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Académicos destacados

Homenaje en vida a un maestro del pensamiento jurídico y político chileno

Mario Arnello Romo, una vida centenaria al servicio de Chile, por José Ignacio Vásquez Márquez

Con ocasión de cumplir cien años el 25 de diciembre, se rinde un homenaje intelectual y cívico a Mario Arnello Romo, destacando una trayectoria excepcional marcada por la coherencia entre pensamiento y acción, su aporte decisivo al derecho público, la docencia universitaria, la vida parlamentaria y diplomática, así como un patriotismo reflexivo y permanente que ha orientado su servicio a Chile durante más de siete décadas.

Por Elke von Loebenstein·30 de diciembre de 2025·15 min de lectura
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Introducción

El 25 de diciembre recién pasado, fecha cargada de simbolismo espiritual propio de la Navidad, el maestro Mario Arnello Romo cumplió cien años de vida (nacido el 25 de diciembre de 1925). No se trata únicamente de una longevidad excepcional, sino del testimonio de una existencia intelectualmente fecunda y moralmente coherente, consagrada al servicio de Chile desde múltiples dimensiones: el pensamiento político, la docencia universitaria, la acción parlamentaria, la diplomacia, la cultura y la reflexión histórica.

A lo largo de un siglo, Arnello ha sido testigo y protagonista de los grandes dilemas nacionales, ante los cuales nunca se refugió en la comodidad del espectador. Asumió sus responsabilidades, defendió ideas porque ha sostenido siempre que la vida pública exige carácter, estudio y una noción elevada del deber y patriotismo.

Este homenaje en vida busca reconocer una trayectoria marcada por la coherencia entre pensamiento y acción, por la fidelidad a los principios fundamentales y permanentes y por una grandeza humana que se expresa sin estridencias, sino, mediante las virtudes clásicas: fortaleza, prudencia, templanza y justicia.

Vocación docente y servicio a la educación

Estudiante destacado del Instituto Nacional y presidente de su Academia Literaria que contribuyó a crear, ingresa en 1943 a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, de la que egresa en 1947. Se licenciará con una tesis sobre sindicalismo, tema que profundizará durante su doctorado en Derecho en España, donde desarrolla la investigación Sindicalismo Nacional(1953). Este trabajo no solo consolida su formación académica, sino que expresa ya una preocupación central de su pensamiento: la necesidad de articular justicia social, organización del trabajo y unidad nacional, evitando tanto el conflicto estéril como la subordinación a ideologías ajenas a la realidad chilena.

La docencia ha sido una de las expresiones más constantes y profundas del servicio de Mario Arnello Romo a Chile. Inicia su labor académica a comienzos de la década de 1950, tras una formación jurídica sólida, marcada en sus inicios por una especialización temprana en el Derecho del Trabajo y en el estudio del sindicalismo. En efecto, ejerció como profesor de Sindicalismo y Derecho del Trabajo en el Instituto de Seguridad Social, ejerciendo hasta 1956.

Ha ejercido la docencia universitaria de manera ininterrumpida por seis décadas hasta el presente. Desde 1981 es profesor titular de Derecho Internacional Público en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, disciplina desde la cual forma generaciones de estudiantes en el estudio riguroso del orden jurídico internacional, la soberanía del Estado y las relaciones entre las naciones. Junto a ello, imparte cursos especializados sobre las Fronteras de Chile, abordando con profundidad histórica y jurídica los límites terrestres, marítimos y australes del país.

Una dimensión particularmente relevante de su docencia e investigación es su dedicación al estudio de la Antártica. Posee un conocimiento exhaustivo del régimen jurídico antártico, tanto en sus aspectos internacionales como en su regulación nacional, y ha dedicado artículos, conferencias e investigaciones al análisis de la soberanía chilena en el territorio antártico, su proyección histórica y su encuadre en el derecho internacional vigente.

Sus trabajos sobre geopolítica, derecho internacional, océanos, continente Antártico y fronteras, reflejan una comprensión integral del territorio nacional y una constante preocupación por la defensa jurídica y estratégica de los intereses permanentes de Chile.

