Asuntos de Interés Público
Jurisprudencia congelada “fosilizada”
La IA en la justicia: herramienta de apoyo, no sustituto del juez humano
La IA es eficiente para buscar precedentes, pero no para evaluar cambios en la jurisprudencia. Los algoritmos tienden a repetir criterios pasados, pudiendo "congelar" la evolución del derecho. La función judicial requiere adaptación a nuevas realidades sociales, algo que la IA no puede hacer por sí sola.

La inteligencia artificial puede ayudar a buscar precedentes y ordenar información, pero nunca podrá reemplazar al juez humano. Lo anterior lo afirmamos para poner de relieve el riesgo de que la jurisprudencia se “congele”. Los algoritmos trabajan con decisiones pasadas, a veces de décadas, y están diseñados para repetir esos criterios, no para advertir cuándo es necesario cambiarlos. Su función es mostrar lo que se ha dicho hasta ahora, no decidir si ese criterio sigue siendo adecuado.
La inteligencia artificial aplicada a la justicia se apoya en algoritmos que recopilan y comparan jurisprudencia para ofrecer soluciones similares a casos anteriores. Esto puede ser útil, pero también peligroso si las leyes o las interpretaciones de los tribunales cambian, ya que la respuesta automática puede quedar desactualizada.
La jurisprudencia no es fija: evoluciona cuando aparecen nuevos enfoques, aportes doctrinarios o decisiones de tribunales superiores, incluso de otros países. Cuando eso ocurre, los algoritmos deben ajustarse, porque donde antes la respuesta era una, después puede ser otra distinta.
La fortaleza de la IA está en la rapidez para encontrar precedentes, pero su debilidad aparece cuando hay un cambio de criterio. Por eso, no puede pensarse una “justicia automática” ni un “juez robot”. La IA debe cumplir un rol de apoyo para jueces, fiscales y abogados, sin generar dependencia ni sustituir el razonamiento jurídico humano.
Desde esta mirada, se descarta la idea de eliminar al juez humano. La tecnología debe ayudar a decidir, pero no decidir por sí misma. La IA solo muestra qué se ha dicho hasta ahora, sabiendo que ese criterio puede cambiar.
El hecho de que un algoritmo “vigente” en su momento entregara una determinada respuesta no puede frenar la evolución de la jurisprudencia. El algoritmo debe adaptarse a los cambios judiciales, no al revés. Si la jurisprudencia quedara atada a lo que dice un algoritmo, se volvería rígida e incapaz de responder a nuevas realidades sociales.
Por lo anterior, la inteligencia artificial no puede alterar la esencia de la función judicial. La IA es una herramienta de apoyo: ayuda a informar y ordenar, pero no decide ni justifica las decisiones. Quien decide y fundamenta una sentencia sigue siendo el juez, y la IA no puede transformarse en un poder autónomo dentro del sistema de justicia.
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