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Chile frente al miedo: Votaremos con conciencia porque el país lo necesita

A días de las elecciones, Chile enfrenta algo más profundo que una decisión política: una decisión de conciencia. Tras años de desconfianza, miedo y cansancio ciudadano, el país se encuentra ante una encrucijada moral que definirá su futuro colectivo. Esta reflexión invita a votar con esperanza, no desde el temor, recordando que la democracia se sostiene en la voluntad de un pueblo que aún cree en su poder para cambiar la historia.

Por Redacción·08 de noviembre de 2025·4 min de lectura
Imagen: diocesisdechillan.cl
Imagen referencial

A pocos días de las elecciones, después de años de desconfianza acumulada, la ciudadanía se enfrenta a una encrucijada moral y política. El país no solo elegirá a sus gobernantes: se elegirá a sí mismo. Esta reflexión busca mirar de frente al miedo que nos paraliza y recordar que votar con conciencia sigue siendo el acto más humano y transformador que tenemos.

Después de tanto recorrer las calles, escuchar los debates y conversar con la gente, sentimos una verdad profunda: el país tiene miedo a votar. Miedo a volver a equivocarse, miedo a repetir lo mismo, miedo a cambiar y perder lo poco que se tiene. No es solo desconfianza en los candidatos; es cansancio, hartazgo y una herida que no ha sanado.

Lo vemos y lo escuchamos en cada conversación. Personas que prefieren no hablar de política, que se sienten defraudadas, que no esperan nada de nadie. Muchos están optando por votar en blanco o anular el voto como señal de descontento, como si eso bastara para ser escuchados. Pero esa resignación también se convierte en una forma de silencio que perpetúa lo que justamente queremos cambiar.

Nos hemos acostumbrado a sobrevivir entre promesas rotas y discursos reciclados. Por eso, cuando aparece alguien distinto, la primera reacción no es esperanza, sino desconfianza. Pensamos que no puede ser verdad, que otra vez nos quieren engañar. Así, el miedo termina siendo más poderoso que la posibilidad del cambio.

Durante décadas, nos han enseñado a desconfiar de todo y de todos. A mirar la política como un campo de batalla ajeno, no como una herramienta para reconstruir lo común. Esa desafección nos ha convertido en espectadores de un sistema que se alimenta de nuestra indiferencia. Nos parecemos a esos ratones que corren en la rueda convencidos de avanzar, cuando en realidad no se mueven de lugar.

Si seguimos así, sabemos lo que pasará. El lunes 17 de noviembre, cuando despertemos después de votar, muchos sentirán que nada cambió. Que el país sigue atrapado en el mismo círculo del poder y la obediencia, de los que mandan y los que esperan. Pero esta vez todavía tenemos una oportunidad.

Podemos votar con conciencia, con sentido de país, con mirada de futuro. Podemos atrevernos a romper el miedo. No se trata de derechas o izquierdas, ni de lemas ni colores. Se trata de reencontrarnos con la dignidad y la responsabilidad que implica decidir. Se trata de recordar que el poder no está solo en las instituciones, sino en cada uno de nosotros cuando asumimos nuestro rol ciudadano.

El cambio no nace de un decreto ni de un líder. Nace del momento en que cada persona marca su voto sabiendo lo que representa. Es un acto íntimo, libre y trascendente. No votamos solo por un candidato; votamos por la historia que queremos escribir, por el país que queremos dejar a nuestros hijos, nietos y bisnietos.

Y no es exageración decir que esta puede ser una de las últimas elecciones realmente libres. Pronto llegará el voto electrónico, y con él, la posibilidad de que un algoritmo decida por nosotros sin que podamos comprobarlo. Si hoy desconfiamos del conteo manual, mañana quizás ni siquiera sabremos quién movió la balanza a favor o en contra de nuestra voluntad.

Por eso, votaremos con conciencia, porque el país lo necesita. No por un rostro ni por una bandera, sino por el derecho a seguir creyendo en la democracia, en la verdad y en nosotros mismos. No queremos seguir siendo rehenes del miedo ni cómplices de la indiferencia. Queremos volver a sentir que nuestra voz vale, que nuestro voto cuenta, que somos parte de una historia que aún podemos transformar.

Chile no cambiará por magia ni por milagros. Cambiará cuando entendamos que el miedo no es una protección, sino una frontera. Cuando asumamos que el poder real no está en los poderosos, sino en el pueblo que decide. Y si decidimos con conciencia, el país tendrá la oportunidad de renacer.

El domingo 16 de noviembre no será solo un día de elecciones; será el día en que podamos mirarnos al espejo y saber si elegimos con miedo o con esperanza. Si seguimos dando vueltas en la rueda del conformismo o si, por fin, decidimos avanzar.

Votaremos con conciencia, porque amamos este país, porque aún creemos en su gente, y porque no renunciaremos a la posibilidad de un Chile más justo, más humano y más digno. Porque lo que está en juego es quiénes seremos nosotros, ciudadanos y ciudadanas de Chile.

Juan Carlos Hernández Caycho

Periodista y fundador del Pensamiento Qhananchawi

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