Actividad política y parlamentaria

Mario Arnello Romo ha entendido la política como una forma elevada de servicio público y una responsabilidad moral frente a la nación. En su desempeño como diputado por Santiago entre 1969 y 1973, ejerció la función parlamentaria con rigor jurídico, estudio sistemático, una constante preocupación por el fortalecimiento del Estado de Derecho y sobre todo con absoluta responsabilidad de la función representativa de servicio al pueblo que lo eligió.

Su labor legislativa se orientó de manera prioritaria a la defensa de las libertades públicas y de los derechos fundamentales. En este marco, impulsa iniciativas destinadas a dotar al orden constitucional de mecanismos eficaces de protección de las personas frente a actos arbitrarios de la autoridad, destacando su aporte decisivo a la consagración del recurso de protección de derechos fundamentales, instituto que con el tiempo se consolidaría en la actual Constitución, como una de las herramientas más relevantes del sistema jurídico chileno y de garantía de los derechos fundamentales.

Asimismo participó activamente en proyectos vinculados al derecho del trabajo, al fortalecimiento de la institucionalidad pública y a la defensa del principio de legalidad, coherente con su temprana formación como abogado laboralista y con su convicción de que la autoridad solo es legítima cuando se ejerce dentro de la ley y la Constitución.

En el ámbito de la fiscalización parlamentaria, asumió un rol activo y responsable, convencido de que el control político es una función esencial para resguardar la institucionalidad democrática y evitar la erosión del orden constitucional.

Servicio diplomático y representación de Chile

La dimensión internacionalista de Mario Arnello Romo constituyó uno de los aspectos más relevantes de su aporte al país. Su formación y práctica en el Derecho Internacional Público, unida a su reflexión geopolítica y a su comprensión histórica del Estado, le permite concebir la política exterior como una extensión natural del ser nacional.

Ejerció como embajador de Chile en dos Asambleas Generales de las Naciones Unidas, y en la V Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, OEA, entre 1974 y 1975. Durante esos años, también, fue ministro plenipotenciario en la Conferencia de Costa Rica para la modificación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y fue enviado especial del Presidente de la República a Colombia y Ecuador. En sus funciones diplomáticas ante organismos internacionales, actuó con la convicción de que el país debe ocupar un lugar respetable y activo en el concierto hispanoamericano e internacional.

Mario Arnello sostiene que Chile no está llamado a una presencia menor o subordinada, sino a ejercer una vocación de potencia acorde con su historia, su territorio, su proyección oceánica y tricontinental, su responsabilidad cultural y dar a Chile una unidad de destino en lo universal.

Desde esta perspectiva, ha defendido una política exterior fundada en la soberanía, la dignidad nacional y el respeto al derecho internacional, promoviendo una inserción internacional que combine firmeza en los principios con capacidad de diálogo y cooperación. Su posición o perspectiva nacionalista en materia de geopolítica y relaciones internacionales nacionalista se puede encontrar en su ensayo “Juridicidad: desafíos y tendencias del siglo XXI. Encrucijada al derecho internacional y al estado de derecho interno” (2012).

Su actuación diplomática contribuyó a consolidar una imagen de Chile como Estado serio, jurídicamente sólido y consciente de su papel en el sistema internacional. Su internacionalismo no es abstracto ni ideológico. Está enraizado en la tradición hispanoamericana, en la comunidad cultural iberoamericana y en la convicción de que solo los países que se respetan a sí mismos

pueden ser respetados por los demás. En este sentido, su aporte trasciende los cargos ejercidos y se proyecta como una visión permanente sobre el lugar de Chile en el mundo.

Patriotismo y pensamiento nacionalista

El patriotismo de Mario Arnello Romo se expresa reflexiva, intelectual y profundamente enraizado en la historia de Chile. No es una emoción episódica ni una consigna circunstancial, sino una convicción sostenida que informa su pensamiento y su acción pública, afincado en las ideas portalianas y pensadores tales como Francisco Antonio Encina, Alberto Edwards, Nicolás Palacios. Para Arnello, la patria es una realidad histórica, cultural y espiritual que impone deberes y responsabilidades permanentes.

