10°C · Nublado·Santiago·Martes, 04 de agosto de 2026

Actualidad Internacional

Retrato de una dama; la Condesa Colleoni

Obra de arte robada por los nazis reaparece en Argentina: desata un complejo escenario legal y moral para su restitución

Retrato del siglo XVIII, desaparecido desde 1946, fue visto en una casa de Mar del Plata. Fue identificado en fotos de una inmobiliaria. La pintura pertenecía a la colección del marchante judío Jacques Goudstikker, saqueada en 1940. El cuadro desapareció nuevamente antes de un allanamiento policial el 26 de agosto.

Por Elke von Loebenstein·20 de octubre de 2025·3 min de lectura
Imagen: Infobae
Imagen referencial

Un hallazgo inesperado sacudió los medios europeos y argentinos: un cuadro robado por los nazis en los Países Bajos podría haber aparecido en Mar del Plata. Se trata del Retrato de una dama (la Condesa Colleoni), del pintor italiano Giuseppe (Vittore) Ghislandi (1655-1743), que pertenecía a la colección del marchante judío Jacques Goudstikker. Éste debió huir de Ámsterdam en 1940, cuando las tropas alemanas invadieron Holanda, y su galería, con más de 1.100 piezas, fue saqueada o vendida bajo presión.

Desde entonces, los herederos de Goudstikker lograron recuperar 202 obras, pero el retrato permanecía desaparecido desde 1946, cuando fue visto por última vez en manos del oficial nazi Friedrich Kadgien, quien se refugió primero en Suiza y luego se radicó en Argentina. Su llegada al país habría contado, según la revista Seúl, con “la complicidad de cierto popular general argentino con ciertos señores con acento alemán y prontuarios por demás pesados”.

El hallazgo tiene un giro casi de novela: periodistas del diario holandés Algemeen Dagblad reconocieron la pintura colgada en la pared de la casa de una hija de Kadgien… ¡gracias a fotos publicadas por una inmobiliaria local que ofrecía la propiedad en venta! El Rijksdienst voor het Cultureel Erfgoed (RCE), la agencia patrimonial neerlandesa, consideró “razonablemente probable” que se trate de la obra auténtica, aunque no se la examinó físicamente. Las dimensiones en las fotos coinciden con las del original.

La policía allanó la casa el 26 de agosto, pero en lugar del retrato encontró un tapiz; el cuadro había desaparecido nuevamente. Mientras tanto, el RCE y la Lost Art Database siguen listándolo como “desaparecido” y los herederos de Goudstikker reclaman su restitución. También se sigue la pista de otra obra expoliada: una naturaleza muerta de Abraham Mignon, que habría aparecido en redes sociales vinculadas a la familia Kadgien.

La restitución de la obra enfrenta un complicado marco legal. No existe una convención internacional vinculante sobre devoluciones de arte robado por los nazis, y los Principios de Washington de 1998, firmados por Argentina, son recomendaciones no obligatorias. Estos principios instan a encontrar soluciones justas para los propietarios de obras confiscadas y a establecer mecanismos procesales alternativos de resolución de disputas, pero su implementación depende de cada país y no se aplica automáticamente a bienes en manos privadas.

Argentina también firmó la Declaración de Terezin de 2009 y endosó las “Mejores Prácticas” sobre arte confiscado por los nazis, orientadas a facilitar la restitución, aunque tampoco son vinculantes legalmente. Existen normas posteriores, como la Convención de La Haya de 1954, la Convención UNESCO de 1970 y la Convención UNIDROIT de 1995, que establecen principios de restitución y cooperación internacional, pero ninguna ofrece soluciones rápidas para bienes que circulan en el ámbito privado y entre generaciones.

Incluso si se lograra superar obstáculos temporales o jurisdiccionales, sería necesario que los Países Bajos soliciten formalmente la restitución y, además, que se determine si la actual poseedora del retrato actuó con diligencia al adquirirlo. La carga de la prueba sobre la mala fe recaería sobre los reclamantes, y evaluar la diligencia de la hija de Kadgien implicaría revisar circunstancias de adquisición que pueden ser casi imposibles de determinar.

Este hallazgo, junto con la desaparición inmediata del cuadro, plantea incómodas preguntas sobre la posibilidad de recuperar bienes expoliados por el nazismo que se ocultan en el mercado privado y cómo se articulan la legislación argentina, los tratados internacionales y los reclamos morales de los herederos. Por ahora, la obra permanece “condenada”: invendible mientras no se aclare su procedencia y con una historia que recuerda cómo la barbarie y el arte muchas veces caminan juntas.

Para los herederos de Goudstikker, una acción civil basada en el Código Civil y Comercial argentino podría ser un camino, aunque la prueba y la antigüedad de la adquisición representan desafíos importantes. Mientras tanto, la obra sigue en manos privadas, públicamente reconocida como una pieza robada durante el Holocausto, y plantea un dilema práctico: conservarla podría carecer de valor, pues nadie serio pagará por un cuadro catalogado como desaparecido y asociado al expolio nazi.

Te puede interesar

Newsletter

Lo esencial del derecho, cada mañana

Fallos, proyectos de ley y análisis seleccionados por la redacción. Gratis en su correo.