7°C · Despejado·Santiago·Viernes, 31 de julio de 2026

Cartas al Director

Cuando el ambiente también se decide en la esquina

Aunque existen servicios de recolección y campañas de concientización, el descarte irresponsable de residuos sigue presente en ciudades como 9 de Julio. Este problema no responde solo a la falta de recursos o educación, sino a una cultura arraigada de desapego hacia lo público. La solución no pasa solo por normas o sanciones, sino por reconstruir una ética del cuidado y una ciudadanía ambiental activa, capaz de asumir el espacio común como una responsabilidad compartida.

Por Redacción·15 de agosto de 2025·3 min de lectura
Cuando el ambiente también se decide en la esquina
Imagen referencial

Residuos, cultura y responsabilidad ciudadana

En la Provincia de buenos Aires, en ciudades como 9 de Julio, y en tantos otros puntos del país, no es raro ver escenas que duelen: bolsas de basura acumuladas en cunetas, baldíos usados como basurales espontáneos, botellas, pañales y restos de obra tirados en espacios verdes. Todo esto sucede aun cuando existen servicios municipales de recolección regular, campañas de concientización y normativa vigente que prohíbe estas prácticas. Entonces, ¿qué está fallando?

La pregunta no busca señalar con el dedo, sino comprender la raíz de una costumbre que parece más cultural que coyuntural. Aunque haya recolección y comunicación oficial, muchas personas actúan como si el ambiente fuera un “afuera” ajeno. Como si lo público no fuera de nadie. Como si los desechos dejaran de ser problema apenas cruzan el umbral de casa.

Este comportamiento no se limita a sectores históricamente postergados. Es cierto que, en zonas vulnerables, la falta de información o una educación ambiental deficitaria pueden influir. Pero lo que también se observa, y cada vez con mayor claridad, es que el descarte irresponsable atraviesa todas las clases sociales. No es raro encontrar residuos industriales, restos de comercios céntricos o bolsas provenientes de barrios de clase media y alta arrojadas en descampados, caminos rurales o zonas periféricas.

Incluso hay negocios del centro que, en lugar de gestionar adecuadamente sus residuos, los trasladan —a veces de forma sistemática— a lugares “donde no se ve”. Como si ensuciar lo invisible no tuviera consecuencias. Se ha detectado en locales gastronómicos, tiendas de ropa, almacenes y ferreterías. Un patrón que pone en crisis el supuesto vínculo entre educación formal y cultura ambiental.

Aquí aparece otra dimensión: la comodidad disfrazada de desinterés. Si la recolección está organizada, si los horarios son públicos y se ofrecen soluciones, pero aun así se evade la responsabilidad, el problema no es el sistema: es la voluntad de asumir compromiso. Hay personas con recursos, estudios y acceso a servicios que siguen actuando bajo la lógica de “esto no me toca”.

La cultura del cuidado no es automática. No nace con la escolaridad ni con el nivel de ingresos: se construye, se transmite, se practica… y se desafía, sobre todo cuando quienes deberían dar el ejemplo son los primeros en degradar lo común.

La basura no es solo un residuo: es un mensaje. Cuando alguien arroja una bolsa en la cuneta sabiendo que hay recolección, lo que en realidad dice es: “mi comodidad vale más que el entorno de todos”. Es un gesto que rompe el pacto de convivencia.

Por eso, la respuesta no puede ser únicamente normativa. Tampoco bastan las campañas visuales o las multas. Se necesita una reconstrucción profunda de la ciudadanía ambiental, una que no dependa del bolsillo ni del currículum, sino de una ética del cuidado transversal.

blank

Si seguimos tratando al espacio común como tierra de nadie, no habrá ley, camión ni campaña que alcance. Lo que se degrada no es solo el paisaje: es la salud del barrio, la dignidad del entorno y el vínculo entre vecinos.

La transformación empieza por dejar de mirar para otro lado. La basura está ahí, en la calle, pero también en nuestras decisiones. Y mientras no asumamos que el ambiente se construye todos los días —también con las bolsas y los hábitos—, seguiremos tapando el problema con excusas.

Nota del autor: Este artículo es un extracto adaptado del libro Cuidar, Defender, Vivir: Ética y Derechos en Tiempos de Crisis Ambiental, de próxima publicación.

Diego José Segovia

Licenciado en Seguridad, Higiene y Control Ambiental Laboral

Licenciado en Gestión de Siniestros

Te puede interesar

Newsletter

Lo esencial del derecho, cada mañana

Fallos, proyectos de ley y análisis seleccionados por la redacción. Gratis en su correo.