Desde los años 50 del siglo pasados se vincula a los movimientos nacionalistas que se constituyen en esa época. Primero, junto a Arturo Fontaine Aldunate, Gonzalo Vial y Ricardo Rivadeneira, se incorpora a la redacción del periódico político nacionalista “MAS”. En esa época ingresa al Movimiento Nacionalista de Chile, dirigido por Guillermo Izquierdo Araya. Posteriormente pasa a la Unión Nacionalista cuyo primer presidente fue el filósofo Juan Gómez Millas. Más adelante, influido por Jorge Prat, ingresa a la revista “Estanquero” y, años después, funda con éste el Movimiento Acción Nacional.

La revista Estanquero y la batalla cultural

La participación de Mario Arnello Romo en la revista Estanqueroconstituyó un espacio privilegiado de combate intelectual y de elaboración doctrinaria. En sus páginas, junto a Jorge Prat, Gonzalo Vial, Arturo Fontaine, Ricardo Rivadeneira y otros colaboradores, desarrolló una crítica sistemática al formalismo democrático, al partidismo estéril y a la penetración de ideologías ajenas a la tradición nacional.

En Estanquero, Arnello desplegó un estilo sobrio y argumentativo, evitando el panfleto fácil y privilegiando el análisis de fondo. Sus artículos abordaron temas como la crisis de autoridad, la necesidad de un Estado fuerte y responsable, la defensa de la clase media y la afirmación del sentido nacional frente al internacionalismo ideológico.

Esta labor intelectual no fue marginal ni meramente periodística. Formó parte de una auténtica batalla cultural, orientada a influir en las ideas, en la formación de cuadros políticos y en la conciencia pública, anticipando debates que marcarían la vida nacional en las décadas siguientes.

En 1963, en las postrimerías del gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez, Mario Arnello funda junto a Sergio Onofre Jarpa el Movimiento de Acción Nacional, liderado por Jorge Prat Echaurren y que pretendía ser la plataforma para la candidatura de éste a la presidencia en 1964.

Capítulo central de la vida política e intelectual de Mario Arnello Romo fue su estrecha colaboración con Jorge Prat. Más que una alianza circunstancial, se trató de una comunidad de pensamiento y de propósito, orientada a la construcción de un nacionalismo chileno moderno, con raíces históricas profundas y proyección hacia el futuro.

Arnello reconoció en Jorge Prat a uno de los pensadores políticos más lúcidos de su generación. En su libro Proceso a una democracia, dedicado al pensamiento político de Prat, destacó su capacidad para diagnosticar la crisis del régimen partidista chileno y su llamado a reconstruir la democracia sobre bases de autoridad, responsabilidad y bien común. Valoró en Prat la combinación poco habitual de rigor intelectual, coraje cívico y visión histórica.

Esa cooperación entre ambos se expresó también en la acción política concreta. Arnello fue coordinador general de la candidatura presidencial de Jorge Prat en 1964 y participó activamente en los esfuerzos por articular un movimiento nacional que superara la fragmentación partidista y recuperara el sentido de Estado.

Posteriormente en 1966, Mario Arnello, desde la posición nacionalista, sería el principal ideólogo en la redacción de los Fundamentos Doctrinarios y Programáticos del nuevo Partido Nacional, surgido de la disolución de los partidos tradicionales y de cuño parlamentario de la derecha: el conservador y el liberal.

Perfilando este rol de ideólogo de una nueva derecha nacionalista, en las postrimerías de la década del 60 fue redactor de las revistas “Qué Pasa” y “Portada”. Asimismo, entre 1966 y 1967 se desempeñó como comentarista político en radio y televisión.

Su aporte al pensamiento nacionalista chileno se expresa de manera particularmente sistemática en su texto Chile, un nacionalismo que mira hacia la universalidad. En él afirma con claridad que *“Chile es una nación, cabal y definitiva”,*y que su ser nacional “no es una circunstancia transitoria ni el resultado fortuito de aconteceres políticos, sino una unidad esencial del espíritu, la cultura y la voluntad creadora”.

