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Internacional

Derecho Constitucional — Hungría

Comisión de Venecia: el rol de la supervisión externa en la restauración del Estado de derecho húngaro

Tras la victoria electoral de Péter Magyar en abril de 2026, la Comisión de Venecia se perfila como un actor clave para asesorar reformas constitucionales en Hungría, con base en 27 opiniones críticas acumuladas durante el régimen de Orbán.

Por Redacción·18 de junio de 2026
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La Comisión de Venecia emerge como un instrumento potencialmente decisivo para guiar las transformaciones institucionales que enfrenta Hungría tras la victoria electoral del TISZA Party bajo el liderazgo de Péter Magyar el 12 de abril de 2026. Con una mayoría de dos tercios en el Parlamento, el nuevo gobierno dispone de poder legislativo prácticamente ilimitado, pero se enfrenta al desafío de traducir sus compromisos reformistas en cambios efectivos que restablezcan el Estado de derecho tras años de retroceso institucional.

Durante el régimen de Orbán, la Comisión de Venecia funcionó como lo que el análisis denomina un "amigo incómodo": rechazada por su postura crítica hacia las reformas autoritarias, pero valorada como guardiana de los estándares democráticos europeos. En ese período adoptó 27 opiniones que evaluaron críticamente reformas constitucionales, cambios en los sistemas de justicia, leyes electorales, normativas sobre educación, medios de comunicación y disposiciones ideológicas sobre influencia extranjera, derechos LGBTI e inmigración.

La Comisión de Venecia no actúa de oficio, sino por solicitud de autoridades internas o del Parlamento de la Asamblea del Consejo de Europa. Su poder radica en que, aunque sus opiniones no son vinculantes, pueden integrarse en jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos o en procesos de cumplimiento de la Unión Europea, transformándose así en "derecho duro".

El análisis subraya que toda restauración del Estado de derecho implica dilemas entre seguridad jurídica y medidas transformadoras efectivas. La Comisión ha establecido principios para guiar este proceso: las reformas deben basarse en un diagnóstico comprehensivo de las causas del retroceso; se requieren planes a corto y largo plazo; debe asegurarse compatibilidad con obligaciones internacionales y con la Constitución, y la proporcionalidad de las medidas es fundamental. Las intervenciones más radicales, como la remoción de magistrados, pueden socavar la credibilidad institucional si no se justifican con cuidado.

La experiencia de Polonia bajo el gobierno de Donald Tusk ofrece comparaciones valiosas, aunque las diferencias persisten: mientras que el régimen de Orbán adoptó una nueva constitución, el anterior gobierno polaco reinterpretó disposiciones constitucionales sin cambiar el texto fundacional.

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