Cartas al Director
La instrumentalización del miedo: límites y déficits del debate sobre seguridad en Chile
El uso político del miedo ha convertido la inseguridad en un recurso electoral recurrente, simplificando un fenómeno complejo y desplazando soluciones de largo plazo en favor de respuestas inmediatas que no abordan las causas estructurales del delito.

Cada ciclo presidencial trae consigo una serie de temas que los candidatos priorizan para conectar con las inquietudes de los ciudadanos. Sin embargo, actualmente, existe un fenómeno que se repite: el abuso del discurso sobre la inseguridad como herramienta política. Si bien, este último asunto, es relevante y legítimo, se ha convertido en una estrategia política para activar emociones, generar temor, y movilizar el apoyo a través de este último.
De esta manera, los distintos discursos presidenciales simplifican un fenómeno extremadamente complejo. Es cierto que Chile enfrenta desafíos en materia de seguridad, pero convertir estos últimos en una estrategia únicamente política para conseguir el apoyo de la ciudadanía, no solo retuerce la realidad, sino que empobrece el debate democratico. Se difunde la imagen de un país al borde de la ruina, mientras se abandonan cifras reales, avances institucionales, y por sobre todo, las causas que originan el problema, desatendiendo a su vez, la propuesta de soluciones efectivas para combatir la raíz del problema.
Entonces, la verdadera problemática surge cuando las soluciones propuestas se limitan únicamente a acciones de corto plazo incapaces de enfrentar las raíces socioeconómicas del fenómeno criminal: deserción escolar, falta de oportunidades laborales, desigualdad territorial, sistemas de rehabilitación colapsados, entre otras.
El desenlace es evidente, se privilegian iniciativas que resultan atractivas en el discurso, pero, en definitiva, el impacto real es limitado. Las penas se endurecen sin un análisis respecto a su eficacia, los operativos policiales se anuncian con fuerza mediática pero suelen desaparecer tras los primeros días, y los planes de contingencia se reemplazan constantemente con cada cambio de autoridad. En consecuencia, predomina la inmediatez por sobre la consistencia técnica y la apariencia de acción por encima de las políticas basadas en evidencia.
En síntesis, el desafío central consiste en abandonar la dinámica de las respuestas inmediatas y avanzar hacia un enfoque integral que permita abordar las múltiples dimensiones de la inseguridad. Ello exige diagnósticos rigurosos, políticas públicas sostenidas en evidencia empírica y una voluntad institucional que trascienda los ciclos electorales. Mientras el debate permanezca anclado en soluciones reactivas y discursos orientados a capitalizar el temor ciudadano, la brecha entre la percepción y la realidad de la seguridad seguirá ampliándose.
Valentina Palma Fuentes
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