Opinión
La paradoja del diseño constitucional: Cuando la buena fe produce malos resultados
El texto propone una interpretación evolutiva del doble rechazo constitucional chileno, sosteniendo que los fracasos de 2022 y 2023 no se explican por ideologías específicas ni por falta de voluntad política, sino por una arquitectura institucional que incentivó el maximalismo y castigó la cooperación. A través de conceptos como fenotipo extendido, estrategias evolutivamente estables y replicación de “memes” constitucionales, se argumenta que las constituciones funcionan como tecnologías sociales sometidas a presiones selectivas. Bajo este enfoque, el doble rechazo aparece como un equilibrio e

Chile rechazó dos propuestas constitucionales con 61.86% (septiembre 2022) y 55.76% (diciembre 2023). Ambas emergieron del mismo mandato popular: 78.27% aprobó cambiar la Constitución de 1980 en octubre de 2020. Las dos Convenciones operaron con quórum de dos tercios. Los convencionales de 2021-2022 y consejeros de 2023 fueron electos mediante sufragio universal. Ningún actor relevante quería que el proceso fracasara. Y sin embargo, fracasó dos veces.
I. La paradoja del buen diseñador
Todos actuaron racionalmente. Los convencionales de la Lista del Pueblo defendieron su programa ante las bases que los eligieron. Los consejeros del Partido Republicano cumplieron el mandato de sus votantes. La ciudadanía ejerció su derecho a veto en ambos plebiscitos de salida. El presidente Boric declaró cerrado el proceso en diciembre de 2023 tras reconocer que la sociedad chilena había hablado con claridad.
¿Cómo puede ser que actores racionales, operando dentro de reglas democráticas impecables, con información suficiente y buenas intenciones declaradas, produzcan resultados que nadie quería? Esta es la pregunta que la ciencia política tradicional responde mal.
Los enfoques convencionales:
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Culturalista: «Chile no estaba maduro para el cambio»
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Ideológico: «La polarización destruyó el consenso»
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Técnico: «Los textos eran defectuosos»
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Procedimental: «Los quórums eran inadecuados»
Todos contienen fragmentos de verdad. Pero ninguno explica por qué dos procesos ideológicamente opuestos (uno progresista, otro conservador) produjeron exactamente el mismo resultado (rechazo ciudadano con participación masiva).
II. El derecho como fenotipo extendido: una lente evolutiva
En El Gen Egoísta (1976), Richard Dawkins propuso que los organismos no son solo portadores pasivos de genes, sino vehículos que los genes construyen para replicarse. Más radical aún: en El Fenotipo Extendido (1982), Dawkins argumentó que los efectos de los genes trascienden el cuerpo del organismo. El castor construye represas; la araña teje telarañas; el cuco parasita nidos ajenos. Estas estructuras externas son expresiones fenotípicas de información genética, tan parte del fenotipo como las garras o el pelaje.
Aplicado a sistemas jurídicos: las constituciones son fenotipos extendidos de información cultural que se replica mediante instituciones. No son diseños racionales puros creados ex nihilo por constituyentes iluminados, sino expresiones de «memes» (unidades de información cultural que compiten por replicarse) que han sobrevivido procesos selectivos previos.
Esta perspectiva revela algo incómodo: igual que los genes egoístas no buscan el bien del organismo sino su propia replicación, los memes constitucionales no buscan el bien común sino su propia supervivencia en el espacio cultural.
III. Por qué el marco ESS explica lo que otros enfoques no ven
Las Estrategias Evolutivamente Estables (ESS), concepto formalizado por John Maynard Smith y George Price en 1973, describen comportamientos que persisten porque ningún individuo gana desviándose unilateralmente. Aplicado al doble rechazo chileno:
Ventaja 1: Predice comportamientos sin suponer mala fe
No necesitamos conspiración para explicar el maximalismo. Solo necesitamos reconocer que cuando la estructura de incentivos hace que maximizar sea óptimo para cada actor individual, el maximalismo emergerá aunque produzca fracaso colectivo.
Inferencia razonada: Un convencional de la Lista del Pueblo que negociara con la UDI perdía legitimidad inmediata ante sus bases (costo cierto), a cambio de un beneficio futuro incierto (aprobación en plebiscito cuatro meses después). Un consejero republicano que cediera en derechos sociales enfrentaba el mismo cálculo con signo invertido. Ambos maximizaron. Ambos perdieron. Pero la estrategia era racional dado el tablero de juego.
