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Cartas al Director

El cansancio de la comunidad política

El texto reflexiona sobre la evolución histórica de la comunidad política y advierte que la sociedad actual enfrenta un creciente desgaste producto de la polarización, el debilitamiento del equilibrio entre derechos y deberes, y la pérdida de armonía institucional, planteando la necesidad urgente de recuperar el orden, la paz y el bien común como ejes del sistema político y jurídico.

Por Redacción·03 de abril de 2026·4 min de lectura
Imagen: eljobenbrayanoconer.weebly.com
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La comunidad política de la Antigüedad, por ejemplo, la griega, a través de la Constitución, privilegió la armonía de la polis. Concebida la Carta como dirección y como estatuto superior, para los antiguos esta debe enfocar hacia el deber ciudadano. En este sentido, lo primordial es lo colectivo, hacia la cosa pública, lo prioritario es la paz y el consenso.

En la sociedad del medioevo se establecen los poderes públicos y sus fronteras. Se fijan dos poderes visibles, el ejecutivo en cabeza del rey y el legislativo encarnado en el parlamento. Sin embargo, la tendencia entre estos dos poderes visibles no es hacia el consenso, sino que el uno intentará introducirse en el escenario del otro, de ahí, la necesidad de establecer límites, la regla configurada es que cada poder podrá vetar al otro.

La sociedad moderna visiona con mejor claridad los poderes públicos, los entiende, los regula de manera funcional, y envía a su vez el mensaje en torno a la necesaria armonía del poder a través de chequeos y balances. Asimismo, la sociedad moderna estatuye derechos individuales y colectivos. En este trayecto dispone mandatos imperativos, como todo individuo… es decir, el tono progresivo, y nadie podrá… esto es, el deber individual hacia lo colectivo.

En la sociedad actual la búsqueda del mejor estado de la res publica, el límite de los poderes y los balances y equilibrios entre la intensidad de la protección de los derechos y la interferencia en el amparo hacia los mismos se ha venido diluyendo. La influencia de factores externos ha desplazado el interés hacia el deber y el orden, elementos favorecedores de lo colectivo, de manera que el individualismo ha producido un desplazamiento desbordado, así, la armonía ha sido reemplazada por la ebullición o la agitación.

Desde las orillas ideológicas, el escenario actual presenta el tinglado entre el ataque y la defensa, es decir, cada orilla de la polarización ataca y defiende. Desde la óptica de la protección ciudadana, la sociedad se halla entre el derecho garantista y el derecho penal del enemigo, se presenta una exigencia hacia libertades, empero, se levanta una necesidad de limitar porque la humanidad tiene la tendencia a desequilibrar. En la economía el desbordamiento es más notable, el grande absorbe sin contemplación al pequeño, el egoísta individualismo decide superar al solidario colectivo, el rendimiento rebasa lo ideal, aún más, el deber ser.

El Estado debería constituirse en la comunidad social que se organiza política y jurídicamente y ejerce autoridad sobre un territorio hacia un interés público, no obstante, las tendencias ideológicas producen desplazamientos, y en esa circulación, por ejemplo, se producen cambios en las constituciones, no precisamente intencionados hacia el bienestar general, sino hacia la estructuración de situaciones favorecedoras al creador de la idea, tanto, hasta intentar la sustitución de la Carta o una constituyente.

Desde lo político, o sencillamente desde lo ideológico, la comunidad política se encuentra cansada del estiramiento entre los extremos, de ahí que la sociedad esté anhelando la opción de equilibrio. Lo claro es que hay cansancio y se requiere un tratamiento terapéutico y funcional. La comunidad política desearía cambiar la ebullición y la agitación por la armonía, y aspira en nuestros tiempos a la sabiduría de los referidos griegos, es decir, la búsqueda del bien común. Fioravanti advierte sobre el temor a la stásis, una condición dentro de la cual el conflicto social y político tiende a asumir caracteres radicales, tanto, que conlleva a reflexionar sobre las formas de organización y sobre los caracteres esenciales de esas estructuras para la unidad de la polis. Lo opuesto, según el tratadista italiano, es un valor positivo, la eunomía, que identifica como el buen orden de la colectividad[1].

En materia de derechos, la comunidad política también está pidiendo sindéresis. Desearía la sociedad la permanencia de garantías, de libertades, empero, al mismo tiempo, debido al cansancio producido por la inseguridad reinante, se presenta una aspiración hacia el orden y la paz. En el contexto de la economía, los pequeños productores quisieran más protección y los trabajadores no desean que el afán de ganancias, derecho natural y obvio, supere las condiciones mínimas y dignas de sobrevivencia.

En los entornos de la salud y la educación igualmente se registra el cansancio de la comunidad política. La salud y la vida se hallan conectados, y la primera ya fue revestida de su condición como derecho fundamental, sin embargo, no aparece el sistema de salud ideal, esto es, el que armonice lo privado y lo público y garantice la eficiencia y el buen trato hacia la persona, una superior ética pública que supere a un trato indigno e inhumano. Asimismo, la carrera hacia la búsqueda de la educación ha traído cansancio, el cansancio por la carencia de oportunidades, pues pareciera que la educación fuera nada más el derecho para los genios y estuviera relacionada inexorablemente con las posibilidades del ingreso familiar.

Son perentorias las soluciones al cansancio de la comunidad política. Es evidente la urgencia de una fórmula o métodos oxigenantes que morigeren el desvanecimiento de la sociedad. En medio de las tendencias radicales en los sectores de la ideología, la economía, la salud, la educación, y otros, surge una necesidad hacia la recuperación del equilibrio que disipe la crisis.

Giovanni Rosanía Mendoza

Magister en Derecho Público

[1] Fioravanti, Mauricio, Constitución. De la Antigüedad a nuestros días, Editorial Trotta, Madrid, p.16.

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