
Opinión
Cuando la casa pierde, el software “falla”
El litigio radicado en los tribunales de Viña del Mar por un premio de $3.816 millones no pagado por el Casino Enjoy es mucho más que una millonaria disputa contractual; es un test de estrés para nuestra arquitectura jurídica. Bajo el pretexto de un "error de sistema", nos enfrentamos a una tesis que pretende subordinar la fuerza obligatoria del contrato a la opacidad de un código fuente. Si el azar solo es válido cuando favorece al deudor, estamos ante el fin del contrato aleatorio y el nacimiento de una peligrosa inmunidad tecnológica.
06 de marzo de 2026