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Cartas al Director

Cuando el optimismo fiscal termina pasándole la cuenta al país

El déficit fiscal estructural cercano al 3,6% del PIB —más de 13.000 millones de dólares— reabre el debate sobre la responsabilidad en la planificación presupuestaria y los incentivos que favorecen proyecciones optimistas, trasladando costos hacia el futuro mediante mayor endeudamiento, presión tributaria o efectos inflacionarios.

Por Rodrigo Salinas Rojas·28 de febrero de 2026·1 min de lectura
Imagen: eltipografo.cl
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La reciente revelación de un déficit fiscal estructural cercano al 3,6% del PIB equivalente a más de 13.000 millones de dólares, no constituye únicamente una cifra preocupante, sino un síntoma de un problema institucional más profundo. Cuando la planificación presupuestaria descansa en proyecciones excesivamente optimistas, el resultado inevitable es la transferencia intertemporal de costos hacia los ciudadanos, ya sea mediante mayor endeudamiento, presión tributaria futura o efectos inflacionarios.

Este episodio vuelve a poner en evidencia un límite estructural de la planificación fiscal centralizada: la imposibilidad de anticipar con precisión variables económicas complejas y dinámicas. El problema no radica en la existencia de errores (inevitables en cualquier sistema para no ser injustos), sino en los incentivos persistentes que favorecen el optimismo fiscal y la postergación de sus consecuencias.

Aquí no estamos discutiendo contabilidad, sino responsabilidad. Si los ingresos no alcanzan, el gasto debe ajustarse. Lo contrario no es solidaridad ni crecimiento: es postergar el problema y de esos, ya tenemos bastantes.

Rodrigo Salinas Rojas

Coordinador Local – EsLibertad Chile

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