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Cartas al Director

Los desafíos del PDG

El avance electoral del PDG lo consolida como un actor decisivo en el escenario político chileno, pero también lo enfrenta al desafío de mantener su identidad antiélite sin quedar atrapado en las dinámicas tradicionales que critica. Mientras Jeannette Jara y José Antonio Kast buscan seducir a su electorado, el partido deberá equilibrar su influencia con la coherencia que le ha permitido crecer.

Por Redacción·22 de noviembre de 2025·1 min de lectura
Los desafíos del PDG
Imagen referencial

El resultado obtenido este domingo ha instalado al PDG como un actor relevante en la política chilena a pesar de su mala experiencia en el balotaje anterior.

Si antes el mundo político tradicional lo observaba con distancia, hoy sus principales figuras desfilan por los medios de comunicación, posicionándose como actores relevantes en la discusión pública.

No obstante, el PDG debe ser cuidadoso. Su mayor fortaleza también puede convertirse en su mayor vulnerabilidad. Su discurso crítico hacia la élite política y su estructura ajena a las lógicas tradicionales le han dado impulso, pero al mismo tiempo dificultan su incorporación a una coalición de gobierno u oposición.

No es posible construir credibilidad desde la denuncia a las élites y, acto seguido, sumarse a ellas sin pagar un costo político que podría ser letal; la historia reciente demuestra cómo varios partidos perdieron identidad y adhesión al alejarse de su propia esencia.

En ese sentido, Franco Parisi no se equivoca al plantear que los candidatos de segunda vuelta deben conquistar a su electorado. Integrarlo formalmente a una de las campañas probablemente no movería la aguja y, en cambio, podría perjudicarlo.

El primer golpe lo dio Jeannette Jara, quien, sin dudar, incorporó a su programa propuestas de los candidatos derrotados, incluido Parisi, buscando ampliar su alcance. Si José Antonio Kast pretende crecer hacia ese mismo sector, deberá hacerlo apelando directamente a las bases del PDG y no a sus figuras, pues su discurso anti élite dificulta cualquier integración al gobierno sin sacrificar la credibilidad que han construido.

Lo cierto es que el PDG llegó para quedarse. Y si la política tradicional no corrige el rumbo, no sería extraño que, en cuatro años más, sea Franco Parisi quien pase a segunda vuelta o incluso, logre la presidencia de Chile.

Manuel Infante

Coordinador de Alianzas Formativas

Instituto Res Publica

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