Cartas al Director
El envejecimiento como cuestión territorial (II): cuando los datos confirman las desigualdades
Las cifras del Censo 2024 revelan que la Región de Antofagasta avanza hacia un envejecimiento acelerado y desigual, con fuertes brechas comunales, caída sostenida de nacimientos y migración que no logra compensar la pérdida de redes familiares, lo que obliga a repensar las políticas públicas desde una perspectiva territorial y descentralizada.

En una primera aproximación sostuve que el envejecimiento no puede seguir siendo pensado como un fenómeno homogéneo. Los datos recientes del Censo 2024 y de las estadísticas demográficas regionales no solo confirman esa afirmación: la profundizan.
La Región de Antofagasta suele ser caracterizada como un territorio joven, dinámico y marcado por la movilidad laboral. Sin embargo, esa imagen comienza a tensionarse cuando se observan con mayor detalle los indicadores demográficos. Hoy, el 14,6% de su población corresponde a personas mayores de 60 años, con más de 91 mil personas en ese tramo etario. A ello se suma un índice de envejecimiento regional de 49,3, que revela un cambio estructural sostenido y no meramente coyuntural.
Este proceso no se distribuye de manera uniforme dentro del territorio. Comunas como Ollagüe, Taltal o Tocopilla presentan índices de envejecimiento significativamente más altos que los grandes centros urbanos, mientras que Antofagasta y Calama concentran población mayor en términos absolutos, pero con una estructura relativa más joven. El envejecimiento, entonces, no solo es regional: es profundamente comunal y local.
Las tendencias vitales refuerzan este diagnóstico. Entre 2010 y 2023 los nacimientos en la región cayeron en más de un 30%, mientras que el crecimiento natural se redujo a la mitad en poco más de una década. Algunas comunas incluso comienzan a mostrar saldos naturales cercanos a cero o negativos. La región avanza así hacia una transición demográfica avanzada, con bajo reemplazo generacional y una creciente demanda por servicios de salud, cuidados y apoyo social.
La migración tampoco compensa este escenario. La inmigración internacional se concentra casi exclusivamente en edades laborales, con una presencia marginal de personas mayores, mientras que la migración interna muestra una salida neta de población de 65 años o más hacia otras regiones del país. En términos simples: Antofagasta envejece, pero lo hace con menos redes familiares estables y con fuertes asimetrías territoriales.
Estos datos obligan a repensar las políticas públicas desde una clave territorial real y no meramente declarativa. No basta con estrategias nacionales genéricas si no se consideran las diferencias entre comunas urbanas, mineras, rurales o aisladas. El envejecimiento, cuando se vive en contextos de aislamiento territorial, menor acceso a servicios y menor presencia institucional, se convierte rápidamente en un factor de vulnerabilidad.
Envejecer dignamente no debería depender del lugar donde se habita. Pero los datos muestran que hoy sí lo hace. Reconocer esta realidad es el primer paso para construir respuestas públicas más justas, descentralizadas y coherentes con los desafíos demográficos que ya están entre nosotros.
Dr. Andrés Pablo Acuña Bustos
Abogado
Profesor Asociado Facultad de Ciencias Jurídicas
Universidad de Antofagasta
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