Cartas al Director
Familia, Estado y sociedad: las responsabilidades detrás de la violencia adolescente
La opinión sostiene que la criminalidad adolescente es consecuencia de años de abandono institucional, familiar y social, y plantea que cualquier política pública debe combinar respuestas inmediatas frente a delitos graves con una estrategia preventiva de largo plazo. El texto advierte sobre la crisis de referentes familiares, la influencia de mensajes que normalizan la delincuencia, las fallas de instituciones de protección y la necesidad de invertir en estabilidad, salud mental, educación, liderazgos positivos y proyectos de vida para niños y adolescentes en riesgo.

Respuesta a carta Muerte de niño en encerrona reabre debate sobre eficacia de la justicia penal adolescente, de Carol Fontena
Estamos viviendo, en materia de criminalidad adolescente, el fruto de años de abandono, tanto de la ley como de quienes gobernaron. Cualquier intento de abordar y trabajar contra esa catástrofe, debe considerar, paralelamente, el estado extremo de las cosas. El Derecho es visto por la población como una entelequia, en lugar de sentirlo como una herramienta básica de convivencia. Todos necesitamos normas-meditadas y consensuadas- para no lesionar los derechos de otros. ¿Para qué? para que ese “otro” no lesione los nuestros,para poder ir tranquilos por la calle, para estar tranquilos en nuestras propias casas, cada día, bajo una misma Nación.
Ni siquiera tenemos nociones concretas de Familia, ese núcleo que recibe y debería cuidar al nuevo ser que viene al mundo; entonces, ¿quiénes le comunican valores y principios?¿Quién le dirá que hay que respetar al otro?La única manera de enseñar es mediante el ejemplo…“mi mamá dice que no está” puede ser el primer peldaño de una enseñanza errada. La “familia extendida” podría proporcionar algún tío o abuela que supervisara a los niños si los padres no están. Pero hoy, las familias son reducidas, las nuevas viviendas son “ cajas de fósforos”: no hay lugares para pensar, leer o escuchar fábulas con moraleja y todo.
Muchos medios de comunicación han hecho lo suyo: mensajes subliminales y explícitos aceptan que “delinquir es un trabajo”, el que roba o asesina y no es descubierto, es un “héroe”;quien mata por “conseguir” reivindicaciones sociales de otros, reivindicaciones que nunca ven la luz, son mostrados como verdaderos ejemplos. Todos quieren ser como ellos. Y algunos adultos (y muy adultos) les susurran al oído a los jóvenes que, en vez de asumir la ridícula tarea de “portarse bien”, pueden alcanzar fama y reconocimiento instantáneo, “aprovechándose de una Sociedad injusta que los reprime”. Toda esa distorsión no termina ahí: comerciantes, sacerdotes, jueces, autoridades, líderes sociales, entre otros, cuyos delitos son silenciados, tapados bajo la alfombra y en suma, no penalizados, terminan funcionando como un suelo lleno de púas para quien quiera transitar por la senda del buen comportamiento.
Instituciones que, en teoría, debiesen velar por los niños abandonados, ya sea porque sus padres fallecieron, están presos o simplemente, porque no quieren hacerse cargo de ellos, mezclan desde temprana edad a menores inocentes e inexpertos sexuales, con otros ya consagrados en el delito y en la promiscuidad sexual. Entonces, sobreviene otro problema: “unos y otros”, ¿entenderán lo que (les) sucede? ¿Comprenderán las consecuencias? Y aquellos adultos a cargo, que en su mayoría no están capacitados para ser “formadores de nuevas generaciones” ni mucho menos, ¿comprenderán la responsabilidad de estar en una misión como esa? ¿Comprenderán nuestras autoridades que no todos debiésemos ser “iguales” ante la ley, sino que, a mayor figuración, cultura y responsabilidad, mayor debiese ser la pena que les corresponda si delinquen?
Por experiencia, aprendí que los niños no necesariamente necesitan padre y madre para desarrollarse. Necesitan estabilidad: un lugar fijo donde vivir, las mínimas peleas posibles, comida, baño y sueño a sus horas, juegos, atenciones en salud, no sólo física sino también mental. Una enorme variedad de niños que viven en hogares de acogida, tiene enfermedades serias, físicas y mentales, que requieren atención periódica. En suma, aunque no tengan- o aun si los tienen- a sus padres biológicos, necesitan ser importantes para alguien. Es una suerte tener un “líder positivo”, pero lo más frecuente es que el “líder sea negativo” dentro de esas instituciones o en recintos penitenciarios.
El “reformador”, por su parte, debe preguntarse : ¿qué futuro tendrán estos niños o adolescentes? Si las redes sociales y medios de comunicación , las canciones, películas y otros, exaltan a quienes cometen delitos como el único camino al éxito, no se avanzará nada. Lo que se debería fomentar es tener acceso, a lograr metas y recompensas por sí mismos, aunque inicialmente no sean muy grandes. Es decir, motivaciones para que el joven desarrolle gradualmente su propio proyecto de vida.
Todo lo anterior requiere muchísima inversión y seleccionar cuidadosamente a quiénes van a cuidar y enseñar a esos niños. No obstante, el cambio sería enormemente positivo. Aunque sería un cambio gradual, una meta a mediano y largo plazo. Pero nos enfrentamos hoy, ahora, a una horda de jovencitos que no sólo cometen delitos, sino que lo hacen con la mayor crueldad posible, para aterrorizar a las víctimas y a su círculo social. Por ello, es indispensable tener en cuenta cuál es el costo personal, social y material de dejar las cosas así, o tomar el control de la situación y darle un corte definitivo. Muchas personas se opondrán al cambio, porque “a todo hay que oponerse” como es la consigna de los exaltados, ¿o será porque algunos tienen interés en que las “fábricas de delincuentes “continúen? Allá ellos.
En la emergencia, muchas veces, para salvar un cuerpo de la gangrena, no hay otra solución que amputar. No obstante, si la decisión de emergencia inmediata es “amputar”, se debe prevenir, para no tener que vivir amputando cada día. Y si no somos capaces de hacer ambas cosas paralelamente – amputar y prevenir-situación terrible, pero que deriva de décadas de no hacer nada, Chile terminará de caer al precipicio.
Carmen Cerda Aguilar
Médico Cirujano
Profesora Titular de Medicina Legal por la Universidad de Chile
Vicepresidenta del Colegio de Peritos Profesionales de Chile. A.G.
Secretaria de la Federación Latinoamericana de Medicina Legal y Ciencias Forenses FLAMELECIF
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