Ventaja 2: Explica la estabilidad de lo subóptimo
¿Por qué persisten instituciones disfuncionales? Porque son equilibrios. Chile mantiene vigente la Constitución de 1980 (con 52 reformas) no porque sea óptima, sino porque es un equilibrio donde todos los actores relevantes han internalizado que cambiarla requiere costos de coordinación prohibitivos.
Tras los dos rechazos, ninguna fuerza política chilena propone un tercer intento. La fatiga constitucional es palpable. El statu quo se consolidó no por mérito, sino por agotamiento de alternativas.
VeIdentifica puntos de apalancamiento institucional
Si el problema es la estructura de incentivos, la solución no es apelar a la responsabilidad institucional o educar a los actores para que cooperen. Es alterar las reglas del juego para que los incentivos individuales se alineen con resultados colectivos deseables.
El artículo cuatro de esta serie propuso cinco reglas institucionales: pacto previo vinculante, timing concentrado, votación por bloques temáticos, cláusula de convergencia forzada, plebiscito de entrada revisado. Ninguna garantiza éxito. Pero todas aumentan la probabilidad de convergencia porque hacen que cooperar sea más rentable que maximizar.
IV. Tres casos donde ESS ilumina dinámicas invisibles
Caso 1: Argentina 1994 (éxito relativo)
Análisis tradicional: «Menem y Alfonsín eran estadistas pragmáticos»
Análisis ESS/Fenotipo Extendido: El Pacto de Olivos creó costos de desviación tan altos que cooperar se volvió estrategia dominante. Más importante: la reelección presidencial funcionó como motor político que alineó intereses de actores clave. Los nuevos derechos fueron moneda de cambio: Menem obtuvo reelección, Alfonsín sus contrapesos institucionales, sectores progresistas sus derechos constitucionalizados.
El texto constitucional argentino de 1994 sobrevive 30 años no porque sea técnicamente superior, sino porque los actores con poder de veto tienen incentivos alineados para mantenerlo. Es un fenotipo institucional estable porque expresa memes políticos que siguen siendo funcionales para las coaliciones dominantes.
Caso 2: Chile 2022 (fracaso progresista)
Análisis tradicional: «La Convención se radicalizó»
Análisis ESS/Fenotipo Extendido: Cooperar con la derecha tenía costo inmediato (deslegitimación ante bases movilizadas desde octubre 2019), mientras maximizar tenía costo futuro incierto (rechazo ciudadano en septiembre 2022). Los actores descuentan el futuro; el presente pesa más.
Pero hay algo más profundo: el maximalismo era la única ESS compatible con los memes dominantes en el espacio cultural progresista chileno. El meme «refundar Chile», «sepultar la Constitución de Pinochet», «Estado plurinacional» no admitía componendas. Moderar era traicionar la narrativa fundacional del proceso.
Caso 3: Chile 2023 (fracaso conservador)
Análisis tradicional: «El Partido Republicano fue intransigente»
Análisis ESS/Fenotipo Extendido: Exactamente la misma estructura de incentivos que 2022, pero con signo ideológico invertido. El meme «tradición», «familia», «orden» tampoco admitía cesiones ante el progresismo.
La simetría del fracaso revela que el problema no estaba en los contenidos ideológicos sino en la arquitectura institucional que premiaba la intransigencia.
V. La lección incómoda: los buenos sentimientos no diseñan instituciones
Las constituciones no se escriben en laboratorios jurídicos. Se negocian entre actores con intereses contradictorios, operando dentro de estructuras institucionales que premian o castigan ciertos comportamientos. Y esas negociaciones ocurren en espacios meméticos donde compiten narrativas incompatibles sobre qué es Chile, qué fue su pasado, qué debería ser su futuro.
Lo que el marco ESS/Fenotipo Extendido revela:
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No podemos educar a los actores para que cooperen si cooperar es subóptimo. La buena fe es insuficiente cuando la estructura de incentivos castiga la moderación.
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No podemos apelar al patriotismo si el patriotismo no paga las cuentas políticas. Los convencionales que cedieron en 2022 perdieron legitimidad ante sus bases. Los que maximizaron mantuvieron capital político para la siguiente ronda.
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No podemos confiar en que la razón prevalecerá si la razón no es ESS. Las estrategias racionales individuales producen irracionalidad colectiva cuando las reglas del juego están mal diseñadas.
