
Lo organizó mi esposa
Los viajes del ministro de la Corte Suprema Diego Simpertigue junto a abogados hoy formalizados reabren un patrón histórico de corrupción en Chile: cuando el poder es cuestionado, la responsabilidad se desplaza hacia mujeres del entorno —esposas, secretarias o socias— que operan como pantallas funcionales al encubrimiento. Más que un episodio aislado, el caso evidencia una práctica reiterada en la política, el empresariado y el Poder Judicial, que erosiona la rendición de cuentas, perpetúa la impunidad y reproduce una lógica patriarcal profundamente arraigada en las élites.
15 de diciembre de 2025
