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Cartas al Director

Legislar con evidencia: entre la intención y la eficacia

Toda ley debe ser evaluada no solo por sus fines declarados, sino por su capacidad real de alcanzarlos. Diseñar normas sin considerar datos empíricos puede comprometer tanto su legitimidad como su efectividad.

Por Redacción·29 de junio de 2025·1 min de lectura
Imagen: eltipografo.cl
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Toda ley debe estar diseñada del modo más adecuado posible para cumplir el propósito para el que fue creada. Esto es un punto en el que todos deberíamos estar de acuerdo.

En consecuencia, la eficacia de una ley puede evaluarse según su capacidad para alcanzar dicho propósito. Si no lo logra, la ley resulta ineficaz y, por ende, inapropiada para el fin que busca realizar. En este sentido, la evidencia debe guiar la reflexión legislativa y orientar, de la mejor manera posible, la producción normativa. Diseñar leyes sin considerar datos empíricos sobre su impacto, efectividad o implementación no solo compromete su legitimidad, sino también su capacidad real de transformar la realidad que pretende regular.

Por ejemplo, la ley “Papito Corazón” demuestra cómo una disposición legal basada en la evidencia puede cumplir eficazmente su objetivo y generar un impacto concreto en la protección del interés superior de niños, niñas y adolescentes. Este es un buen ejemplo de política pública.

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