Desde esta perspectiva, el nacionalismo que propone no es excluyente ni defensivo. Por el contrario, sostiene que “*ser nacionalista no significa empequeñecer la visión, ni ignorar el ámbito universal que el mundo contemporáneo plantea”,*sino que constituye la condición necesaria para una auténtica apertura al mundo afincado en su propia identidad nacional. Chile, señala Arnello, solo puede proyectarse universalmente cuando se reencuentre consigo mismo y afirme su identidad histórica.

En esta concepción, el nacionalismo aparece como una verdadera doctrina de la patria: un ordenamiento de valores, una ética de la conducta pública y un espíritu de servicio orientados a la afirmación de la chilenidad. Advierte, asimismo, sobre los riesgos del “colonialismo mental” y de las ideologías extranjerizantes, afirmando que “una nación pesa si es unidad vigorosa, y se despedaza cuando pierde su unidad”.

Este pensamiento, lejos de quedar circunscrito al plano teórico, orienta su comprensión del Estado, de la política y del derecho, y se ha proyectado de manera coherente en su labor docente, parlamentaria y diplomática, lo que se ve refrendado a lo largo de sus 100 años de vida.

Cultura, historia e identidad nacional

La preocupación por la cultura y la historia de Chile atraviesa toda la vida y la obra de Mario Arnello Romo. Convencido de que un país sin memoria carece de futuro, dedicó importantes esfuerzos a la preservación y difusión del patrimonio nacional.

Su labor al frente de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos respondió a la convicción de que la cultura no es un adorno, sino un elemento constitutivo de la identidad nacional. Para Arnello, la historia es maestra de identidad y responsabilidad. En sus palabras, “un pueblo que renuncia a su tradición queda a merced de la improvisación y del olvido de sí mismo”.

Chile del futuro: visión estratégica y cultural

La reflexión sobre el Chile del futuro ocupa un lugar central en la trayectoria intelectual viva de Mario Arnello Romo. Lejos de una mirada tecnocrática o meramente economicista, su propuesta integra territorio, cultura, desarrollo y proyección internacional, siempre desde una perspectiva histórica.

Arnello ha sostenido que el desarrollo nacional carece de sentido si no se apoya en una conciencia nacional sólida. En sus exposiciones sobre el Proyecto Chile Futuro insistió en que el país debía pensarse a largo plazo, reconociendo su vocación oceánica, su condición austral y su responsabilidad en el Pacífico y la Antártica. “El destino oceánico de Chile—señaló— no es una opción: es un imperativo de la geografía, de la historia y de la voluntad creadora del pueblo chileno”.

Su visión anticipó debates que décadas más tarde adquirirían centralidad: la importancia estratégica del mar, la proyección antártica, la integración territorial y el vínculo entre ciencia, cultura y soberanía. Para Arnello, el futuro no se improvisa; se construye desde la fidelidad al ser nacional.

Integridad personal y grandeza humana

Más allá de los cargos y las obras, la figura de Mario Arnello Romo se distingue por su integridad personal, plenamente vigente. A lo largo de su vida mantuvo una coherencia poco frecuente entre pensamiento y acción, entre convicciones intelectuales y conducta pública.

Su sobriedad, su respeto por la verdad y su sentido del deber marcaron su trato personal y profesional. Supo ejercer la autoridad sin arrogancia y defender sus ideas sin descalificar al adversario. En palabras de quienes lo conocieron de cerca, su vida pública estuvo guiada por una “insobornable rectitud doctrinaria”.

La grandeza humana de Mario Arnello Romo se manifiesta en su fidelidad a principios simples y exigentes: amor por Chile, a su tierra y su pueblo, respeto por el derecho, vocación de servicio público, patriotismo y confianza en la historia. A los cien años, su vida constituye una lección perdurable sobre lo que significa servir a la patria con honor.

La edad, la experiencia y la dignidad en la vida académica

La trayectoria viva de Mario Arnello Romo pone de relieve una cuestión de principio que trasciende su persona y alcanza a la vida académica nacional. La existencia de normas que imponen arbitrariamente un límite etario rígido —como la fijación de los 75 años para el ejercicio de la docencia en universidades estatales— desconoce una realidad elemental: la inteligencia, la experiencia y el conocimiento no caducan por decreto; el valioso aporte intelectual desde la experiencia vital y la acumulación de conocimientos no pueden ser clausurados porque priva de ellas a la formación de las generaciones universitarias.

