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Asuntos de Interés Público

Libertad artística y censura

Censura artística: Cuando el poder silencia al arte

Casos en Londres y Buenos Aires reavivan el debate sobre la libertad de expresión en el arte.

Por Elke von Loebenstein·06 de octubre de 2025·2 min de lectura
Imagen: DW
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La libertad de expresión artística se encuentra en el centro de un debate renovado tras dos casos recientes de censura en Londres y Buenos Aires. En Londres un mural de Banksy, que criticaba al poder judicial británico, fue borrado por orden judicial. El argumento oficial fue la protección del patrimonio histórico, ya que la obra estaba pintada en un monumento protegido. En Buenos Aires, en el Palacio Libertad, una exposición fue cancelada por la Secretaría de Cultura del gobierno argentino, alegando que «favorecía la causa palestina». Los artistas desistieron y la muestra nunca se inauguró.

Estos incidentes plantean interrogantes sobre los límites de la libertad artística y el papel del Estado en su regulación.

La Constituciones latinoamericanas garantizan, al menos en su texto, la libertad de expresión y prohíben la censura previa. Esta protección se refuerza con tratados internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

De otra parte, la jurisprudencia internacional ha sido consistente en defender la libertad de expresión artística. Así, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha enfatizado que la protección alcanza incluso a expresiones que «ofenden, chocan o perturban».

En Argentina, por ejemplo, el caso «Asociación Cristo Sacerdote c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires» estableció que la libertad artística forma parte del núcleo duro de la libertad de expresión.

En el ámbito internacional, casos como «Texas v. Johnson» en EE.UU. y «Charlie Hebdo» en Francia han reafirmado la protección de expresiones artísticas controversiales.

A pesar de este marco legal protector, la censura persiste, a menudo disfrazada de protección del patrimonio, moral pública o neutralidad institucional. Los casos recientes en Londres y Buenos Aires ilustran cómo el poder puede sentirse incómodo frente al arte que lo interpela.

La doctrina señala que el arte, por su naturaleza, desestabiliza consensos y pone a prueba la tolerancia social. Por ello, requiere una protección jurídica especial.

La censura no solo elimina obras de arte, sino que empobrece el debate público y debilita los valores democráticos.

El verdadero desafío para tribunales y autoridades es resistir la tentación de disfrazar la censura de prudencia administrativa. La libertad artística es un termómetro de la capacidad de una sociedad para tolerar la crítica que la incomoda, y su protección es fundamental para el fortalecimiento de la democracia.

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