7°C · Despejado·Santiago·Viernes, 31 de julio de 2026

Cartas al Director

Democracia en marcha: reconocer el triunfo, ejercer la crítica y vigilar el poder

El triunfo democrático de José Antonio Kast marca el inicio de un nuevo ciclo político que exige coherencia entre los compromisos de unidad y los gestos del poder, en un contexto de malestar social donde la crítica, la vigilancia ciudadana y la defensa de los derechos seguirán siendo parte esencial de la democracia chilena.

Por Redacción·28 de diciembre de 2025·2 min de lectura
Imagen: El Libero
Imagen referencial

José Antonio Kast fue electo presidente de Chile en un proceso democrático que funcionó de manera impecable. Con alta participación, respeto a las reglas y resultados incuestionables, el país volvió a demostrar que, pese a sus tensiones, la democracia chilena sigue en pie. Reconocer ese hecho no es una concesión política, sino un acto de responsabilidad cívica.

En su discurso de victoria, Kast habló de unidad, de respeto institucional y de gobernar para todos. Escuchar esas palabras importa, porque desde hoy dejan de ser promesas de campaña y pasan a ser compromisos políticos. La historia reciente del país nos ha enseñado que no basta con decirlas: habrá que ver cómo se traducen en decisiones concretas, especialmente en los momentos donde esas promesas son puestas a prueba.

En ese sentido, no pasa inadvertido que, al día siguiente de su triunfo, el presidente electo haya viajado a Argentina y posado públicamente junto a Javier Milei, utilizando símbolos como la motosierra, asociados a un proyecto político de ajuste radical y debilitamiento del Estado. Más que un gesto anecdótico, se trata de una señal política que contrasta con el tono de unidad y moderación expresado en su discurso de victoria, y que refuerza la necesidad de observar con atención la coherencia de los gestos, las alianzas y las decisiones del próximo gobierno.

El resultado electoral expresa algo más profundo que la adhesión a un programa específico. Refleja el cansancio, el miedo y la frustración de una parte importante del país, sentimientos que no pueden ser ignorados ni descalificados. Pero entenderlos no significa renunciar a la crítica. La seguridad, el orden y el crecimiento no pueden construirse a costa de retrocesos, especialmente cuando existen preocupaciones legítimas respecto de los derechos humanos, los derechos de las mujeres y los avances en igualdad que han costado años de lucha social.

La democracia no termina el día de la elección. Empieza, o se renueva, al día siguiente. Reconocer el triunfo no significa entregar un cheque en blanco, y disentir no equivale a desconocer el resultado. Gobernar para todos —como se prometió— implicará también escuchar a quienes miran este nuevo ciclo con inquietud. Chile ha demostrado antes, que incluso en contextos adversos algo sigue moviéndose bajo la superficie.

De las derrotas, de los retrocesos aparentes, de los momentos de cierre, han surgido nuevas voces, nuevas organizaciones y nuevas convicciones. Esta vez no será distinto. Porque más allá de quién gobierne, hay algo que no se detiene: la ciudadanía crítica, la memoria y la insistencia —a veces silenciosa, a veces colectiva— de que siempre puede surgir algo más.

Camila Labiñanza

Estudiante de derecho UACH

Te puede interesar

Newsletter

Lo esencial del derecho, cada mañana

Fallos, proyectos de ley y análisis seleccionados por la redacción. Gratis en su correo.