El caso de Arnello, ejerciendo la docencia hasta ahora, demuestra que la edad avanzada no es sinónimo de declive intelectual. Por el contrario, en determinadas trayectorias constituye un capital público de valor excepcional. Descartar a docentes por una edad arbitraria implica una falta de consideración hacia la dignidad de las personas, y priva a las instituciones de un acervo insustituible de juicio, memoria histórica y rigor formativo.

Una universidad que renuncia a sus maestros más experimentados empobrece su misión. La evaluación del desempeño académico debe fundarse en la calidad del aporte efectivo —intelectual, docente y formativo— y no en umbrales etarios o un productivismo formal que ignoran la diversidad de trayectorias y vocaciones. La experiencia de Mario Arnello Romo invita, así, a una reflexión institucional seria sobre el valor del mérito, la continuidad del magisterio y el respeto debido a quienes han dedicado su vida a la formación de generaciones.

Testimonios y reconocimientos de terceros

La trayectoria de Mario Arnello Romo ha sido reconocida a lo largo de las décadas por contemporáneos de distintas sensibilidades políticas e intelectuales. Estos testimonios no solo confirman la consistencia de su pensamiento, sino también la dimensión humana de su figura.

Jorge Alessandri Rodríguez valoró especialmente la altura intelectual de su reflexión política, señalando que su pensamiento, “inspirado en su patriotismo, mira con altura la realidad y los problemas de Chile”, destacando además la limpieza y generosidad del camino que proponía para rectificar la política nacional y restablecer gobiernos eficaces al servicio del país.

Otros testimonios, provenientes de independientes y dirigentes gremiales, subrayaron su serenidad, su espíritu de justicia y su “insobornable rectitud doctrinaria”, virtudes poco frecuentes en la política activa y que le permitieron mantener una distancia moral frente a la contingencia y al poder nacional. Recientemente sus antiguos colegas del Partido Nacional recordaban que Arnello “cumple cien años de vida. De ellos, setenta y cinco destinados al cuidado de los valores morales y principios nacionales de nuestro país”.

Estos juicios, formulados en distintos momentos de su vida pública, coinciden en destacar una misma constante: la coherencia entre ideas, conducta y servicio, que hacen de Mario Arnello una figura respetada más allá de las legítimas discrepancias políticas, anteponiendo la amistad cívica.

Conclusión: una figura ejemplar para Chile

Al arribar a los cien años de vida, Mario Arnello Romo se proyecta con nitidez como una figura ejemplar de la historia republicana chilena. Su trayectoria intelectual, docente, política y humana no se agota en el recuento de cargos o realizaciones concretas, sino que adquiere su verdadero sentido en la coherencia profunda entre lo que piensa, lo que enseña y la forma en que ha servido a Chile a lo largo de décadas y desde posiciones públicas diversas.

Arnello encarna una idea exigente de patriotismo: no como consigna ni como refugio retórico, sino como lealtad activa a la nación, a su historia, a su cultura y a su destino. Su vida demuestra que el amor a la patria se expresa en el estudio riguroso, en la responsabilidad pública, en la defensa del derecho, en la transmisión del conocimiento y en la fidelidad a principios que no se transan con la coyuntura, sino, que se sostienen siempre, aún en tiempos difíciles.

Para las generaciones presentes, su ejemplo recuerda que la vida pública exige vocación, carácter y una comprensión histórica del país que se sirve. Para las generaciones futuras, su obra intelectual y su magisterio permanecen como una invitación a pensar Chile con profundidad, a proyectarlo con sentido universal y a asumir que la nación no es una herencia pasiva, sino una tarea permanente.

En Mario Arnello Romo, Chile debe reconocer a un patriota ejemplar, a un servidor público en el sentido más alto del término y a un maestro cuya vida confirma que la grandeza de un país se construye cada día, con inteligencia, voluntad, integridad y amor por la patria.

José Ignacio Vásquez Márquez es profesor de Derecho Constitucional y Ciencia Política de la Universidad de Chile y Exministro del Tribunal Constitucional.

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