Cartas al Director
Las Cortes y la Academia
La distancia entre el mundo judicial y el académico responde a diferencias profundas en sus métodos, objetivos y tiempos. Sin embargo, un diálogo más abierto y estructurado entre ambos podría enriquecer la calidad de las decisiones judiciales y fortalecer el Estado de derecho.

Entre las altas Cortes de los sistemas judiciales latinoamericanos y el mundo académico hay una relación familiar con múltiples desencuentros. Entre estos dos mundos hay racionalidades y enfoques metodológicos muy diferentes. Además, los objetivos, los tiempos y las intensidades de trabajo son muy distintos. Sin duda, la investigación científica es mucho más exigente desde el punto de vista epistemológico. Además, los productos de investigación pasan por filtros muy rigurosos y, en muchas ocasiones, se hacen con muy pocos recursos. Sin embargo, el trabajo judicial es muy intenso y exige pronunciamientos en tiempos relativamente reducidos, lo que conlleva a un gran desgaste del personal judicial.
Los desencuentros entre estos campos no logran resolverse con la simple circulación de personal entre el aparato judicial y el docente-investigativo. Al contrario, una mejor dialéctica entre el mundo judicial y académico puede superar estos factores de distanciamiento. El principal reto es generar y respaldar oportunidades de confluencia. Así, por ejemplo, sucede en Alemania, donde los Catedráticos puedan integrar los Tribunales. Con esto se busca cualificar las discusiones jurídicas, especialmente en los debates sostenidos por jueces plurales (Salas o Cortes). Esto plantea un gran desafío para los directores de despachos judiciales: se trata de fomentar y apoyar la integración, por medio de diálogos pacientes y la debida orientación de las diferencias de opinión. No es solo la orientación a resultados en determinados plazos, sino, mejor aún, de una más amplia problematización de los fundamentos de decisión.
Sin duda alguna, ello requiere una mayor apertura conceptual y metodológica de los involucrados en este diálogo. En el fondo, se trata de un enriquecimiento discursivo recíproco a nivel jurídico. Una mejor recepción dialéctica entre los funcionarios de estos dos mundos redundaría en un fortalecimiento de la justicia y el Estado de derecho.
John Zuluaga
Académico de la Facultad de Derecho UNAB
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