Lo único que funciona es cambiar las reglas del juego para que los incentivos individuales se alineen con resultados colectivos deseables. Esto no es ingeniería social utópica. Es reconocer que las instituciones, como los fenotipos biológicos, evolucionan por selección. Y la selección favorece lo que replica, no necesariamente lo que funciona.
VI. Más allá de Chile: constituciones como experimentos evolutivos
El doble rechazo chileno es laboratorio natural para entender por qué las reformas institucionales fallan en toda América Latina. No porque seamos culturalmente incapaces de cooperar (el mito culturalista que absuelve el mal diseño institucional), sino porque diseñamos instituciones que premian el conflicto y castigan la cooperación.
Chile votó dos veces con participación superior al 84%. Argentina convive con 24 constituciones provinciales en distintos estados evolutivos. Uruguay reformó su Constitución cinco veces sin trauma. Brasil la enmendó 107 veces en 36 años. Cada país experimenta con su propio laboratorio institucional.
Pero todos enfrentan la misma pregunta de fondo: ¿cómo diseñar instituciones donde hacer lo correcto sea también lo rentable?
La teoría evolutiva no tiene respuestas mágicas. Solo una advertencia: las instituciones que ignoran los incentivos terminan siendo ignoradas por los actores. Y cuando eso pasa, el texto constitucional más bello del mundo vale tanto como el papel en que está impreso.
VII. Cierre: el equilibrio que no queríamos
Chile votó dos veces contra el maximalismo. No contra contenidos específicos de izquierda o derecha, sino contra la lógica de «si ganamos, imponemos nuestra visión completa sin límites». La ciudadanía rechazó esa estrategia dos veces consecutivas. Pero los actores políticos no han internalizado la lección porque el sistema de incentivos no cambió.
Conjetura basada en precedentes históricos: Un tercer intento constituyente fracasará si replica el diseño institucional de 2021-2023. No porque los chilenos sean irracionales o incapaces de consenso, sino porque las reglas del juego seguirán haciendo que maximizar sea más rentable que cooperar.
El doble rechazo no fue accidente. Fue equilibrio. Y los equilibrios, por definición, solo cambian cuando cambian las fuerzas que los sostienen.
La paradoja final: todos los actores actuaron con buena fe dentro de reglas democráticas impecables. Y precisamente por eso, produjeron el resultado que nadie quería. Las constituciones, como los fenotipos extendidos, no reflejan intenciones sino presiones selectivas. Y Chile, en 2022 y 2023, seleccionó contra el cambio.
Quizás la lección más dura es esta: la buena fe no basta, las buenas intenciones no bastan, el mandato popular mayoritario no basta. Las instituciones son tecnologías sociales que funcionan o no funcionan independientemente de cuánto las deseemos. Y cuando fallan dos veces seguidas por las mismas razones estructurales, el problema no está en los actores. Está en el diseño.
Entre el maximalismo progresista de 2022 y el conservador de 2023 quedó visible un espacio vacío: el centro político que nadie habitó porque habitar el centro en tiempos polarizados es la estrategia más costosa de todas. Pero ese espacio vacío no es ausencia de voluntad política. Es ausencia de arquitectura institucional que haga rentable ocuparlo.
Chile decidirá si hay un tercer intento. Argentina seguirá conviviendo con sus 24 constituciones provinciales, algunas funcionales y otras frustrantes, aprendiendo de experimentos que nunca terminan. Uruguay continuará reformando incrementalmente sin traumas existenciales. Brasil seguirá enmendando sin refundar.
Cada país replica su propio fenotipo institucional. Pero todos enfrentan la misma verdad evolutiva: las instituciones que sobreviven no son las más justas, ni las más sabias, ni las más democráticas. Son las que crean incentivos compatibles con su propia replicación.
Y cuando olvidan esa lección, el sistema las rechaza. Dos veces si es necesario. Sesenta y dos por ciento la primera vez, cincuenta y seis la segunda. Con participación masiva. Con reglas impecables. Con buena fe de todos los actores.
El doble rechazo chileno no demostró que las constituciones sean imposibles. Demostró que son más difíciles de lo que creíamos. Y que la buena fe, sin diseño institucional inteligente, produce los fracasos más dolorosos: aquellos que nadie quería pero todos contribuyeron a construir.
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Bibliografía
Teoría evolutiva aplicada a instituciones:
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Dawkins, Richard (1976). The Selfish Gene. Oxford University Press.
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Dawkins, Richard (1982). The Extended Phenotype. Oxford University Press.
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Maynard Smith, John & Price, George R. (1973). “The Logic of Animal Conflict”. Nature, 246.
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