ante la actuación de Estados Unidos frente al régimen de Nicolás Maduro revela una lectura errada del derecho internacional y del concepto de soberanía, que termina por confundir la defensa de principios jurídicos con la justificación de un autoritarismo que ha vaciado de contenido la democracia y el Estado de Derecho en Venezuela.

Por Mijail Martinez Pardo·08 de enero de 2026·2 min de lectura
Imagen: prensared.org.ar
Imagen referencial

La actuación estadounidense frente al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela ha reactivado una serie de argumentos recurrentes en la izquierda latinoamericana que resultan, en lo esencial, errados y contradictorios. Las acusaciones de “imperialismo” y de “violación de la soberanía venezolana” se sostienen sobre conceptos difusos y un uso instrumental del derecho internacional, que omite deliberadamente la naturaleza autoritaria del régimen y los fundamentos jurídicos que habilitan la respuesta internacional.

En primer lugar, existe una noción profundamente equivocada de soberanía. Amplios sectores de la izquierda tienden a equiparar soberanía con el control absoluto del aparato estatal por parte de un gobierno de facto, ignorando que, en la tradición moderna, la soberanía está inseparablemente ligada a la legitimidad democrática, al respeto del Estado de Derecho y a la soberanía popular. Un régimen que anula elecciones competitivas, persigue a la oposición y captura las instituciones no encarna soberanía, sino su negación.

En segundo término, se confunde deliberadamente la intervención militar con la imputación judicial internacional. Las acciones orientadas a la persecución penal de crímenes de lesa humanidad, ya sea mediante tribunales internacionales o mecanismos de jurisdicción universal, no constituyen una agresión armada ni una ocupación extranjera. Son, por el contrario, instrumentos jurídicos creados precisamente para limitar el poder arbitrario de los Estados cuando estos se convierten en victimarios de su propia población.

Una tercera inconsistencia es de carácter moral. Quienes se proclaman defensores del antiimperialismo toleran, y en ocasiones justifican, la destrucción del Estado de Derecho y de la soberanía popular en Venezuela, siempre que el régimen se autodefina como “antiimperialista” y dirija su retórica contra Estados Unidos. La vara moral cambia según el adversario, no según los principios.

A ello se suma el persistente mito del petróleo. La idea de que la política internacional hacia Venezuela se explica principalmente por el interés energético funciona más como un recurso simbólico que como un análisis económico serio. En la práctica, el peso del petróleo venezolano en los mercados globales es hoy marginal, y su instrumentalización discursiva busca encubrir la discusión de fondo: la crisis humanitaria, institucional y democrática del país.

Finalmente, resulta evidente una contradicción teórica más profunda. Buena parte de la izquierda recurre a categorías modernas occidentales, como soberanía estatal, autodeterminación o legalidad internacional, categorías que históricamente ha cuestionado o relativizado, utilizándolas ahora de manera selectiva para proteger a un régimen autoritario afín en lo ideológico.

Defender la soberanía no puede significar blindar la tiranía. Confundir ambos conceptos no solo empobrece el debate político, sino que contribuye activamente a la normalización del autoritarismo en nombre de consignas vacías.

Rodrigo Salinas Rojas

Coordinador Local – EsLibertad Chile

Mijail Martinez Pardo

Coordinador Local – EsLibertad Bolivia

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