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Cartas al Director

Juramento a la bandera

La opinión reivindica el sentido histórico, espiritual y patriótico del Juramento a la Bandera, y sostiene que esta fecha debe abrir una reflexión sobre la situación de militares condenados por hechos recientes y pasados, especialmente aquellos de avanzada edad o con enfermedades graves.

Por Redacción·09 de julio de 2026·1 min de lectura
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Una de las tradiciones más enraizadas en el alma de los hombres de armas, es el Juramento a la Bandera. No es un mero acto formal como muchos pueden creer, sino, es una promesa solemne y sagrada que trasunta la espiritualidad del soldado en su compromiso de honor y lealtad para con la Patria. Instaurado en 1898, se lleva a efecto anualmente en una fecha en que se conmemora el aniversario del Combate de La Concepción -en la sierra peruana- un 9 y 10 de julio de 1882, y que culminó con el sacrificio de la vida de los 77 chilenos, antes de optar por la rendición demandada por un adversario inmensamente superior.

Al final de su texto el juramento “hecho por Dios y por esta bandera” señala: “Obedecer con prontitud y puntualidad las órdenes de mis superiores y poner todo empeño en ser un soldado valiente, honrado y amante de mi Patria” Es en virtud de este juramento que, existe personal uniformado que se encuentra cumpliendo condenas por los hechos de octubre del 2019; y por situaciones acontecidas hace más de medio siglo -una decena que eran menores de edad en esa fecha- y cientos que hoy ancianos, enfermos, seniles y con edades que algunos casos superan los 80 y 90 años, esperan del presidente Kast que haga uso de sus facultades conforme a lo prometido. Es cierto que cada día tiene su afán y esta es una fecha propicia.

Fernando Hormazábal Díaz

General de Brigada (R)

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